Carta de gratitud a los profesionales de la salud

«Es a través de conectar con otros, hacer algo significativo por ellos y traer alegría a sus Vidas que hacemos que nuestras propias Vidas importen y les demos valor y propósito. Este es el poder de la Compasión» – Thupten Jinpa, PhD.

El Amor y la Compasión son dos fuerzas muy poderosas, las dos caras de la motivación humana central de cuidar. El amor nos compromete con el cultivo de la felicidad de los seres; la compasión, con el alivio y prevención de su sufrimiento.
Ambos son motores capaces de cambiar una experiencia, pero también de movilizar el mundo y generar la posibilidad de una transformación profunda; no sólo a nivel individual, también a nivel global. Y es la oportunidad que ahora mismo tenemos entre las manos. De hecho, es lo que está sucediendo.

Nos encontramos en una circunstancia a la que en escasas ocasiones nos habíamos enfrentado. Expuestos todos, sin excepción, como humanidad. Está siendo un desafío a lo que somos y a lo que podemos llegar a ser como especie. Y esta batalla nos está ofreciendo la posibilidad única de volvernos todos aliados, de suspender y quizá acabar con nuestros “ismos”, y darnos cuenta de que el otro nunca fue realmente un enemigo. Desde esta unidad estamos teniendo la oportunidad de conectar con la esencia fundamental y bondadosa del ser humano y, también, despertar a la realidad de nuestra humanidad compartida e interdependencia. Todos estamos metidos en el mismo barco, abocados a aunar nuestros esfuerzos para que este barco se mantenga a flote y, de este modo, arribe a un puerto colmado de esperanza y salud.
Y en esta batalla contemplamos cómo se alzan heroínas y héroes. Seres humanos que, gracias al gran Amor y la Compasión que han desarrollado por su prójimo, están dando todo de sí y arriesgando la piel para sostener, aliviar, curar y prevenir el sufrimiento de otros. Y esos otros, somos todos nosotros. En estos días somo testigos veraces de los inagotables actos de generosidad y nobleza por parte del personal sanitario de todos los rincones del Mundo.

Sí, se han cerrado las fronteras físicas para limitar el contagio del COVID 19, pero las fronteras de la imaginación se están derrumbando. Nos sentimos conectados, unidos, más allá del país, la raza, la cultura, el estatus social, el idioma o cualquier otra característica arbitraria que nos pudiese separar hasta hace poco tiempo. Ahora somos invitados a ver la realidad que siempre estuvo subyacente a nuestra ilusión de existir como entes separados: todos somos uno o, como dice el maestro vietnamita Thich Nhat Hanh, Inter-somos.

Intersomos frente a una enfermedad

Nos sentimos orgullosos y profundamente agradecidos de ser guiados y cuidados por esos cientos de miles de profesionales sanitarios que, teniendo que dejar de lado tiempo valioso con sus familias, comodidades, necesidades, intereses, creencias o preferencias personales, se han implicado al mil por cien; para ofrecer el ejemplo más bello de Amor y Compasión.

Todos estos profesionales sensibles, hasta la médula de su ser, se han hermanado con el dolor de tantos y tantos, en hospitales, residencias, centros de salud y lugares improvisados. Removiendo cielos y tierra para conseguir material sanitario, habilitar espacios y camas extra, construyendo hospitales de campaña en tiempo récord, etc. Y, a través de todos estos recursos hábiles, paliar y prevenir el sufrimiento derivado del contagio exponencial que se está produciendo. Activando al máximo sus conocimientos, su sabiduría, sus energías, su valor y, sobre todo, exprimiendo el tiempo hasta el último segundo. En muchos casos, los profesionales sanitarios de todo el globo están arriesgando su propia salud por los otros, por ti y por mí en este preciso instante…

Mahatma Gandhi dijo «el Amor es la fuerza más humilde pero la más poderosa de la que dispone el ser humano». Sin duda alguna, queridos profesionales de la salud, cada una de vosotras y de vosotros estáis siendo el mejor estandarte del Amor y la Compasión. Unos magníficos referentes de la capacidad real de la compasión que tiene el ser humano. El poder que tiene para remover el enorme potencial que habita en cada ser humano y movilizarse para aliviar el sufrimiento de las personas que, ahora mismo, se encuentran en una situación vulnerable de salud.
Conscientes, también, de que en cualquier momento, podemos ser cada uno de los que ahora guardamos confinamiento en nuestras casas.

Algunos podemos encontrarnos pensando que es muy duro permanecer encerrados sin salir de casa durante esta cuarentena. Si es tu caso, una sugerencia. Tómate un momento y conecta con el hecho cierto de que es mucho más doloroso encontrarte aisalado en un hospital, enfermo y sin que nadie te pueda visitar. Es mucho más duro pasar jornadas de doce y catorce horas trabajando sin descanso para intentar aliviar el sufrimiento de muchos. Es mucho más duro enfrentar la perspectiva de morir sin tener tu familia a tu lado. Es más duro estar en los zapatos del médico que, por el desborde del sistema, se ve en la terrible situación de tener que elegir qué paciente crítico se prioriza. Sin apenas ver a tus seres queridos, descansar en tu casa, o hacer actividades cotidianas. Lo mínimo que podemos hacer para aportar, es ser muy estrictos en quedarnos en nuestra casa si tenemos la suerte de poder hacerlo, y ayudar así a no desbordar aún más los ya saturados (o por saturarse) servicios de salud, y de paso usar la oportunidad para meditar sobre lo realmente importante y hacer los cambios que nos ayuden a atravesar mejor las pérdidas y adaptaciones que sin duda necesitaremos hacer a nuestras vidas como personas, como comunidades y como humanidad.

Por eso, queridos profesionales sanitarios, podéis estar seguros de que vuestro esfuerzo y sufrimiento no está siendo en vano. Cada minuto extra, la extenuación por la que estáis transitando estas semanas, el exponeros valientemente a enfermar, la postergación de vuestra vida fuera de los hospitales y centros de salud, sin duda, tiene un valor incalculable. No se puede medir en modo alguno. Va más allá de cualquier palabra que, como sociedad, os podamos expresar.
Sentimos, más que nunca, que la llama de la compasión está ardiendo en vuestros corazones para aliviar el sufrimiento de los seres. Por todo esto queremos deciros…

Muchas gracias.

Y lo repetiremos muchas veces mientras dure todo esto…

Muchas gracias, queridos profesionales sanitarios.

Muchas gracias…

Desde todos los rincones de este Planeta sentimos una gratitud muy profunda. Vuestro ejemplo incondicional ha conmovido nuestros corazones. Ahora podemos tomar conciencia de que todos somos UNO. Gracias por recordárnoslo.
Beti Fernández, Gonzalo Brito y todos quienes quieran sumarse a esta carta de gratitud.

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Fuente: Cultivarlamente.com