martes, 9 de agosto de 2016

Cómo es tu relación de pareja según el tipo de padre que tienes

La figura paterna es mucho más definitoria en nuestra vida de lo que imaginamos. Cómo influye la figura del padre en las mujeres es un tema que, definitivamente, sigue siendo motivo de análisis. Y es que hay quienes la desestiman, mientras otros le dan una importancia gravitante en lo que será el futuro de una hija, incluso, en sus relaciones de pareja.
¿Pero qué tan cierto es? Estudios lo ratifican; el vínculo de una mujer con su padre es determinante en su autoestima, y en las elecciones del tipo de hombre que escoge como pareja. “En eso hay coincidencia en las distintas líneas psicológicas. En mi experiencia, en lo que tiene más influencia es la elección de pareja y en la autoestima. Un padre ideal, es decir, presente, cariñoso, apoyador, capaz laboralmente, querido y respetado por su esposa, generalmente se traduce en un regalo de autoestima y buena elección de pareja para sus hijas. En la realidad, eso sí, un padre perfecto es aquel que la mayor parte del tiempo es un buen padre; con defectos por supuesto, que se equivoca también, pero nunca llega a extremos. En general es una persona sicológicamente sana, y agradecido con su vida lo suficiente. Por el contrario, un padre ausente, castigador, con problemas sicológicos graves, excesivamente débil, inmaduro, entre otros, afectará en forma negativa a sus hijas y les dejará la difícil tarea de superar esa marca”, explica la sicóloga María Luisa Gumucio.

Sin ir más lejos, Edmundo Campusano, sicólogo y docente, detalla que la figura paterna dice relación con aspectos como la autoridad, la guía, el deber y la fortaleza. “Como también, de algún modo, se relaciona con la construcción de la identidad de la mujer en lo referido a validarse y saber respetarse a sí misma. En general es la figura del padre la que imprime ese aspecto en la formación personal”, explica.

El experto agrega que el padre es el representante más cercano que tiene del sexo “opuesto”, aquel en el que ve aquellas características de los hombres y con quienes podrá vincularse en el futuro. Esta figura y esta relación le permiten ver la masculinidad, no sólo cuando fue criada, sino también en el presente.

El padre es el representante de la sociedad, el que transmite “el deber ser”, la norma, aquellas cosas que si bien son difíciles de asimilar en etapas tempranas del desarrollo, no por ello son menos importantes para una buena adaptación a la vida futura. Por este motivo, si éste lleva a cabo esta tarea de forma autoritaria, la mujer tendrá más dificultades en la adaptación a ellas y, por el contrario, si es contenedor, un guía pero con afecto, este aprendizaje será más fácil y de mayor adaptabilidad en el futuro.

¿Cómo es tu padre?

Padre ausente

Edmundo Campusano señala que las mujeres que tienen padre ausente pueden desarrollar falta de confianza personal, sentir que no se está apoyada en la vida y que no cuentan con la protección necesaria para seguir adelante. A veces, también, pueden generar la sensación de no tener una estructura familiar “tipo” (aún cuando estén separados puede estar o no la figura paterna), de no ser parte de ese grupo de contención emocional primario. Esto puede repercutir en la vida emocional y, en consecuencia, no confiar en sus decisiones y estar siempre dudando de si misma en diversos ámbitos.

De acuerdo a María Luisa Godoy, hay 2 efectos que pueden verse en una hija de padre ausente con respecto a la elección de pareja:

1) Profundas heridas en el amor y la autoestima, que la lleva a elegir parejas que aportan poco. No sentirse “merecedora” del amor, convencida de ser incapaz de tener una pareja que valga la pena; muy insegura; fea; celosa; poco interesante, por lo que no busca o rechaza inconscientemente parejas valiosas, y a cambio acepta hombres que tienen poco para ofrecer pero que generalmente son cariñosos, con los que llena el vacío.

2) Autosuficiencia. Ya que no tuvo un padre que la protegiera aprendió a cubrir ella sus necesidades; “no necesito a nadie” es su lema, detrás de lo cual está el dolor de “no tuve a quien necesité”, lo que puede llevarla a no armar pareja o bien a elegir un hombre que no le importe, que sólo sea funcional a sus necesidades. Es decir, puede ser una mujer que no se arriesga, no se entrega al amor y huye de las relaciones realmente significativas.

Padre excesivamente sobreprotector

Campusano señala que es probable que un padre así anule, de algún modo, el proceso de madurez emocional, la capacidad de crecimiento y de poder desarrollarse y arreglárselas por sí misma. Puede contribuir a crecer, pero emocionalmente será frágil e inestable. La sobreprotección, en el fondo, crea en ella una especie de incapacidad vital. Esto es complejo, ya que está muy ligado a la sensación de ser siempre una niña, que no se la puede sola, lo que tiene efectos en la vida social, de pareja y laboral. A esto María Luisa Gumucio agrega escenarios o consecuencias posibles.

1) Puede mantenerse como una niña mimada que buscará una pareja que se haga totalmente cargo de ella, con tendencia a deprimirse o entrar en pánico frente a las dificultades de la vida.

2) Rebeldía, que se ponga en peligro –ya que no aprendió a cuidarse por ella misma– y elija desafiantemente parejas muy inapropiadas y contrarias a los deseos de sus padres.

