lunes, 22 de febrero de 2016

¿Por qué no termino lo que empiezo?

Comúnmente el ser humano, está acostumbrado a planear su día, sus labores y hasta su diversión con anticipación.

Sabemos o planeamos qué día iremos al supermercado, al banco, al dentista, al cine, etc.

De igual modo, en el trabajo, suele existir una rutina en la que ya sabemos a qué hora corresponde tal o cual actividad e incluso lo que ocurrirá tal o cual día de la semana o del mes.

Pero ¿qué sucede cuando intentamos comenzar un proyecto nuevo como pintar nuestra habitación, clasificar el clóset, comenzar con las clases de inglés, depurar nuestros calcetines o reorganizar la alacena?

Lo comenzamos con mucha energía y ánimo y lo dejamos a medias.
¿Por qué?

Porque el ser humano, está negativamente acostumbrado a que una tercera persona "lo presione", a que otra persona, ponga los límites, a que otra persona, marque el paso y el ritmo.

En Biodescodificación, hay un tema bastante interesante al respecto y viene de la mano con el Proyecto Sentido.

En cierta parte de dicha metodología, se aborda que el modo de nacimiento determina nuestro comportamiento a lo largo de nuestra vida.

Según el Proyecto Sentido, si yo nazco por medio de cesárea o con fórceps, un "tercero", me obliga a nacer "antes" o de manera "artificial". Y ese simple y sencillo hecho, provoca tal impacto emocional en las personas, que éstas asumen que en todo proyecto, deberá venir "alguien" que nos facilite la culminación, terminación o realización del proyecto.

Un bebé está cómodamente en el vientre materno. Conoce su ritmo, su período de nacimiento y digamos que "se toma su tiempo" para acomodarse y prepararse para nacer, cuando de pronto, un elemento externo lo obliga a salir de inmediato.

El bebé toma ésto como una "invasión" a su privacidad. Como una "falta de confianza" en él y en sus capacidades.

Es una desvalorización total, ante la confianza del bebé de poder nacer por su mismo esfuerzo.

Como adultos, planeamos una actividad. Le ponemos fecha y hora y comenzamos gustosos. Con todo el ánimo del mundo y dispuestos a llevarlo a término.

Pero no estamos listos para una "interrupción", sea ésta: una llamada telefónica, una emergencia imprevista, la visita de alguien, una invitación social, un paseo divertido...

Y tomamos dicha interrupción, como la orden de "abandonar" nuestro proyecto.

Ahora bien. Hablando del mismo asunto y refiriéndonos a aquellas personas nacidas normalmente y en el período indicado, presentar una falta de interés por un proyecto iniciado, puede tener su causa en la infancia y en el grado de reconocimiento que recibieron de los padres.

Si los padres son desidiosos, si los padres dejan todo a medias, si los padres no concluyeron sus estudios, si los padres planean para luego cambiar los planes, si los padres viven sin un orden o disciplina, entonces no esperen enseñar a sus hijos a finalizar sus proyectos.

Conozco personas que se mudaron de casa hace más de 5 años, y como decoración de su nueva casa, aún tienen cajas cerradas apestando a humedad.

Conozco personas que comenzaron a pintar su habitación y llevan más de 3 años con una habitación bicolor y con una lata de pintura como decoración de mesa de noche. De la brocha, ni hablar, hubo que tirarla porque se secó con todo y pintura.

Conozco personas que desarmaron la plancha para repararla, y pasaron tantos días, que las pequeñas piezas se perdieron y terminaron por comprar otra plancha.

Conozco personas que se inscribieron en el gimnasio por un año y dejaron de asistir al tercer día.

Y hay que saber diferenciar entre abandonar una actividad o proyecto a medias por evasión o por desidia, y el abandonar una actividad o proyecto por nuestras condiciones de nacimiento o comportamientos en los padres.

Hay personas, y muchas en realidad, que sabiendo que es un proyecto importante, una tarea, un deber escolar, una presentación para el trabajo, lo dejan para última hora. Esto quiere decir que no abandonan el proyecto para siempre, sino que lo hacen a un lado porque "no tienen cabeza ahorita", "no pueden concentrarse", "no han tenido tiempo de analizar cómo será", etc.

Y todo esto es evasión.

Niños que dejan los deberes escolares para hacerlos el domingo en la noche. Cuando ya no hay más remedio.

Padres que pagan el recibo de la luz el mismo día del corte.

Visitas al dentista hasta que ya no se soporta el dolor.

Evadir, evadir, evadir, aunque con ello, vengan de regalo problemas, conflictos, discusiones y hasta malestares físicos.

Evadirnos de una responsabilidad, ya es malo en sí mismo.

¿Pero por qué evadir algo que nosotros mismos nos propusimos hacer?

Simple, porque no nos interesa.
Tal vez decidimos pintar nuestra habitación, porque creímos que sería divertido, fácil y se vería genial. Y justo a la mitad, descubrimos que era complicado, que no nos gustaba el color y que realmente se veía fatal.

Tal vez nos mudamos a una casa nueva, y no conservo las cajas por flojera de desempacar, sino porque algo en nuestro interior, nos dice que esas cajas sólo tienen cosas que ya no deseamos en nuestras vidas y nos nos hemos decidido a tirarlas.

Tal vez decidimos estudiar algo porque otra persona lo sugirió o nuestros padres nos forzaron a hacerlo.

Entonces, ante la duda de si somos de los que "nunca terminan lo que empiezan", sentémonos a analizar realmente, si aquello que hemos decidido abandonar, era algo que en realidad deseábamos hacer o era simplemente una idea que parecía genial, pero que en la realidad, no lo fue.

Preguntémonos también, hasta qué grado, aquello que evadimos hacer o nos negamos a hacer a tiempo, es por la necesidad de que un tercero nos presione o nos obligue, y, si éste es el caso, tratar de analizar de dónde adquirimos ese mal hábito.

Si fue lo que vimos en nuestros padres o en la familia o fue la forma en que nacimos.

Seguramente descubrirás que el no terminar muchas de las cosas que comienzas, tiene una razón lógica y coherente.


Autores: Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco.
Akasha Sanación Integral 

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