9 enfermedades de transmisión espiritual

El oro falso existe porque hay oro auténtico. Esta máxima es toda una declaración de intenciones respecto al tema que tratamos en este artículo: las 9 enfermedades de transmisión espiritual.
Los falsos gurús y “maestros de vida” suelen ser un derroche de prepotencia e hermético oportunismo. La iluminación se convierte en un anhelo para las almas que creen estar descarriadas y que caminan por el mundo en busca y captura de alguien que les ilumine.

 Cuando nos sentimos perdidos nos convertimos en “carne de cañón”, un plato tremendamente apetitoso para las aves carroñeras del camino interior. Personajes que son puro marketing y que compiten por un premio que ha tomado tintes de hipocresía y falsedad.

Por ejemplo, muchos proponen, en ciertos casos sin otro fundamento que la opinión propia, que la meditación nos abre el camino para deshacernos de todos aquellos contaminantes que nos empujan a hacernos preguntas.

 Hay personas (y concepciones) muy válidas en torno a la espiritualidad, pero gracias a que se ha comercializado el concepto como “la gallina de los huevos de oro”, nos encontramos con falsos maestros espirituales que pueden hacernos verdadero daño. Como ejemplo extremo podemos pensar en casos de grupos sectarios que llegan a pagar grandes sumas de dinero por suicidarse.

Al igual que la vela no puede arder sin fuego, el hombre no puede vivir sin vida espiritual.-Buddha.

Pero también hay personas críticas que saben poner el punto sobre la “i” al conjunto de falsos gurús, entrenadores vitales y especialistas en el dominio de nuestra mente. Mariana Caplan, doctora en Filosofía, escritora y antropóloga, ha consagrado su vida al estudio de la espiritualidad son sentido crítico.
 

Las 9 enfermedades de transmisión espiritual de las que nos pueden “contagiar”

Una visión muy acertada sobre la distorsión de la espiritualidad y el aprovechamiento comercial de esta moda nos la ofrece Mariana Caplan, la cual plantea la realidad de 10 enfermedades de transmisión espiritual.

1. Espiritualidad de comida rápida.

Si mezclamos la espiritualidad con una cultura que celebra la velocidad, la multitarea y los resultados rápidos probablemente nos dé como resultado la denominada espiritualidad de comida rápida. Esta, tal y como la define Caplan, es un producto de la fantasía común y comprensible de que el alivio del sufrimiento de nuestra condición humana puede ser rápido y fácil. El camino de la espiritualidad o, mejor dicho, la transformación espiritual NO se puede obtener como una solución rápida.

2. La espiritualidad de imitación.

Hablar de manera sosegada, vestirnos con ciertas ropas y colores, actuar de una manera determinada… ¿Todo esto es esencial si queremos considerarnos “personas espirituales”? Lo cierto es que NO. Esta enfermedad de “transmisión espiritual” nos hace intentar imitar la idea de lo que creemos que es espiritual de la misma forma que la tela de piel de leopardo imita la piel real de un leopardo.

3. Motivaciones confusas.

La necesidad de llenar nuestro vacío emocional, la creencia de que el camino espiritual nos liberará de los sufrimientos de la vida y el deseo de ser especiales y “mágicos”, nos conduce a entremezclar estas aspiraciones con el deseo genuino y puro de crecer.

4. Identificarse con las experiencias espirituales.

Tal y como afirma Caplan, “en esta enfermedad, el ego se identifica con nuestras experiencias espirituales y las toma como propias, y empezamos a creer que estamos encarnando ideas que han surgido dentro de nosotros en determinados momentos”. Obviamente esto no dura de manera indefinida aunque sí que tiende a perdurar en aquellas personas que se creen “iluminadas” o que se comportan como “maestros espirituales y de vida”.

5. El ego espiritualizado.

Caplan plantea que esta enfermedad ocurre cuando la propia estructura de la personalidad del ego se mezcla arraigada y profundamente con conceptos espirituales e ideas. El resultado es una estructura del ego que es “a prueba de balas”. Nos volvemos invulnerables a la ayuda, cerramos nuestros sentidos a nueva información contradictoria y a otras propuestas constructivas. Nos tornamos impenetrables y estancamos nuestro crecimiento aunque, por supuesto, llevemos la espiritualidad por bandera.

6. La producción en masa de los maestros espirituales.

Hay gran cantidad de tradiciones espirituales (el budismo, por ejemplo) que están de moda en la actualidad. El resultado del marketing es una comercialización de figuras y especialistas que se dan a conocer como personas con gran iluminación espiritual cuando en realidad no es así. Como afirma nuestra autora, esta enfermedad funciona como una cinta transportadora espiritual: ponte en este resplandor, consigue aquella visión, y¡ bam! estás iluminado y listo para iluminar a otros en forma similar. El problema no es que estos profesores instruyan sino que se presentan como si hubiesen alcanzado la maestría espiritual.

7. El orgullo espiritual.

Cuando el practicante. gracias a años de esfuerzo, alcanza cierto nivel de sabiduría, puede llegar a usar ese logro para cerrarse a otras experiencias. Es posible que se sienta en “superioridad espiritual” y que transmita un mensaje sutil que viene a decir “yo soy mejor que otros, más sabio, y por encima, porque yo soy espiritual”.

8. La mente del grupo.

La mente de grupo es un virus insidioso que contiene muchos elementos de la codependencia tradicionales. Lealtades y acuerdos sutiles e inconscientes respecto a la forma de actuar y de pensar, hablar y vestirse puede derivar en un rechazo a otras experiencias, patrones de pensamiento o personas.

9. El virus mortal.

“Yo he llegado al objetivo final de mi senda espiritual”. Esta enfermedad puede ser terminal y mortal para nuestra evolución espiritual. Como afirma Caplan, nuestro progreso espiritual termina en el punto donde se concreta esta idea en nuestra mente, porque el momento en que comenzamos a creer que hemos llegado al final del camino, un mayor crecimiento se detiene.

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Autor: Raquel Aldana ~ Psicóloga
Fuente: La mente es Maravillosa.com

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