La envidia

(Entrevista completa en el vídeo en la  parte inferior de la página)

El vacío que sienten muchas personas, lo alimentan con odio ante el éxito de otros y con alegría ante el fracaso de los demás. 

En el fondo, la envidia no es más que un escape a la inseguridad e insatisfacción personal. Lo peor es que ese escape termina engordando la propia insatisfacción.

Dicen que es el mal más extendido en la sociedad. Hablar de envidia es hablar de un sentimiento de frustración que tiene sus raíces en la inseguridad, la falta de autoestima y algún tipo de complejo. Los expertos sostienen que el mejor tratamiento pasa por iniciar un proceso de crecimiento emocional. A fin de cuentas, como dice nuestro interlocutor, “el problema es someternos a la mirada de los otros; hay que estar por encima, ser espléndidos”. 

Hay un dicho que se comenta mucho por aquí, que dice que si la envidia fuera tiña, todos seríamos tiñosos. ¿Hay tanta envidia como parece? 

Hay que aceptar que todos tenemos algo de envidia en mayor o menor grado. Difícilmente podemos encontrar a alguien que admita que es envidioso. Es algo que no se ve y parece que no existe, pero lo grave es que lo neguemos, porque existe.

O sea, que el envidioso no sabe que lo es…

No quiere saberlo porque el resultado es muy feo. Que nos alegremos del daño o del fracaso de los otros o que nos pongamos tristes por el éxito de los otros indica maldad, y reconocer la maldad en uno mismo es muy difícil.

¿La envidia tiene sus raíces en un complejo de inferioridad? 
Yo creo que sí. Puede provenir de un complejo de inferioridad o, por lo menos, en un complejo basado en la comparación. Y si está basado en la comparación, hay un complejo que puede ser de inferioridad o de pretensión de superioridad.

¿La envidia siempre es mala o existe de verdad eso que llamamos envidia sana?   
La envidia sana es tanto como desear lo mejor para uno, el bien se centra en uno mismo, en querer obtener aquello que los otros tienen. Yo te veo Juan Carlos como una persona serena, equilibrada, trabajadora, organizada, conciliadora… y es lógico que yo diga cuánto te envidio por ser como eres. Eso es una envidia sana.


“Cuando alguien ve la vida de esa manera, sufre, no es feliz y lo que siente es un gran nivel de insatisfacción”

Hay personas que no es que ya sólo deseen las cosas que los demás tienen, sino que las desean precisamente porque los demás las tienen. ¿Al envidioso le hace ilusión realmente tener lo del otro o se conforma con que no lo tenga el otro? 

La envidia tiene dos enfoques distintos. Uno es disfrutar porque el otro no tenga, o porque el otro fracase o le vayan mal las cosas, eso es horrible; y el segundo enfoque es sufrir porque el otro tiene, consigue, logra o alcanza lo que uno cree que no tiene. Ahí es donde están esas miradas comparativas, esos moldes mentales distorsionados. El molde mental más típico de la infelicidad es la Focalización en la Carencia que es echar en falta lo que uno no tiene, podría tener o debería tener. Cuando alguien ve la vida de esa manera, sufre, no es feliz y lo que siente es un gran nivel de insatisfacción. Pero si ese molde mental de focalización en la carencia lo pones en comparación con los demás es más grave, porque ya no es que yo eche en falta algo lo que quisiera tener; es que comparo lo que él tiene y yo no. Eso es montar nuestra felicidad sobre la desgracia ajena.

Focalización en la carencia: Lo que tengo/ Lo que no tengo o tiene los demás y yo no

Por otra parte, hay que tener en cuenta que la envidia surge de lo más diverso y de lo más curioso. Muchos de los casos que plantea la gente están relacionados con el aspecto físico. Hay personas que recurren a las bromas para intencionadamente hacerle daño a alguien que está bien o que tiene éxito (“qué gordita te veo…” “tienes más arrugas…”). Eso es aplicable a otras circunstancias y a otras épocas, desde los pastores, cuando unos tenían más ovejas que otros; los agricultores, cuando unos contaban con una cosecha mejor que otros; hasta los catedráticos que inician una investigación o un proyecto frente a otros que no lo hacen. La envidia se da en todos los niveles. Y, a veces, existe con ensañamiento, incluso en gente erudita, cuando afirman “sí, pero…” para afear lo que tú estás haciendo. Desgraciadamente hay gente que para sentirse bien tiene que utilizar el mal. Eso es lo más triste.

