viernes, 15 de abril de 2016

Critican en ti lo que no les gusta de sí mismos

Cada persona es una constelación de virtudes maravillosas, virtudes menos vistosas y bastantes defectos. Ni tú, ni yo, ni nadie escapa a eso. A todos nos habita un genio y un santo, pero también un tirano y un cretino. Nadie pasa por la vida sin cometer errores o sin hacer algo de lo que se avergüenza. Por eso, los que nos critican no tienen bien fundamentados sus argumentos.

Sin embargo, hay personas que se portan como si esto no fuera así. Sin tener muy claro por qué, o con qué derecho, hay personas que se convierten en jueces implacables de los demás. Son capaces de hacer una lista pormenorizada de los defectos ajenos, con todos los detalles del caso.
Llegan incluso a determinar cuáles son las acciones que debes seguir para salir de tus errores, o a marcarte el camino que deberías recorrer para superar tus defectos. Y se dan el lujo de volverse intolerantes frente a tus fallas o vacíos.

“Nuestra crítica consiste en reprochar a los demás el no tener las cualidades que nosotros creemos tener.”
-Jules Renard-

Cuando la crítica es constante y encarnizada, lo más probable es que no estemos hablando de una sana evaluación frente a los errores que tú cometes, sino de un mecanismo de defensa conocido como “proyección”. Es decir que te ven como un espejo: critican en ti lo que no les gusta de sí mismos.


Lo que critican en ti
Así como todos somos admirables en alguna medida, todos somos criticables también. Si le buscas defectos morales a San Francisco de Asís, seguro los encuentras. Si le buscas salidas tontas a Albert Einstein, de seguro también se las encontrarás.

Ahí está precisamente la clave del asunto: cada quien ELIGE qué ver y qué no ver en los demás. Generalmente esa elección está asociada a la forma como la persona que evalúa se percibe a sí misma. O sea: si se aprecia y rescata lo bueno de sí mismo, también verá lo bueno en los demás. Y al contrario.

Sin embargo, hay ocasiones en que las personas que critican no se conforman con ver lo peor de los demás a diestra y siniestra, sino que escogen a una persona o a un grupo en particular para hacerlo blanco de sus evaluaciones mordaces. ¿Por qué ocurre esto?


Lo que no les gusta de sí mismos
La proyección opera de la siguiente forma: la persona construye una opinión de sí misma, que a veces no es muy imparcial y objetiva. Puede que existan algunos rasgos en su forma de ser que le resultan inaceptables.

Puede tratarse de alguien que, por ejemplo, es profundamente egoísta en la práctica, aunque en teoría lance proclamas a favor de la solidaridad. Así, diseña argumentos falsos para justificar sus conductas egoístas. Es el tipo de personas que dice cosas como “me preocupa mucho tu soledad, pero desgraciadamente no tengo tiempo para visitarte.”

Quieren verse a sí mismos como alguien generoso, pero su egoísmo se lo impide. En realidad no son conscientes de que solo se preocupan por sus propios intereses y que no son capaces de hacer pequeñas concesiones a los demás. De verdad creen que sus pretextos son razones válidas para actuar como actúan.
El problema es que cuando detectan una conducta egoísta en los demás, alzan su voz para señalarlo y protestar. Se indignan y gritan a los cuatro vientos su rechazo a esos comportamientos. Les parece inconcebible que alguien actúe de esa manera.

Si les preguntas, te dicen que sus propios argumentos para ser egoístas son motivos completamente razonables: “No es que yo quiera ser así, es que las circunstancias me obligan.” En cambio, los motivos de los demás son puras excusas.


¿Qué sucede en el fondo?

Lo que sucede en el fondo es que las fallas de los demás, de manera inconsciente, les recuerdan sus propias fallas. No toleran en los demás lo que no toleran en sí mismos. O, en otras palabras, proyectan en los demás sus propias fallas, para no sufrir la herida narcisista de reconocerlas en ellos mismos.

La crítica por la crítica misma, casi siempre entraña una proyección. O sea, es muy usual que se critique a los demás por ser los portadores de rasgos que no nos gustan de nosotros mismos. Pero no lo hacemos adrede, simplemente no hemos hecho consciente que esto nos ocurre.

Vale la pena que estemos atentos a aquello que no soportamos de los otros. Si agudizamos nuestra observación, probablemente nos daremos cuenta de que esa intolerancia habla más de nosotros mismos que de los demás.

De la misma manera, cuando somos criticados no debemos tragar entero. Sería aconsejable que pensáramos en por qué esa persona eligió ver ese elemento negativo de nosotros. Es muy probable que lleguemos a la conclusión de que su crítica, en realidad, apunta hacia un territorio oculto de ellos mismos, y no hacia nuestra conducta.


Por Edith Sánchez
La mente es maravillosa.com

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