miércoles, 26 de octubre de 2016

Yo soy así, una mujer desafiante, incorregible e insoportable para muchos

En muchas culturas se dice que la mujer representa "la luz de la vida"

Soy el resultado de mis esfuerzos y también de mis sufrimientos, porque me he negado siempre a ser víctima y a ser esclava. Lo que ves es todo lo que soy, sin falsedades: alguien que se ama a sí misma y que por encima de todo, ama la vida.

Esta visión plena y auténtica de una misma no llega precisamente a los 20 o a los 30 años. De hecho, en la actualidad se habla ya del poder de los 50 en la mujer. Queda claro que toda edad tiene sus logros, sus conquistas y sus bellezas. Sin embargo, cuando se acerca esa quinta década se rompen ya muchos lazos, muchos esquemas. Se comprende también que una no necesita ser la “mitad de nadie” para ser feliz.
“El que no sabe aullar no encontrará su manada” -Clarissa Pinkola Estés-

Por otro lado, otro aspecto interesante que está en auge es el de “la mujer alfa”. La presencia femenina ha conquistado ya muchos espacios reservados hasta no hace mucho al hombre. Son influyentes, aúnan valor, creatividad y destacables aptitudes para liderar negocios y crear un entorno de trabajo más empático, donde dinamizar al personal hacia nuevos logros.

Ahora bien, algo que todos sabemos es que la “mujer alfa” no ha germinado precisamente en este siglo XXI. Somos herederas de un linaje. La mujer ha sido siempre esa guerrera silenciosa y anónima en sus contextos más cercanos. En la memoria custodiamos, por ejemplo, a nuestras abuelas. Mujeres admirables que trenzaban la tristeza en sus cabellos y que lo daban todo por sus hijos. Por su hogar, por su familia.

Damas valientes que jamás se quejaron y que cuando se miraban esas manos curtidas por los años y el trabajo, soñaban con que algún día, sus hijas fueran lo que son ahora. Mujeres que construyen su futuro con orgullo, en libertad

El legado de la diosa desafiante

En muchas culturas se dice que la mujer representa “la luz de la vida”. Sin embargo, ese fulgor no está en su mirada, sino en sus ovarios. A su vez, resulta curioso cómo en las raíces culturales de pueblos de todo el mundo, la figura de la mujer no solo era vista como “creadora”, sino también como una entidad desafiante.


Tal y como nos explica Robert Graves en su libro “La diosa blanca”, tanto en la Europa antigua mediterránea como en Oriente Próximo, eran muy comunes las culturas matriarcales que adoraban a una Diosa Suprema. Era una deidad asociada a la Luna y que se alzaba con luz propia frente al resto de dioses masculinos. Sin embargo, todas esas raíces y esos ecos de notable belleza fueron apagados por la irrupción del patriarcado.

La mujer y su impronta antropológica y cultural fue desteñida a partir del 400 a. C. Momento en se le obligó a habitar en los espacios privados, en el silencio y en la sumisión. La Gran Diosa, desafiante transformadora y llena de misterios, no murió: siguió existiendo en secreto en muchos pueblos. Se transmitió de generación en generación, de mujer a mujer en el mágico vínculo del legado femenino.
Se susurraba en silencio que una vez la mujer fue como la Luna. Ese arquetipo que avanza y crece a través de diversos ciclos, de diversos cambios. Alguien con poder sobre la naturaleza y que una vez fue temida por esa entidad que representaba el poder masculino: el Sol.

La mujer desafiante que llevas dentro


Son tiempos de desafíos. Todos esos legados culturales que otros quisieron silenciar siguen siendo nuestros. Son testimonios que ahora recuperamos en libros como la “Diosa Blanca” de Graves o con “Las mujeres que corrían con los lobos”de Clarissa Pinkola Estés. La mujer se sabe victoriosa, comprende que su voz tiene fuerza y que puede y debe desafiarse a sí misma y al propio mundo.
“Me pinto a mí misma porque soy a quien mejor conozco” -Frida Kahlo-

Admitámoslo, al final siempre llega ese momento. Ese día en que una se cansa de decir “sí” cuando lo que se desea es un “no”. Tal vez esa sensación de pleno control llegue, efectivamente, cuando se asume la propia madurez. Cuando ya no hay miedo al paso del tiempo, y la soledad no se ve ya como una enemiga. Sino como un espacio de crecimiento, de expansión y oportunidad.

Ahora bien, algo que todos sabemos es que la mujer desafiante, a veces, no es bien aceptada. Es como un pulso magnético que viene desde lo más profundo de la Tierra y que deja ir su fuerza para cambiar la realidad. Algo así se recibe con miedo. Porque los cambios que buscan renovar viejos cimientos se ven con inquietud.

Asimismo, la mujer con fuerte carácter se percibe todavía con desconfianza. La llaman egoísta solo porque se mantiene firme en sus convicciones, en sus valores o porque en un momento dado elige por fin priorizarse a sí misma. Lo creamos o no seguimos siendo esas hechiceras, renegadas a veces por nuestros dones pero envidiadas también por nuestras muchas capacidades.

No importa que seamos así de incorregibles, así de fieles a nuestras raíces. No importa tampoco que algunos no nos soporten. Somos lo que somos, personas orgullosas de nuestro linaje. Herederas de una diosa desafiante, que buscan crear sus propios caminos en dignidad y en felicidad.

Autor: Valeria Sabater - Psicóloga y escritora
Fuente: La mente es Maravillosa.com

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