“Lo que denota la envidia es un déficit de seguridad, la inexistencia de autoestima auténtica y algún tipo de complejo, bien de inferioridad, bien de autoafirmación”

¿Todo esto cómo se supera?
Lo primero es ser consciente de lo que le ocurre a cada uno y aceptar que eso demuestra una debilidad muy grande provocada por un complejo de inferioridad, como decíamos, de sentirme menos, de sentirme víctima y, por tanto, estar en una situación que me limita, me quita la libertad y me hace ser una máquina de sufrimiento. Y lo otro, es que yo, en mi pretensión de reafirmación, quiera ser más que el otro y no pueda permitir que el otro esté por encima de mí. Ese “no pretender” es una tensión también, aunque aparentemente aparezca como un complejo de superioridad, porque necesito realizarme, necesito reafirmarme, pero lo hago a base de aplastar a los otros. Y eso es un elemento de mucha debilidad.

Todos hemos tenido la impresión en algún momento de nuestras vidas de estar hablando con alguien que sabes que te va a criticar cuando te das media vuelta. Pero, también están las personas que no son capaces de captar que generan envidia… 

Eso es muy importante, porque hasta ahora hemos hablado del envidioso pero no hemos hablado del envidiado o envidiada. Hay unas sensaciones y unas vibraciones que captas cuando los demás te acogen y están en sintonías contigo, y otras que captas cuando los demás están molestos porque tú estás bien o tienes éxito.


Eso se nota. Y no hacen falta palabras ni gestos. Son vibraciones que se perciben. Hay ambientes en los que estamos muy a gusto porque hay armonía, mientras que hay otros en los que estamos incómodos porque sabemos que no estamos encajando. Fíjate la importancia que tiene esto en el caso de los niños. La carga emocional inconsciente que van recibiendo por parte de la familia y cómo le afecta el amor, el rechazo, la no aceptación, etc. No hace falta palabras ni castigo. Los peores mensajes surgen de esas actitudes que se proyectan.

¿Y qué es lo que hay que hacer en esos casos? 
Estar por encima. Es un disparate dejarse enganchar por esas miradas y por esos gestos, porque se incrementa aún más el malestar. Lo ideal es estar por encima y no depender de ninguna mirada. El gran problema de muchas personas con baja autoestima es que viven dependientes de la mirada y eso significa que necesitan ser valorados, reforzados, acogidos, ser queridos… y eso es una esclavitud que impide a la gente ser feliz. Es verdad que necesitas el cariño y el acogimiento, pero bajo ningún concepto puedes desear ser esclavo con cadenas de plata.

Hay una expresión que es “morirse de envidia”. ¿Es una frase hecha o hay que pensar que la envidia puede realmente acortar la vida? 
Es que yo quiero pensar que la envidia, como decía, es un cáncer. Y cuando alguien vive con tanta intensidad el “cómo es posible que esa persona tenga ese éxito” se vuelven obsesivos, sobre todo los más paranoides, que construyen su vida en función de los otros. Se apoyan en las ruinas y en la destrucción de los otros para poder volar. Eso no les lleva a ninguna parte, salvo a la autodestrucción.

Llevamos casi una hora hablando de la envidia. Si te pidiera qué conceptos claves tendríamos que tener claros ¿cuáles serían? 
La gente puede tener más o menos envidia respecto a otras personas y hay que reconocerlo para evitarlo. Lo que denota la envidia es un déficit de seguridad, la inexistencia de autoestima auténtica y algún tipo de complejo, bien de inferioridad, bien de autoafirmación. Lo segundo que habría que decir es que la envidia crea ambientes nocivos y negativos y entornos contaminados. Lo tercero es que la envidia es un cáncer, que debemos separar y anular. Y lo cuarto es que ese cáncer proviene de un elemento comparativo.

La aspiración de toda persona es triunfar y salir adelante creyendo en su propio potencial y en su valor. Así se puede volar. Únete si quieres a los otros, identifícate con ellos, abrázalos; eso te da fuerza, poder y energía. Ahora, si para vivir tienes que devorar como una hiena interiormente, vas a llevar siempre a cuestas el remordimiento y el malestar. Expulsa la envidia mala y potencia la sana, que es identificarte con los otros. Y procura no despertar la hiena de los demás, ostentando, presumiendo, porque eso también provoca envidias.

Después de esta entrevista se pueden extraer numerosas conclusiones, pero nos ha quedado claro que todas giran en torno a una idea global: tenemos la tendencia a darle valor a aquello que nos falta y que tienen los demás, pero en contadas ocasiones nos paramos y pensamos cuánto valor hay en todo lo que nosotros tenemos.

Fuente: Psicomold.com

(Conversación entre Juan Carlos Mateu y Pedro Hernández en el programa de radio "Los Moldes de La Mente")

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