sábado, 18 de febrero de 2017

La ira, el miedo y el resentimiento reflejan un niño interior herido

Abraza a tu niño interior. Nunca es tarde para sanar tu infancia

Muchas veces no entendemos las conductas de quienes nos rodean o las nuestras, somos especialistas en hacer juicios en relación a la actitud que puede tomar cada persona, a su manera de reaccionar, a su manera de afrontar algunas situaciones, sin detenernos un momento a pensar cuál pudiese ser el origen de determinada actitud.

Por lo general cuando vemos personas que manifiestan su ira, que sienten miedo, están cargadas de mucho resentimiento o bien tienen una tristeza permanente, estamos en presencia de un niño interior que espera el consuelo, el amor y la aceptación de sus figuras importantes.

Será difícil para un adulto reconocer en sí a ese pequeño que de alguna manera fue marcado por experiencias tempranas, mucho más difícil será reconocer que está en la búsqueda inconsciente de la sanación de sus heridas, no está consciente de que ese niño interior habita en él y necesita de los cuidados y atenciones propios de los más pequeños.

No se trata de justificar un berrinche extemporáneo, se trata de dar la atención que merece y demanda ese niño interior, que ya no será solventado por los padres, por los maestros o con cualquier persona que pueda prestar contención al momento de un niño necesitarlo. Se trata de que nosotros mismos, como adultos debemos atender las necesidades de ese pequeño que llevamos siempre con nosotros.


Abraza a tu niño interior

Debemos hacer algunos ejercicios que nos ayuden a sanar cualquier herida, bien sea de rechazo, de abandono, de humillación, de traición o de injusticia, cualquiera de ellas pudo haber sido percibida en nuestra infancia de alguna manera que marcó nuestra manera de ser, que nos limitó de cierta forma y que luego como adultos, tenemos las secuelas de lo que en ese momento interpretamos como algo hiriente.

Reconectar con nuestro niño interior nos permite sanar y muchas de las conductas que pensamos inapropiadas o perjudiciales tienden a disminuir, incluso a desaparecer.

Hacer algunos ejercicios de visualización nos permite trabajar con esa reconexión, imaginarnos pequeños y abrazarnos, querernos, mimarnos, haciéndole saber a ese pequeño que todo está bien, que lo ha hecho muy bien, que nos sentimos orgullosos de sus logros, que aquí estamos para atenderle cada vez que lo necesite, porque lo amamos y nunca más se nos olvidará su presencia en nosotros.

Realicemos cosas que nos apasionen, que nos conecten a la felicidad de la infancia: correr, cantar, saltar en charcos, dibujar, jugar cualquier cosa, si tenemos hijos es la excusa y la manera perfecta de reconectar. No olvidemos nunca que ese niño siempre habitará en nosotros y siempre estará demandando nuestra atención y amor.

Mira el niño interior en otros

Cuando veas en los demás rasgos que no puede controlar, procura ver más allá de lo evidente y prestarle atención a ese niño oculto en medio de corazas y barreras, sé noble, se justo y ayúdalo de ser posible a reconectar con su esencia.
Autor: Sara Espejo – Rincón del Tibet

Tienes que ver esto también




No hay comentarios :

Publicar Comentario: