sábado, 13 de junio de 2015

Doce responsabilidades importantes del discípulo de la nueva era


La nueva era es un nuevo estado de vida; es una nueva disciplina de supervivencia y creatividad. A fin de usar este nuevo estado para tu propia supervivencia y para la supervivencia de la humanidad, debes adaptarte a la nueva era. El primera paso de la adaptación es salir lentamente de la piel de tus mezquinos intereses y entrar en la luz de la síntesis, la unidad y el interés por toda la humanidad. Así es como los discípulos de la nueva era van a salvar a la humanidad de un peligro mayor.

La nueva era es un nivel de consciencia que alcanzas como resultado de tu empeño, tu sufrimiento y tu alegría. A menos que la gente construya un nuevo nivel de consciencia dentro de sí misma, no habrá una nueva era, porque todo lo nuevo que llegue será traducido como una fórmula vieja por el viejo nivel de consciencia de la gente.

Un discípulo de la nueva era tiene doce responsabilidades importantes: 

1. La primera responsabilidad - lo cual es bastante curioso - es estar sano. Evita todas las cosas que malogren tu salud y tu corazón. Si no estás sano, no podrás soportar las presiones que cargan tus espaldas; no podrás mantener tu equilibrio en las surgentes olas del océano; no podrás mantener tu estabilidad en los torrenciales vientos y ventarrones del mundo. Un Sabio escribió una vez que los discípulos son quienes, desde su infancia, tuvieron un mecanismo muy fuerte y se mantuvieron puros y santos para poder enfrentarse con las dificultades venideras de la vida.

2. La segunda responsabilidad del discípulo es desarrollar abarcancia, amor y compasión. No podrás ser un discípulo de la nueva era si dentro de ti hay odio y separatismo, si expresas fealdad con tus pensamientos, emociones y conducta.

El discípulo tiene una responsabilidad aún mayor de enseñar estas cosas a los demás siempre que sea posible. Un gran Sabio dice que tomemos la antorcha y la llama del amor, y la esparzamos por doquier para detener el fuego del odio.

A los Maestros se los llama Maestros de Compasión. Ellos lo ven todo, y aún conservan su amor y su buena voluntad ardiendo. Este es el significado de la compasión.

3. La tercera responsabilidad del discípulo es desarrollar la mente a través de la educación correcta, de la creatividad y del servicio. Cada día deberás expandir tu consciencia mediante lecturas, servicio y creatividad porque sólo una mente organizada, educada y depurada podrá absorber los mensajes del Alma y de los grandes Centros del universo, y traducirlos del modo correcto. Si tu mente es torcida y sin educación, no podrás comprender la vida; no podrás ver la necesidad; no podrás discriminar; no podrás digerir ni formular las ideas y visiones de la nueva era.

Con creatividad, digieres las inspiraciones e impresiones que entran en tu organismo. No hay digestión si no haces esfuerzos para crear. Esto es muy importante.

El servicio es muy importante. El servicio te revela tus debilidades y defectos; te muestra por qué no puedes satisfacer las necesidades de la humanidad. A menos que veas lo que eres, no podrás servir. Un discípulo necesita humillación y humildad al enfrentarse con su servicio.

4. La cuarta responsabilidad del discípulo es recalcar con su propia vida la unidad y la síntesis y oponerse a todas las formas de separatismo y odio. Un discípulo no puede decir: "Esto es mío y esto es tuyo..." Debe abogar por la unidad.

5. La quinta responsabilidad es recalcar la belleza. Un discípulo debe ver belleza en todas partes. Al ver belleza, suscitas belleza. Al ver fealdad, suscitas fealdad; aumentas la fealdad. Al ver belleza, fecundas y dinamizas la belleza. La belleza es el Yo recóndito que vive dentro de ti. Haz que esa belleza aflore.

6. La sexta responsabilidad es expandir buena voluntad. Un discípulo debe tener la voluntad encauzada hacia el bien a favor de todos y de todo. No tengas celos de lo que los demás tengan. No digas: "Su esposa es tan bella... Yo ni siquiera tengo una esposa..." Cuando tienes celos, estás en cortocircuito contigo mismo; estás en cortocircuito con tu sistema eléctrico de la red de tus energías.

Buena voluntad significa dar a Dios una ocasión para que se exprese a través de ti. Buena voluntad significa que Dios se irradia a través de ti porque Dios es bueno.

7. La séptima responsabilidad es construir puentes - puentes con el Guía interior y con las Fuentes superiores - y entrar conscientemente en contacto con los niveles superiores en los que existen grandes centros de aprendizaje.

