miércoles, 5 de noviembre de 2014

Aceptando la Realidad

Nos preguntamos “¿quién me he creído para ser brillante,  espléndido, talentoso, sensacional?”, pero en realidad, ¿quiénes nos hemos creído para no serlo?
Marianne Williamson


Se recomienda leer previamente de los capítulos 276, 276, 277 y 278


PREGUNTAS:
  • ¿Qué haces para tratar de desorganizar los diseños pedagógicos de los Maestros de la Ley Universal?
  • ¿Cuál ha sido tu experiencia con estos intentos?
  • ¿Qué tendrías que aceptar previamente, para no afrontar situaciones muy difíciles en tu vida?
Para aclarar lo de la primera pregunta, los diseños pedagógicos de los Maestros de la Ley Universal están impresos en los destinos que cada uno de nosotros trae al nacer. El destino es un diseño pedagógico mediante el cual vamos a desarrollar la sabiduría a través de experiencias directas con la vida; por supuesto, son excelentes oportunidades.  Cuando yo no acepto los destinos de los demás o no acepto mis propios destinos, lo que intento es desorganizar un diseño pedagógico que es perfecto para el universo y para ti, pero si no lo sabes y no lo aceptas, haces algo. ¿Qué es lo que haces?


El universo tiene tres aspectos fundamentales:  


Creación: Es  la función de Dios.
Administración: Es la función de los Maestros.
Pedagogía: Es también la función de los Maestros de Ley.


Los Maestros Administradores administran el universo, los de Ley administran la Pedagogía y nosotros, con respecto al universo, somos los Hijos de Dios que estamos dentro del proceso pedagógico de los Maestros de Ley del Universo.


Un proceso pedagógico es exactamente lo mismo para un ser humano, dentro de su personalidad, como lo es para una conciencia divina dentro del orden del universo. Es decir, los procesos pedagógicos son una serie de ejercicios mal llamados problemas mediante los cuales vamos desarrollando la comprensión y la habilidad para reconocer el orden perfecto de algo.


La pedagogía del hombre está dirigida a la personalidad, la pedagogía de Dios está dirigida a la consciencia. Por lo tanto, como no hemos reconocido la consciencia entonces nosotros suponemos que la pedagogía es solamente para la personalidad (esa es la del hombre). Pero la de Dios, regida por sus Leyes, va dirigida al proceso del desarrollo de consciencia espiritual. Por lo tanto está regida es por Leyes Superiores. Cuando no conocemos esto, tratamos de desorganizar el diseño porque yo no lo entiendo. Es como cuando a un niño el profesor le coloca un problema, mal llamado problema, pero el niño, como no sabe resolverlo podría tomar estas opciones: “Profesor, por favor póngame un ejercicio que yo sepa hacer...” ¿Qué es lo que está pidiendo? Está pidiendo no hacer nada nuevo. Eso es lo mismo que cuando yo le digo a Dios, “Mire, por favor Dios, no me dé problemas, deme cosas que me guste hacer”...   Es lo mismo que decirle al profesor, “Mire, póngame un ejercicio que yo sepa resolver...” En ambos casos,  el profesor te va a decir, “Con eso no aprendes nada”. Esa es una opción. La otra opción es que me ponen el ejercicio pero yo, en vez de resolverlo, llamo a otro para que lo haga por mí. Eso es pedir lo que no necesito.


Hay una opción más y es que yo diga, “Quiero la oportunidad de aprender algo nuevo”, y me ponga a resolverlo. Y si no he entendido, le pregunto otra vez al profesor, “Explíqueme otra vez”. Esos son los diseños pedagógicos del universo.


¿Qué es lo que haces para tratar de desorganizar los diseños pedagógicos de la Ley Universal?

No aceptamos la realidad y tratamos de impedir las experiencias de los demás.


 Cuando estás sufriendo, ¿qué síntomas tienes?



