Oráculo Osho Zen

El zen vive en el presente. Toda su enseñanza trata de cómo estar en el presente, de cómo salir del pasado, que ya no es, y de cómo no implicarse en el futuro, que todavía no es, estando enraizado, centrado, en lo que es.
El día de hoy el oráculo de Osho te trae tres mensajes de transformación. Solo debes escoger una de las tres opciones y a continuación encontrar su maravillosa sabiduría.

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1.- DEJANDO IR EL CONOCIMIENTO

La visión obsesionante de Naropa

La verdad es tu propia experiencia, tu propia visión. Aunque yo haya visto la verdad y te la cuente, en el momento de contártela se convertirá en mentira para ti. Para mí era verdad, entró a través de mis ojos. Fue mi visión. Para ti no será tu visión, será algo prestado. Será una creencia, será conocimiento, no un conocer. Y si empiezas a creer en ella, estarás creyendo una mentira. Recuérdalo. Incluso una verdad se convierte en mentira cuando entra en tu ser por la puerta equivocada. La verdad tiene que entrar por la puerta delantera, a través de los ojos. La verdad es una visión. Uno tiene que verla.

Naropa era un gran erudito, un gran sabio, tenía diez mil discípulos. Un día estaba sentado y rodeado por miles de escrituras, muy antiguas y raras. De repente se quedó dormido, debía estar cansado, y tuvo una visión.
Vio a una mujer muy, muy mayor y horrible, una bruja. Era tan fea que empezó a temblar en sueños. Era tan asquerosa que Naropa quería escapar, pero ¿dónde podía escapar? ¿Dónde ir?

Se sentía atrapado, hipnotizado por la vieja bruja. Sus ojos eran como imanes.

— ¿Qué estás estudiando? — le preguntó la anciana.

— Filosofía, religión, epistemología, lengua, gramática, lógica... — dijo él.

— ¿Las entiendes? — volvió a preguntar la anciana.

— Por supuesto... Sí, claro que las entiendo.

A Naropa le habían planteado miles de preguntas en su vida — miles de estudiantes preguntando e inquiriendo—  pero nadie le había preguntado eso: si entendía las palabras y el sentido. Y los ojos de la mujer eran tan penetrantes: le llegaban al fondo de su ser, era imposible mentirle. A cualquier otra persona podría haberle dicho: «Por supuesto que entiendo el sentido», pero a esta mujer, a esta mujer de aspecto horrible, le tenía que decir la verdad. Y dijo: — Comprendo las palabras.

La mujer se sintió muy feliz. Empezó a bailar y a reírse, su fealdad se transformó, empezando a mostrar una belleza sutil. Entonces Naropa pensó: «Si la he hecho tan feliz, ¿por qué no hacerla un poco más feliz aún? y dijo: — Sí, y también entiendo el sentido.

La mujer dejó de reírse, dejó de bailar. Empezó a llorar y recuperó toda su fealdad; ahora era incluso mil veces más fea. Naropa dijo: — ¿Por qué lloras? ¿Y por qué antes bailabas y cantabas?

— Me sentí feliz porque un gran erudito como tú no me estaba mintiendo. Pero ahora lloro porque me has mentido. Yo sé — y tú también sabes—  que no comprendes el sentido.

La visión desapareció y Naropa fue transformado. Se fue de la universidad, no volvió a tocar una escritura en toda su vida. Se hizo completamente ignorante; había entendido que la mujer no era un personaje externo, era una proyección. Era el propio ser de Naropa que, a través del conocimiento, se había vuelto horroroso. Bastó esta comprensión, «no entiendo el sentido», y la fealdad se transformó inmediatamente en belleza.

La visión de Naropa es muy significativa. A menos que sientas que el conocimiento es inútil nunca saldrás en busca de la sabiduría. Llevarás la moneda falsa pensando que es un verdadero tesoro. Tienes que darte cuenta de que el conocimiento es una moneda falsa, no es conocer, no es comprender. Como mucho es algo intelectual: se comprenden las palabras pero se pierde el sentido. 

2.-  ABUSAR DEL PODER

El único antídoto para el mal uso de los poderes psíquicos es el amor, porque cuando no hay amor, el poder corrompe. Puede tratarse de riqueza, de prestigio, de poder político, o pueden ser poderes psíquicos; eso es indiferente. Cuando te sientas poderoso, si no cuentas con el amor como antídoto, tu poder será una calamidad para los demás, una maldición; porque el poder ciega los ojos. El amor abre los ojos, el amor limpia los ojos, tu percepción se aclara.

De cómo Vivekananda perdió su llave

En el ashram de Ramakrishna en Dakshineshwar, Calcuta, había muchos discípulos  y, Vivekananda era uno de los más intelectuales. Además, había un hombre muy simple que también era discípulo: se llamaba Kalu; era un pobre hombre. Era un hombre tan lleno fe,  tan religioso, tan emocional, que tenía cientos de estatuas de distintos dioses en su habitación. A primera hora de la mañana se bañaba en el Ganges y comenzaba la adoración de los dioses; por supuesto, todos los dioses tenían que ser adorados igualitariamente para que no se ofendieran. Así, Kalu perdía todo el día, y todo el mundo se reía de él: ¿Qué haces? ¡Con un dios es suficiente!»

