No siempre el no llamar, el no escribir, el no estar… significa no extrañar

Solemos pensar que todos los sentimientos deben ir seguidos de acciones que de una u otra forma los demuestren, sin embargo, muchas veces los sentimientos pueden ser tan intensos y en paralelo, podemos sentir esa necesidad de protección que nos impida ejecutar cualquier acción que nos coloque en una situación de riesgo.
Bien sea porque ya hemos dado demasiado, porque hemos resultado lo suficientemente lastimados o simplemente porque sentimos que un lugar no nos corresponde, podemos decidir tomar todo aquello que sentimos y ponerlo en resguardo, que no se no note, que no se asome, que quien nos interese pueda asumir que ya no existe.
Podemos extrañar intensamente, podemos desear estar, podemos escribir un mensaje mil veces sin tener el valor de enviarlo, solo con la intención de salvaguardar nuestra integridad. El protegernos a nosotros mismos es nuestra responsabilidad, pero también debemos aprender a distinguir cuándo estamos siendo movidos por nuestro amor propio y cuándo lo estamos haciendo por orgullo.
El acercarnos a donde sabemos o asumimos que saldremos lastimados, nos hace adoptar una predisposición que muy probablemente determine un desenlace particular. Si sabemos que nos vamos a quemar, ¿por qué arriesgarnos a pasar por ese aro? Pero si algo nos dice que debemos intentarlo, porque sentimos que aún no es el final, que no sea el miedo lo que nos limite a manifestarnos.

Ciertamente nadie quiere sufrir, el amor puede hacer sufrir, porque el proceso de engranar dos vidas completamente diferentes no es para nada sencillo. Todos estamos en riesgo de enamorarnos de quien no nos ama, de desilusionarnos, de ser traicionados, de ser el plan B de alguien, de ser maltratados o malqueridos, pero eso no debe quitarnos las ganas de seguir y en especial de confiar en el amor.

No aseguremos lo que no está a nuestro alcance, nadie puede leer con total fidelidad las acciones de alguien más. Difícilmente estamos en capacidad de descifrarnos a nosotros mismos y por lo general somos capaces de asumir e interpretar las acciones de otros.

El hecho de no contar con esa llamada, con esa compañía, con esas líneas no significa necesariamente que estamos fuera de los pensamientos y sentimientos de esa persona. Si nosotros no hemos dado motivos evidentes para alejarse, podemos al menos aceptar que esa persona se encuentra en proceso personal, en el cual quizás no debemos participar.
La distancia es buena consejera, cuando no idealizamos podemos ver realidades donde solo había existido una ilusión. Démonos a nosotros mismos el espacio y el tiempo que consideremos necesarios para participar o sencillamente ampliar esa distancia, pero sin que nos pese. Y aceptemos que lo que concluyamos de alguien más independientemente de nuestros patrones y creencias, solo será una conjetura y no necesariamente se alineará a lo que otra persona en realidad siente. Demostrar amor nos hace vulnerables y más aún cuando tenemos argumentos para no demostrar cuánto extrañamos. Sea como sea aprendamos a canalizar los sentimientos, para que la ausencia y el silencio no nos quiebren por dentro.
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Autor: Sara Espejo
Vía:  Rincón del Tibet.com

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