« ¡LA ÚNICA CAUSA DEL SUFRIMIENTO ES LA INCAPACIDAD DE ACEPTAR LO QUE SUCEDE! »

Cómo RECONOCER algunas formas que toma la no aceptación:


Reconozco que experimento:
Esto es lo que no estoy aceptando:

Rechazo a la Vida

La oportunidad de aprendizaje que ofrecen las dificultades

Sobreprotección

La experiencia de destino y misión que cada persona trae

Perfeccionismo

Que existen diferentes formas de organización y manejo

Preocupación

Que puedo perder algo que ya no necesito

Fanatismo

Otras formas, caminos, creencias, opciones diferentes a las mías

Mal Genio

Lo que otros hacen o dicen, o lo que está sucediendo

Ganas de Condenar

Comportamientos y actitudes diferentes a los míos

Rebeldía

La necesidad de adaptarme al medio que me correspondió

Angustia

Que perdiendo algo, puedo vivir de otra manera

Tristeza

La experiencia y comportamientos de otros

Ganas de Criticar

Las costumbres, ideas y decisiones de los demás

Rencor

Que los demás no tienen la culpa de mis propias experiencias

Ganas de Juzgar

Que cada quien hace lo correspondiente con lo mejor que sabe

Apegos

Que nada ni nadie me pertenece y que siempre tengo todo lo necesario

Estrés

Que las cosas pueden salir de otra manera y solo doy lo que puedo

Miedo

La posibilidad de perder lo que tengo, o de no lograr lo que quiero

Celos

Que no soy dueño de nadie y que solo el amor puede unirnos

Culpa

Que yo no tengo la culpa de las experiencias de los demás

Enfermedad

Que el problema no está en mi cuerpo sino en mi mente


Para ver la realidad, necesito verla neutra. Quiere decir que no es ni  bueno ni malo, ni peligroso ni seguro, ni feo ni bonito... simplemente es algo que está ahí. Sí, la realidad es eso, pero mi sensación interna es completamente diferente a lo que es la realidad. Entonces digo que eso es feo o bonito, o malo o bueno, etc...


Si eso es lo que está pasando en mí, es claro que en mi mente hay una dualidad. Que hay una forma de apreciar la realidad que bien puede ser positiva o negativa, cuando eso no es la realidad; esa es la situación mental interna que está evaluando lo que está relacionándose con ese mundo externo.

Ante esa primera evaluación, ¿qué es lo que no estoy aceptando cuando me siento mal? Vamos a comprender algo muy sencillo. Como ya vimos que la realidad no es cambiable, si me siento muy mal ante una situación, si la considero peligrosa o desagradable, tengo un problema en mi mente. Por supuesto, también tengo la solución en mi mente, porque lo único que necesito cambiar es la concepción mental que está evaluando la situación externa para poderla ver como es: neutra, como una oportunidad para conocerme a mí y trabajar en mi transformación.  Ese es el primer ejercicio a realizar.

Sólo aquello con lo que me siento mal, me está mostrando una limitación en mi mente para comprenderlo o para aceptarlo.

Esas situaciones se presentan necesariamente porque mientras yo estoy aprendiendo, necesito tareas, y esas tareas es lo que los profesores llaman problemas, pero el nombre correcto es: oportunidades de aprendizaje. Mientras no he aprendido lo que algo me enseña, es evidente que se repite. ¿Qué hago para que no se repita? Aprender lo que me enseña. Aprender el manejo de las siete herramientas de amor.

Imaginen el caso de un cliente cualquiera que insulta al vendedor y se va sin pagar.

Debemos aprender cositas sencillas como: “Renuncio a cambiar a esa persona, él tiene derecho”, necesito apartarme de él o ella. Si ya estoy metido dentro de la situación, tendré que hacer algo; después veo por qué fui correspondiente con esa situación. Pero si ya estoy metido ahí, no hay sino una sola cosa por hacer. Primero, necesitará la persona, si va a ser agredida, apartarse en la medida en que pueda hacerlo. Por supuesto, no ofrecerá resistencia a la persona porque se aumentará la fuerza agresiva. Entonces mantendrá la calma y aceptará a la persona como es. Si necesita hacer alguna cosa que implique fuerza, pues eso implicará llamar a las personas indicadas para ello, o sea, a la policía. Si no decides esa opción, tendrías que observar imperturbablemente lo que la persona esté haciendo y tendrías necesidad de Aceptar como se comporta. Aceptarlo como es. Tendrías necesidad de Asumir que él no tiene la culpa de que yo me sienta mal, o de que se esté rompiendo algo, o de que yo me esté desprendiendo de algo que creía que era mío. Necesito tomar una acción que podría ser: “Señor, usted tiene toda la razón en estar así de furioso”. Lo primero es neutralizarlo, porque si yo le llevo la contraria, él va a estar más furioso. Sin importar la causa por la que pudiera estar furioso... En su interior hay algo que le parecerá injusto para él, o que no comprende.

