Cuando el miedo destruye los sueños

“El miedo destruye más sueños que el fracaso.”

Si bien el miedo es una emoción natural y parte de la vida en el camino de todas las personas, existen quienes han hecho del miedo su peor enemigo.
Porque le han dado poder en su mente y además se han esposado a gusto y a cadena perpetua en una actitud que los hace existir porque sí, porque la vida sigue hasta que el cuerpo resista y la muerte llegue.
Son muchas las personas que no tiene idea que padecen tal enfermedad, siendo los síntomas desde incapacidad para socializar en grupos específicos, hasta quedarse por completo paralizado (a) en la vida porque la mente no puede dejar de generar pensamientos negativos acerca de lo terrible y doloroso que puede sentirse algo como por ejemplo,  dar una entrevista laboral. 

Sin embargo, en esta oportunidad quiero referirme a las consecuencias de no afrontar el miedo en la vida como regalo y cómo dar pasos firmes para salir de ella.

1.- Miedo al conflicto

Un caballero que acude a mi consulta me contaba en sollozos que su esposa rompía su ropa cuando se enojaba con él por cosas que este no comprendía. No le era infiel ni a ella le falta nada, ni es un caballero agresivo, pero para su pesar la señora padece intolerancia a la frustración, no soporta un “No”, pero se niega a tomar algún tipo de tratamiento.

Las veces que lo ha echado de casa son varias, pero este hombre sin dignidad porque el miedo se le ha clavado en el alma prefiere dejarla hacer lo mismo desde hace años, usando como pretexto que no desea que sus hijos vean que él reacciona de modo tosco.

Mas es contradictorio como sí tolera que su desquiciada esposa grite a voz en cuello frente a sus hijos y que estos le digan siempre que su mamá es mala y loca. Un show que se repite por años y los niños (varones los dos que tiene) crezcan creyendo que todas las mujeres son como su madre de agresivas.

Cuando este señor era pequeño fue tremendamente maltratado a golpes por su padre y recibió burlas en el colegio por algo de tartamudez que lo acompañaba. Y como verán, aunque trágico, esta historia es más común de lo que creen, porque el dolor inmerecido es inevitable en todo el mundo.

Lo terrible es que ha tomado terapia cuando está por cumplir cincuenta años y el miedo se ha vuelto parte de su personalidad. Acude al psiquiatra que colabora conmigo para tratar a mis pacientes que lo requieren y con medicación para su tremenda depresión y ansiedad la terapia fuerte que le brindo va haciendo efecto. Mas ahora, escucharlo llorar por todo el material que le mando leer y por todo lo que trabajamos en terapia es penoso, más son las consecuencias de sus decisiones. Se ha ido por fin de casa y por cinco minutos le dijo sin gritar a la madre de sus hijos que no soportará más maltrato; dice que no tembló al hacerlo, pero que al salir hacia su auto sintió que le quemaba la cara de calor y sintió profundo alivio. Primer paso a favor de su dignidad.

Y sea cual fuese el caso, el miedo al conflicto es una posición cómoda cuando se elige no mirarse, no escuchar, vivir sin alegría y pese a tener tantas formas de tratarse, tanta gente no lo hace.

Miedo a no reclamar en un restaurante si algo está crudo, miedo a no decirle al docente algo que no se comprende, miedo de expresar sentimientos de equis índole a quien sea, porque se teme aterradoramente el resultado, miedo de poner en marcha sueños y proyectos por ideas pesimistas, etc. Yo resumo todo esto en falta de fe en sí mismo, ego, comodidad y en muchos casos, cobardía cómoda y complaciente.
Y la única forma de vencer este tipo de temor es entrenarse con toda la ayuda posible: libros, terapia emocional, de relajación, desbloqueo de chakras y sobre todo, profunda oración y compromiso con el creador de ser alguien feliz, porque es un deber y la vida es un regalo que solo de ti depende hacer realidad.

No saber decir “No”, apelar al qué dirán, escuchar consejos de gente cómoda y más fregada que quien está en crisis sería lo peor. Y si se crece sin observar, como una máquina robot que vive de rutinas, no se vive y nadie es responsable de ello, solo quien se hunde solo y siente lástima de sí mismo.

2.- Miedo a empezar

Mi madre siempre decía cuando era pequeña que las cosas se hacían a la hora, cuando toca y no para el año de San Blando y recuerdo que yo torcía los ojos y le decía “¿y ese que Santo es? (tenía seis años) y me contestaba: “un lento hija, lento para todo como las tortugas, no uno prudente sino uno que pierde todo por miedo”.
Más millones de niños crecieron con la crítica mordaz en tonos horrorosos por lo que hacían mal cuando apenas aprendían y otro peor sino era perfecto. Y de esos millones, tantos incontables desarrollaron inseguridad y miedo de empezar, terror a fallar, como si unas cadenas invisibles no les dejaran moverse.

Y en estos tiempos, los adolescentes no empiezan por miedo, por evasión de las responsabilidades y porque sus padres se los resuelve todo o los consienten en exceso. Postergan estudiar, proyectos, pero imaginan a gran escala que son brillantes y tendrán mucha plata sin esfuerzo, hasta que se topan con la realidad de la carencia de preparación.