Vivekananda era uno de los que más se burlaba de Kalu. Le decía:

Simplemente  eres un estúpido. Te dedicas  a  adorar a unas piedras y estás perdiendo tu vida!

Un día Ramakrishna dio a Vivekananda un método para practicar la atención:

-Ve a tu celda, cierra la puerta y practícalo. Cuando Vivekananda llegó a cierto estado, se sentía tan poderoso que tuvo una idea: Si en este momento le digo a Kalu dentro de mí que tire todos sus dioses al Ganges, lo hará».

Y lo hizo. En su celda, dentro de sí, le dijo ¡l Kalu: ,Coge todos tus dioses y arrójalos al Ganges».

Kalu recogió todos sus dioses en un gran saco, y, ya estaba bajando los escalones hacia el río cuando Ramakrishna corrió tras él y le dijo:

¿Qué estás haciendo?

-De repente he oído una voz -dijo Kalu-; debe de haber venido de Dios mismo porque ¡no había nadie más en la habitación y me decía: «Kalu recoge todos tus dioses y tíralos al Ganges. Era tan poderosa que no cabía duda.

-Ven, toma los dioses y volvamos  uno con ellos,  yo te enseñaré de dónde venía esa voz--dijo Ramakrishna.

Llamó a la puerta de Vivekananda. Vivekananda salió y Ramakrishna, muy enfadado, le dijo:

-Vivekananda, esto es lo último que esperaba de ti. Te dije que estuvieras alerta, no que perturbaras la vida de un pobre hombre. De un hombre tan limpio de corazón, tan amoroso, tan hermoso. ¿Cómo has podido hacerlo? A partir de este momento no tendrás acceso a ese poder.

Y se dice que Vivekananda murió sin alcanzar la iluminación. Aunque se convirtió en el sucesor de Ramakrisna porque era un gran orador, tenía cierto carisma e influencia sobre la gente murió siendo un pobre hombre que no sabía nada. Y la causa es que había alterado a un hombre sencillo; en cuanto tuvo el mínimo poder, lo empleo no para el beneficio de los demás, sino para hacer daño.

3.- DESAPEGO

Hakuin y el niño pequeño

Siente continuamente algo dentro de ti que es igual, pase lo que pase en la periferia. Cuando alguien te insulte, céntrate en el punto donde sólo le escuchas, sin hacer nada, sin reaccionar, simplemente escucha. Te está insultando. Y después alguien te alaba; simplemente escucha. Insulto-alabanza, honor-deshonor, simplemente escucha. Tu periferia se alterará. Obsérvalo, no trates de cambiarlo. Míralo; permanece profundamente centrado, mirando desde allí. Así lograrás un desapego que no es forzado, un desapego espontáneo, natural. Y una vez que percibas ese desapego espontáneo, nada podrá alterarte.

En el pueblo donde vivía el gran maestro zen Hakuin, una muchacha se quedó embarazada. Su padre le presionó para que declarara quién era su amante y, al final, para huir del castigo, ella dijo que era Hakuin. El padre no dijo nada más, pero cuando llegó el momento y el niño nació, se lo llevó inmediatamente a Hakuin y lo tiró al suelo ante él. — Parece que se trata de tu hijo — dijo, y se puso a insultarle por aquel asunto tan desgraciado.

— Ah, ¿es así? — respondió Hakuin. Tomó al retoño en sus brazos. A partir de entonces, donde quiera que iba llevaba al niño consigo, envuelto en la manga de su túnica. Durante los días lluviosos y las noches tormentosas salía a mendigar leche por las casas vecinas. Muchos de sus discípulos, considerándolo caído, le daba la espalda y se iban. Y Hakuin no decía palabra.

Entre tanto, la madre se dio cuenta de que no podía soportar la agonía de estar separada de su hijo. Confesó el nombre del verdadero padre y su propio padre corrió a postrarse a los pies de Hakuin, implorándole una y otra vez que le perdonara. Hakuin sólo dijo: — Ah, ¿es así? — y le devolvió al niño.
Para el hombre ordinario lo que dicen los demás importa demasiado porque no tiene nada propio. Lo que piensa que es, sólo es una colección de opiniones de otros. Alguien le ha dicho: «Eres precioso», otra persona le ha dicho: «Eres inteligente», y ha ido coleccionando todas esas frases. Por lo tanto siempre tiene miedo: no debe comportarse de tal manera que pierda su reputación, su respetabilidad. Siempre tiene miedo de la opinión pública, de lo que dicen los demás, porque lo único que sabe de sí mismo es lo que le dicen los demás. Si lo retiran, le dejan desnudo. Entonces ya no sabe quién es, si es feo o guapo, inteligente o tonto. No tiene ni una vaga idea de su propio ser; depende de los demás.

Pero el hombre que está en meditación no necesita las opiniones de los demás. Se conoce a sí mismo, por eso no importa lo que digan. Aunque todo el mundo diga algo que va en contra de su experiencia, simplemente se reirá. Esa puede ser, como mucho, la única respuesta. Pero no va a dar ningún paso para cambiar la opinión de la gente. ¿Quiénes son ellos? Ni siquiera se conocen a sí mismos y están tratando de ponerle etiquetas. Rechazará las etiquetas. Simplemente dirá: «Soy lo que soy, y así es como voy a ser».

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