sábado, 25 de julio de 2015

¿Dime cómo agarras el vaso y te diré como eres?


Muchas personas opinan que la mejor forma de conocer a otra persona  es hablando con ella. Hasta cierto punto es verdad, ya que pasamos gran parte de nuestra vida conversando, pero también existen los famosos gestos del lenguaje corporal, o señales no verbales. Imagínate, por ejemplo, que ni siquiera hace falta que alguien hable contigo durante una reunión, para que te conozca. En vez de eso, pueden fijarse en la manera de la que tomas tu vaso y sacar algunas conjeturas a base de ello.


¿Cómo agarras tu vaso?


1. Con las dos manos: Inconscientemente, tomas una pose de autodefensa y tienes una personalidad típica de las personas tímidas o pasivas. Sin querer, levantas paredes alrededor de ti, y te cuesta entablar nuevas amistades. No obstante, una vez que te relacionas con otra persona, eres cariñoso, comprensible y listo para sacrificarte por el bien de tu compañero.

2. Cerca del borde del vaso: Sin duda alguna, tienes tu propia visión del mundo, a la que te aferras. A menudo incluso te pierdes en tu pequeño mundo (y lo haces a propósito, puesto que te encanta).  Tienes un gran sentido de estética y eres un poco narcisista. Tu índole, poco común y único, hace que a veces puedes sentirte no entendido por los demás.

Por ello, te escondes en el mundo de tu fantasía y te gusta soñar despierto.

3. Lejos del borde del vaso: Eres independiente y no te dejas influenciar por otras personas con facilidad. Eres una persona muy estable, segura de sí misma, pero no sin pasar de la fina raya de la arrogancia. Sin embargo, también eres obstinado y caprichoso.

En compañía a menudo cumples el papel del alma de la fiesta, no tienes problemas a la hora de comunicarte con otras personas (incluso si en realidad acabas de conocerlos) y te haces querer.


4. Levantando el meñique: Cuidas sobre todo de ti mismo, y te gusta estar en el centro de la atención de los demás. 

En realidad, eres un llorón. Quieres que la gente te note, porque te hace falta muy poco para sentirte solitario. Acompañado, estás feliz.

Te caen verdaderamente bien los animales y, si pudieras, llenarías la casa con ellos. Te pones la máscara de una persona orgullosa y mandona, escondiendo tu verdadero yo.

Fuente en Inglés: http://www.quizane.com

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