El miedo a empezar solo se resuelve con metas pequeñas que se ponen en agenda y se cumplen con compromiso emocional.

Por ejemplo, recuerden como se levantan tempranito cuando algo les importa tener o alcanzar, así sea algo tan sencillo como comprar la entrada para el concierto de tu cantante favorito. Pero claro, aquí se levantan tempranito y se desesperan por comprar una entrada porque se busca cumplir un placer.

Entonces, si aquella meta que poseen en otra esfera realmente no es meta, no existe compromiso con el sueño. Y debemos tener claro que existen cosas que se hacen por deber y orden, así no nos gusten o hagan infelices.

Claro está que sin motivación el miedo no cede y no brota el compromiso. Mas el miedo solo se irá cuando hagas las cosas no por otros, ni por el qué dirán sino por ti mismo y para tu bien, porque deseas ver un sueño o muchos realidad y nada llega fácil ni dura si es gratis.

3.- Miedo de reconocer los errores y mirarse

 Creo que este tipo de miedo es el más espantoso de todos, porque con el tiempo, cuando las consecuencias se dejan notar, nada ni nadie vuelve el tiempo atrás y como la loza que se rompe, hay sueños que no tienen piezas, porque la pieza era única.

He escuchado tanta gente contarme que les daba miedo reconocerse errados y tras ello proceder de las peores formas, que cuando también me han contado las consecuencias como perder una carrera, un proyecto que no volverá, el amor de sus vidas, ver en ataúd a quienes aman sin haber resuelto un tema y equis cosas más, solo les he podido decir:

 “Tú decides si vivir lamiendo tus heridas de las  consecuencias de tus errores” o desde hoy hacer algo diferente con los años que te quedan de vida. Y recuerda que hay sueños que solo se tienen si se merecen y evidentemente,  no los merecías por lo que me cuentas, más  el perder es un gran aprendizaje y si sangra y mata ese dolor, mejor aún ¿no te parece?. Pero si  miras la vida como un regalo del creador, aprenderá desde hoy a elegir aquello que se acerca a sus enseñanzas, esas donde ser alguien incorrecto y dañar por decisión, comodidad y evasión marcan la vida de ti mismo y te hacen alguien cubierto por oscuridad y a oscuras nada florece. La gente que has dañado adrede o porque te era cómodo pensarlo así es libre de tomar decisiones que debes respetar, porque aprender es humildad y aceptar lo que se hace y no tienes derecho de forzar nada en esta vida, nada, porque entonces pasarás del miedo a la necedad y nuevamente fallarás, pero por ego y falta de respeto a tus semejantes.
Y existe gente que se irá de este plano atragantado (a) por su ego y bueno, darán consejos de ancianos si llegan, mas no de ancianos sabios, sino de ancianos que dan lástima porque te cuentan todo lo que jamás hicieron por ego y necedad. Y qué fácil es dar consejos en gente cobarde, más que maravilloso es escuchar consejos en gente limpia de corazón que aún pese a los peores dolores recibidos por la vida misma han hecho de sus días un acto de amor en todo sentido, una ofrenda a los valores y el servicio.

4.- Miedo de buscar ayuda profesional

Un pretexto más para la gente cómoda y acostumbrada  a vivir en el caos. Y si bien hay miles de especialistas en todas las ramas, siempre les diré que no valen los cartoncitos con estrellas ni la pose, ni lo que se aparenta, vale que busquen ayuda con gente a la que le importes como paciente, que sepa escuchar y sepa ponerte de cabeza en buen cristiano, porque te rompa los esquemas escuchando en poco tiempo todo lo que no has escuchado.

Y recuerdo a mi querido amigo jesuita que siempre decía “a veces para curar hay que herir”. Entonces amigos, vean como el miedo, tema eterno en el planeta puede volver tu vida absolutamente infeliz y de eso solo tú eres responsable.

Por tanto a mis lectores presos del miedo que no hacen nada para resolverlo, les deseo fuerza para soportar las consecuencias de sus pérdidas y fracaso anunciado. Dios permita que pase un planeta en tránsito y los sacuda hasta moverles el alma y despertar y sino ocurre, será porque estaba escrito y era sus destinos.

Y a mis lectores que luchan por vencer sus miedos día a día y dan pasos, les deseo todos los dones del cielo sobre sus mentes, luz para sus corazones y una oración especial en misa siempre, siempre, porque el poder de la oración mueve los cielos y genera “magia y milagros”, entonces que la magia y las bendiciones los ilumine cada día. También les indico que no retrocedan por nada, orden, disciplina y apunten alto cuando anhelan con el alma, y  recuerden que si sus deseos son de buena voluntad y valen la pena para compartir, no duden jamás que se harán realidad.

Les recomiendo los libros: “Vivir sin miedos” de Sergio Fernández y “Nudos mentales de Bernardo Stamateas. Pero lean por favor, hace trabajar el hermoso cerebro y nos hace mejores personas.

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Autor:  Rosa María Cifuentes ©
Fuente:  Zefirodelcielo.blogspot.com

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