sábado, 23 de julio de 2016

Brindo por lo que ayer dolió y hoy ya no importa

Todos los que hemos pasado por cualquier dolor emocional, sabemos lo difícil que se puede tornar la recuperación, pensamos inclusive que viviremos con esa herida sangrando por el resto de nuestras vidas y por más que lo intentemos no lograremos que deje de doler.
Pasamos por muchas etapas, luego de la crisis que genera el dolor, abrimos paso a negar la realidad, a evadir nuestros sentimientos, a evadir lo ocurrido, luego pasamos por momentos de rabia y de ira, nos enojamos con quien nos ha lastimado o con nosotros mismos, nos enojamos porque las cosas no ocurrieron de otra forma, sentimos rabia de que las cosas no resultaran como esperábamos, luego vivimos una etapa de tristeza, de desolación, de desconsuelo, aquí probablemente nos cueste contener nuestras lágrimas, que nos ayudan de cierta manera a drenar nuestro dolor… Luego podemos retroceder a alguna de las etapas o llegar a aceptar.

La aceptación es la etapa donde comenzamos a sanar, donde nos damos cuenta de que no sirve de nada resistirnos, donde no es útil pelear, donde sabemos que no podemos cambiar lo que nos ha generado dolor y debemos sencillamente aceptar, sin resignación, solo con la consciencia de no está a nuestro alcance un resultado diferente…. A partir de allí viene el aprendizaje, durante el cual lo vivido se transforma en experiencia, donde podemos sacar finalmente provecho del dolor.

Lamentablemente no es una ruta recta, inclusive podemos quedarnos estancados en una etapa y no avanzar y generarnos más y más sufrimiento. Este proceso dependerá completamente de cada quien, aunque el apoyo de seres queridos ayudará en la pronta recuperación. Sin embargo, será cada uno el que elija si trabajará a su favor o en su contra, si dedicará más o menos energías a lo que le duele.
Es de mucha utilidad concientizar cada etapa y aunque todas deben llevar un tiempo, intentar acotarlas, no extenderlas más tiempo del necesario y saber utilizar los recursos que todos tenemos para salir de cada una de ellas.
No desgastes tu vida en sufrimientos que no valen la pena y te alejan de quien realmente eres. Canaliza tu energía en tu recuperación, aleja a tu mente del proceso, que a ella le encanta el drama y siempre puede hacer que las cosas sean inclusive peores de lo que realmente ocurrió.

Tienes el poder para superar todo lo que se presente, cree en ti, exterioriza tu fortaleza y si te quiebras, pues toma todos tus pedacitos para reinventarte, con mayor madurez, entereza, experiencia y fuerza.  Cuando deja de doler, es porque sencillamente te has curado. Celébralo.

Fuente: El Rincón del Tibet.com

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