Padre castigador

A juicio de Edmundo Campusano, el castigo bien utilizado sí es una herramienta en la formación. Pero si es sólo castigo, sin compresión, o cuando es recurrentemente castigador, la figura de poder y autoridad del padre genera daños importantes en el desarrollo sicológico, ya que se crece asustada, con la sensación de falla personal, de ser un “error”; en estos casos, la imagen personal queda construida sobre la idea de no ser válida, de no cumplir “con lo que se debe”, de estar constantemente en “un error”. A eso debemos agregar que el castigo viene precisamente de la figura que debería darle el soporte necesario para sentirse apoyada, que “nada malo va a pasarle si se equivoca”.

De esta manera, detalla, al crecer puede haber una constante sensación de miedo, de esconderse en los diversos espacios de la vida, buscar estar siempre detrás o querer pasar inadvertida y no atreverse a ser visible.

Para María Luisa Gumucio, esta crianza también tiene 2 efectos:

1) Baja autoestima y tendencia masoquista, que lleva a repetir el modelo y aceptar hombres abusivos y maltratadores, muchas veces guardando las apariencias y manteniendo en secreto su situación.

2) “Nadie más me va a maltratar”, la mujer se endurece y no tiene pareja, o bien ella se vuelve maltratadora con el sexo opuesto o elije un hombre muy débil, muy femenino, que no signifique ningún riesgo, pero que tampoco le importa realmente. Es decir, cierra su corazón.

Padre inmaduro

“Depende del tipo de inmadurez, en qué se haya traducido; si es un padre inconstante pero cariñoso cuando aparece, es menos marcador que los casos anteriores, porque el cariño está. Es posible que la hija –al crecer– acepte a este padre incumplidor, niño, pero que la quiere; puede generar rabia, una actitud maternal con el padre que también la lleve a actitudes maternales con las parejas. Le puede costar dejarse cuidar y proteger, porque no tiene la experiencia. También puede generar angustia fácil, ya que se incorporó la experiencia de la incertidumbre y falta de constancia en el amor, lo que puede generalizarse a lo bueno de la vida; es decir, que cuando las cosas van bien la mujer tema que ‘algo malo va a pasar’”, señala Gumucio.

Desde la perspectiva de Campusano, “lo que más se ve en estos casos es que muchas mujeres asumen un rol de cuidadores de estos padres y, de algún modo, parecieran más ‘maduras’ de la edad que tienen. Lo complejo es que se adelanta la adultez y se tienen que asumir roles que no son propias de su edad y para los cuales tampoco están capacitadas. Hay un costo emocional, y lo peor es que siente que tiene que cuidar a su padre para siempre; algunas incluso sacrifican sus propios deseos y proyectos vitales en pro de mantener y cuidar a este padre inmaduro”.

Evidentemente, también existe el equilibrio. “Un padre ideal, es decir, presente, cariñoso, apoyador, capaz laboralmente, querido y respetado por su esposa, generalmente se traduce en un regalo de autoestima y buena elección de pareja para sus hijas. En la realidad, un padre perfecto es aquel que la mayor parte del tiempo es un buen papá; tiene defectos, por supuesto, se equivoca también, pero nunca llega a extremos”, dice María Luisa.

Este tipo de relación sana trae consecuencias positivas. “Estas mujeres tienen un equilibro interesante de aspectos masculinos y femeninos; pueden ser tan autosuficientes y capaces de competir como de manejar sus afectos y ser sensibles y expresivas. En general pueden vivir su vida afectiva sin alteraciones, y lograr una relación plena, afectiva y sexualmente hablando, al igual que en los diversos espacios laborales, sociales, etcétera”.

Es importante señalar que si bien es fundamental ambas figuras en las vidas de las mujeres (padre y madre), el que una no esté no necesariamente se traducirá en complicaciones en el desarrollo y en la vida adulta. “Muchas veces esas características de figura paterna son reemplazadas por otra persona, como abuelos, tíos, amigos; incluso muchas madres cumplen ambos roles y colaboran en hacer presente aquellos aspectos necesarios para el bienestar del proceso de crecimiento”, asegura Edmundo Campusano.

Por último, hay que señalar que aun cuando no se haya tenido la figura paterna del modo más sano, siempre se puede reparar, siempre se puede tomar conciencia de aquellos aspectos que dificultan la vida y que se relacionan con la figura paterna, y sanarlos.

Todo depende

María Luisa Gumucio señala que las consecuencias o efectos del tipo de padre que se tuvo varían de una mujer a otra, no hay un patrón de conducta. ¿Por qué? Diferentes motivos:

1) Las características propias de la hija. Las personas más resilientes, es decir, con más capacidad de superar las dificultades y fortalecerse a raíz de ellas, puede que lo superen, logren muy buena autoestima y elijan una buena pareja. En cambio, habrá otras que necesitarán de un trabajo personal para lograr sanar las heridas y tener una vida plena.

2) El otro factor clave es el entorno, sus factores de riesgo y protección, cómo es la mamá, el colegio en que se desenvuelve, sus abuelos, tíos, primos, su barrio, su salud e incluso su belleza física, así como sus propias circunstancias de vida de niña.

Autor;  Carla Ingus M.
Vía: elintransigente.com




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