viernes, 12 de agosto de 2016

Las personas que viajan solas tienen una cosa en común: Se vuelven sabias

No hay nada como despertarse solo en un lugar desconocido sin nada más que hacer que explorar. Es tremendamente estimulante y desconcertante al mismo tiempo.
Pero los aspectos más aterradores de esta experiencia son precisamente los que la hacen tan atractiva.

Las almas aventureras están enamoradas de los territorios desconocidos. Las moviliza la pasión por viajar y el deseo perpetuo por conocer lo desconocido.

Aquellos que viajan solos poseen estas características y más, reconocen el valor inherente de celebrar a la tierra y su hermoso dinamismo.

Todos somos ciudadanos del mundo, y viajar solo es la validación máxima de este hecho. Cuando viajas sin compañía, perteneces a todos y a nadie al mismo tiempo.

Ciertamente hay un gran valor y alegría en el viajar con otros, pero también es mucho más predecible. A través de los viajes solo, te comienzas a sentir más cómodo con seguir la corriente, lo cual es vital para el éxito, la sobrevivencia y la felicidad.

Así es, viajar solo es subestimado.

Viajar solo desarrolla la iluminación

Cuando viajas sólo en la compañía de ti mismo, eres tú quien determina el ritmo del viaje. Haces tus propios planes y dictas tus propios horarios.

Pero sin tener a alguien que te cuide, también eres responsable de tu propia seguridad. Es así como tus instintos se convierten en tu guía y mejor amigo.

Cuando te aventuras a lo desconocido sólo contigo mismo, esto lleva a tus sentidos a su máxima alerta.

Los humanos nunca son más perceptivos que cuando están inmersos en lo desconocido – es un mecanismo de supervivencia.

Por lo tanto, gracias a los viajes a solas, tú absorbes y reconoces mucho más de lo que harías si viajaras acompañado. Percibes, sientes y aprendes más de lo que jamás hubieses pensado.

Las excursiones individuales nos ayudan a dejar atrás la ingenuidad que teníamos acerca del mundo, ampliando nuestra perspectiva y volviéndonos más conscientes acerca de nuestras vulnerabilidades e idiosincrasias.

Tomando prestada una  cita de Henry Miller:

Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de mirar las cosas.

Puesto en palabras sencillas, viajar solos nos vuelve más sabios y cultiva el descubrimiento tanto interior como exterior.

Viajar solo reduce el estrés y aumenta la autopercepción

No te equivoques, si viajas solo, habrá veces en las que te sentirás extremadamente solitario.

Incluso si estás rodeado de gente, la soledad puede escabullirse – particularmente si están en un lugar donde nadie habla tu lengua nativa y comunicarse es difícil.

Pero la experiencia también te ayudará a entender la  importante diferencia entre estar solo y sentirse solo.

La soledad y el estar solo no es lo mismo. La soledad aumenta los sentimientos de aislación y agota el espírituEl estar solo incrementa la autopercepción y eventualmente nos hace sentir más conectados con el mundo. Nunca estamos verdaderamente solos, pero es difícil darse cuenta de esto sin el tiempo para reflexionar sobre ello.

Los seres humanos somos seres sociales; no sobreviviríamos sin la presencia de otras personas. Al buscar compañía, sin embargo, muchas veces dejamos de reconocer los beneficios del estar solo.

La vida está llena de distracciones, y muchas veces se vuelve difícil vivir en el momento. Necesitamos tiempo para sentarnos en la compañía de nuestros pensamientos y procesarlo todo.

La reflexión es vital para nuestra salud mental, y  es mucho más fácil hacerlo cuando estamos separados de otros.

Las investigaciones muestran que la meditación mindfulness, o la práctica de concentrarse 100% en el presente, disminuye la ansiedad significativamente y ayuda a reducir el cortisol, la hormona del estrés.

Viajar solo permite  un espacio para este tipo de reflexión benevolente.

La conciencia más elevada que acompaña a este tipo de viaje, combinada con el entusiasmo de las nuevas experiencias,  inconscientemente enfoca tu mente en el presente.

En consecuencia,  comienzas a dejar atrás el pasado, y los dolores y arrepentimientos que muchas veces le acompañan.

Al mismo tiempo,  dejas de preocuparte demasiado por el futuro.

En otras palabras,  viajar solo te ayuda a liberar tu mente y te enseña a celebrar cada boconada de aire que puedes tomar.

El autodescubrimiento requiere de exploración.

Quizás el mejor aspecto de viajar solo es que mientras descubres el mundo también descubres a tu verdadero yo. Es una forma de viajar intrínsecamente autorreflexiva.

Las limitaciones que te has puesto a ti mismo se dilucidan,  inspirándote a tomar un paso fuera de tu zona de comodidad.

Viajar con otros te permite aferrarte a lo que te es familiar, pero  durante las excursiones a solas no nos queda opción más que aventurarnos a un territorio desconocido, física y mentalmente.

Te vuelves amigo de personas desconocidas, comes comida de la cual nunca has oído, escuchas música tocada con instrumentos que no puedes nombrar y  comienzas a ver el mundo bajo un luz completamente diferente.

En el proceso, te conviertes en un individuo mucho más lleno de confianza, listo para salir al mundo con nada más que una sonrisa en la cara y una ardiente pasión por las nuevas experiencias.

Cuando viajamos solos, también descubrimos lo pequeños que somos, pero parte de un enorme, maravilloso e interconectado mundo. No hay nada más sano para el ego que percatarse de que, a pesar de que no es el centro del mundo, sigue estando conectado con él.

Esta epifanía hará que te deleites en la diversa naturaleza del mundo y sus habitantes.

Te importará más el bienestar de otras personas, además del bienestar general del planeta.

En palabras simples, viajar solo te volverá más amable, más empático y en un individuo más introspectivo.

Te enseña a buscar y celebrar las cosas poco familiares, 
haciéndote más apto y adaptado a la única cosa constante en la vida: el cambio.

Encontrarás respuestas a preguntas que no sabías que estabas haciendo, tener aventuras que nunca imaginaste que tendrías y crecerás como persona inconmensurablemente.

Viajar solo es perderse a propósito con el fin de ser encontrado.



Autor: John Haltiwanger
Fuente: http://elitedaily.com/life/travel-alone-wise/1131083/

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