La mejor forma de neutralizar a una persona  desde amor es decirle: “Mire, usted tiene toda la razón en sentirse como se siente, nos equivocamos con usted. Por favor, perdónenos. Vamos a solucionar el problema suyo”. Eso lo calmaría bastante. Inmediatamente, porque él dirá: “Alguien me comprende”. Eso sería Actuar, la tercera herramienta.

La cuarta herramienta seria: “Voy a Agradecerle a la vida la oportunidad que me está dando de aprender con este personaje, puesto que me está dando la oportunidad de aprender a tener paz, a tener serenidad, a neutralizar”. Eso es un aprendizaje donde no resulta caro lo que se pagó por él. Estoy diciendo que si el cliente se fue sin pagar la cuenta, esa cuenta es un  valor muy pequeño frente a lo que realmente puede ser el costo de un aprendizaje. Las Universidades son costosas...

De manera que agradezco y valoro eso. Valoro que si el señor se llevó algo, o dejó de pagar la cuenta, independientemente de eso, lo que queda en el negocio es suficiente para seguir funcionando, Valoro. Y, desde luego, Respeto que el señor tiene derecho a tener una experiencia y un comportamiento, y a ver la vida como él quiera verla o como pueda verla, y me Adapto a la situación. Es decir, voy a seguir sobreviviendo a pesar del personaje.

Decirlo aquí en este momento puede ser sencillo. Frente a la situación, si yo no tengo un entrenamiento mental, quedo bloqueado. Se me olvidan las herramientas y se me olvida todo... Entonces entra el instinto, el instinto de supervivencia, y lo que hace el instinto de supervivencia es defenderse y pelear. Para que no se me conecte el instinto, yo tendría que tener muy clara mi mente y estar atento a mis pensamientos. Mientras yo no sea capaz de aceptar algo, evidentemente voy a complicar mi situación.

Pensemos en la inseguridad que se vive en muchos países en estos tiempos.

Hay dos situaciones que debemos tener muy claras en nuestras mentes: una es la de la Ley de Correspondencia, y la otra es no confundir dos cosas: lo que está sucediendo con lo que a mí me está sucediendo. Son dos cosas bien diferentes. Tenemos uno de nuestros vicios mentales, que es el de la generalización y decimos, “Lo que está sucediendo”, y yo me incluyo dentro de lo que está sucediendo... ¡No! Eso es lo que está sucediendo; a mí puede no estarme sucediendo, aunque esté dentro del mismo ambiente. Entonces aun cuando esos hechos son situaciones claras de desarmonía, también es muy claro que hay una relación directa de correspondencia entre quien ejecuta un acto y quien lo recibe... Esa situación de Ley  de Correspondencia se origina precisamente en nuestra no aceptación de algo. Es claro que la mayoría de las personas pueden no aceptar ciertas situaciones como las que estamos viendo –no viviendo en la mayoría de los casos-, en Colombia; y es claro que esa no aceptación está generando miedos, una serie de angustias, una serie de expectativas, y las personas piensan como enfrentar esa situación desde un punto de vista externo, modificando la realidad... “Bueno, entonces generemos un ejército y un frente de lucha y de defensa...”  Todo eso puede ser necesario; de hecho, los ejércitos son necesarios, las guerras son necesarias, las peleas son necesarias, las defensas son necesarias, pero la pregunta para nosotros no es esa... Eso sabemos que es necesario. La pregunta es: ¿A quién le corresponde hacer eso? Porque a alguien le corresponde...

Continuará...
Ver capítulos anteriores del Taller de Autoestima

Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 279 Volumén 2:Aceptando la Realidad

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