No nos referimos a ser un médium. Construir puentes significa expandir y construir tu Antahkarana o tu continuidad de conciencia, de modo tal que, a su tiempo, tomes contacto con otras dimensiones en las que existen mayor luz, mayor belleza y mayor bondad. Un discípulo jamás obtendrá sus mensajes de fuentes de segunda mano. Sacará su antena y recibirá sus mensajes conscientemente, con continuidad de consciencia.

8. La octava responsabilidad es crear un campo de servicio para la elevación de la raza humana. ¿Estás haciendo algo por la humanidad para elevar el nivel humano? ¿Tienes siquiera un pequeño campo de servicio, tal vez una mesita y una silla en tu casa, en la que escribas cartas, envías poemas o pintas cuadros?

Un discípulo debe crear su propio servicio. Un discípulo real no puede descansar hasta que cree campos de servicio, porque una persona es igual al alcance del campo de servicio que ella crea. Un discípulo de la nueva era no se contenta tan sólo con un campo. Es un diamante de mil facetas. Cada faceta irradia cosas bellas y refleja cosas bellas. Si sólo irradia, es egoísta. Debe también reflejar la belleza de los demás; debe reconocer y ensalzar las realizaciones de los demás.

9. La novena responsabilidad del discípulo es ser un ejemplo: un ejemplo de paciencia, tolerancia, empeño y sacrificio. ¿Puedes dar ejemplos de estas cosas en tu vida?

10. La décima responsabilidad del discípulo es difundir el conocimiento de los Seres Superiores, la existencia de los Grandes, la existencia de la Jerarquía. Pero un discípulo debe tener información de primera mano acerca de estas personas a fin de hablar de ellas.

11. La undécima responsabilidad es difundir el conocimiento de la inmortalidad. Debes decirle a la gente que no es sólo carne y huesos que se van a pudrir en la tumba; debes decirle que esa gente es luz que durará eternamente, construyendo millones de cuerpos diferentes. Pero, asimismo, un discípulo debe tener la experiencia de la inmortalidad a fin de enseñar la inmortalidad y sacar al ser humano del temor a la muerte.

12. La duodécima responsabilidad del discípulo es la de recalcar el ser. Recalcar el ser significa buscar la prueba sólida de que la gente está creciendo y madurando. La gente debe manifestar su realidad más allá de su apariencia, sus palabras, sus ropas, su maquillaje, etc.

Si te empeñas en estas doce responsabilidades, serás un candidato al sendero del discipulado de la nueva era.

El desarrollo del ser humano avanza en formación similar a la de una espiral. Por ejemplo, ejecutamos virtudes, imitamos virtudes y hablamos de virtudes como si las tuviéramos y fuéramos virtuosos. Esta es una espiral inferior o, el reflejo de una espiral superior. Luego, nuestra conciencia sube, desde el reflejo hasta la realidad, y entra en una espiral superior, en la que encontramos la sustancia real de las virtudes y las vivimos y expresamos en nuestra vida.

Cuando desarrollamos y practicamos las virtudes, entramos en otra espiral superior, en la que vemos las correspondencias planetarias de las virtudes, destruimos las limitaciones de nuestras virtudes y las destinamos a las dimensiones planetarias de las virtudes.

Llega un tiempo en nuestro desarrollo en el que subimos a otra espiral más alta todavía y captamos allí las correspondencias solares de las virtudes, y destruimos nuestras anteriores limitaciones. Esto prosigue hacia espirales cada vez más elevadas. Vemos cómo a través de estas espirales, nuestra naturaleza atraviesa un proceso de transmutación, transformación, transfiguración y resurrección. Para nosotros, las virtudes ya no significan palabras, conceptos, ideas o visiones sino la sustanciación de energías superiores, expresadas a través de nuestra vida. Tal sustanciación significa que toda nuestra naturaleza es construida por la sustancia y la energía de las virtudes.

Un día será posible comprender que las virtudes son líneas de comunicación entre nosotros y Seres avanzadísimos que encarnan las virtudes. De manera que las impresiones superiores, las inspiraciones y el contacto directo con las esferas superiores, sólo son posibles mediante el desarrollo de las virtudes.

El mismo desarrollo en espiral se produce en relación con nuestros sentidos, centros y cuerpos: primero reflejo, luego realidad; primero sueños, y luego concreción. Primero jugamos con sombras en los sentidos, después descubrimos la realidad detrás de las sombras. Espiral tras espiral, los velos de maya se levantan para quienes ponen su empeño.

Extracto del libro: "El discípulo: su desafío esencial" de Torkom Saraydarian. Editorial Kier, Buenos Aires, 1ª edición, p. 115-118


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