lunes, 16 de marzo de 2015

Escuchar a quienes se quejan es malo para tu cerebro

Exponer a tu cerebro a una negatividad continua influye en su funcionamiento. Desde aquí, te queremos ayudar a defenderte de esta energía perjudicial.



¿Odias cuando la gente se queja? Pues, hay una buena razón: escuchar demasiadas quejas es malo para tu cerebro, según Trevor Blake. Blake es un emprendedor y autor del libro “Three Simple Steps: A Map to Success in Business and Life” (Tres simples pasos: Un mapa al éxito en los negocios y en la vida). En el libro, el autor describe cómo los neurocientíficos han aprendido a medir la actividad cerebral cuando recibimos varios estímulos, incluida una larga sesión de quejas.


“El cerebro funciona como un músculo, más de lo que nosotros pensábamos,” dice Blake.“ Así que si estás atrapado en un rincón durante demasiado tiempo escuchando a alguien siendo negativo, tienes más probabilidades de comportarte de esa manera.”

Aún peor, exponerte mucho a las quejas te puede hacer tonto. Las investigaciones han demostrado que exponerte 30 minutos o más de negatividad, incluso si es a través de la televisión, provoca la expulsión de neuronas del hipocampo cerebral. “Esa es la parte del cerebro que necesitamos para resolver problemas,” comenta Blake, “Básicamente, hace tu cerebro papilla.” 

Pero hay situaciones en las que no puedes evitar escuchar quejas. Por ejemplo, si llevas una compañía, ¿no necesitas saber todo lo que va mal? “Hay una gran diferencia entre decir que algo va mal y una queja”, nos dice Blake. “Normalmente, la gente que se queja no quiere una solución; solo quieren que te unas a su indignación. Casi puedes escuchar los cerebros chocar cuando seis personas se reúnen y empiezan a decir: “¿No es terrible?” Esto dañará a tu cerebro incluso si solo estás escuchando pasivamente. Y si intentas cambiar su comportamiento, serás el objetivo de sus críticas.”

Así que, ¿cómo te defiendes a ti y a tu cerebro de toda esa negatividad? Blake recomienda las siguientes estrategias:

Distánciate

“Mi padre era un fumador empedernido”, confiesa Blake. “Intenté cambiar ese hábito muchas veces, pero no es tan fácil de hacer.” Como Blake sabía que el humo podía perjudicar también a sus pulmones, la única solución que le quedaba era distanciarse.

Deberías ver las quejas del mismo modo, nos recomienda. “Siempre he visto las quejas como si fuera el tabaco”. Tu cerebro te agradecerá si te alejas de la persona que siempre se queja, siempre que puedas.

Pide a la persona que se queja que solucione el problema

A veces, distanciarse no es una opción. Si no puedes marcharte tan fácilmente, una segunda estrategia que puedes probar es pedir a la persona en cuestión que solucione el problema.


“Intenta conseguir que la persona tome responsabilidad para encontrar una solución.”

Normalmente, suelo responder a una queja con “¿Y qué vas a hacer al respecto?”. Muchas personas simplemente dejan el tema o se van porque no le has dado lo que estaban buscando. Sin embargo, algunos puede que intenten arreglar el problema.”, afirma Blake.

¡Protégete!

Cuando estás atrapado escuchando quejas, puedes utilizar técnicas mentales para bloquear esta energía que te llega y salvar tus neuronas. La táctica preferida de Blake se la tomó prestada a Severiano Ballesteros. Durante un partido de golf contra Jack Nicklaus, todo el público quería que Ballesteros perdiera. Como estaba teniendo problemas en controlar toda esa hostilidad, imaginó que un tarro gigante invisible descendía del cielo para protegerle.
Una estrategia parecida es retirarte mentalmente a tu lugar imaginario favorito, algún lugar al que irías si pudieras hacerlo con un simple movimiento de varita mágica. “Para mí, era una pequeña playa preciosa con arena blanca como el azúcar y con forma de herradura en una isla privada” nos confiesa Blake. “Me llevo siempre a mi sitio privado cuando la gente se queja y protesta. Puedo sonreírles y asentar con la cabeza en el momento oportuno mientras paseo por mi playa privada.”

Blake cogió esta imagen de una revista y esa foto se quedó grabada en su cerebro. Al final, consiguió probarla de verdad. “Descubrí que la isla se alquilaba y era la misma que yo había visto. Así que la alquilé durante una semana y puede dar ese paseo.”

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