jueves, 8 de enero de 2015

Vivir Sin Sufrimiento. Parte 4

"El fracaso no existe, eso lo han inventado los mediocres, sólo existen resultados". -Ralph Lewis

CONDICIONES BÁSICAS PARA PRACTICAR LA TÉCNICA


Esta técnica se compone de tres factores básicos:

- Boca ensalivada, que facilita el adecuado estado físico de relajación.

- Concienciarnos de la Energía que entra por la parte alta de la cabeza y sale a través del  plexo solar; canalizando la esencia divina e irradiándola hacia fuera.

- El amor en nuestro corazón, para sumarle a la Energía anterior lo mejor de nosotros.

Estos tres conceptos deben registrarse, fusionados, en nuestra mente de tal manera que cuando evoquemos uno cualquiera de ellos, –es decir, que tanto al pensar que la boca se llena de saliva; sentir la Energía entrando por la cabeza y expandiéndose a través del plexo solar o experimentar el Amor en el corazón– será como pulsar un dispositivo para que se ponga en marcha todo el mecanismo y se produzca el  “triple efecto”. La mente dará automáticamente la orden; el cuerpo se relajará de inmediato y la serenidad, la confianza y la entrega aparecerán en nuestro ánimo para cumplir la misión que nuestra intención le dicte.

Por eso es de suma importancia que inicialmente se dedique un pequeño espacio de tiempo al día, preferentemente antes de dormirse, por la noche, o al despertarse, por la mañana –hasta que se sienta que efectivamente el registro mental está efectuado– al ejercicio mental; primero, de identificar claramente cada uno de los factores y luego de unificarlos los tres. El estado meditativo –en las personas que estén familiarizadas con la meditación– podría ser idóneo para estos ejercicio, pero si no, bastará con encontrar un buen momento de tranquilidad.

Se empezará por acceder al reconocimiento de cada uno de estos factores por separado, hasta tener la absoluta certeza de tenerlos bien fijados en nuestra mente, procediendo de la siguiente manera:

Ensalivación.- Ejercitemos la ensalivación diciéndonos la siguiente frase: “mi boca se llena de saliva fluida y dulce”. En pocos días nuestra boca se ensalivará solamente con pensar en ello.

Canalizando Energía.- Ejercitemos la capacidad de hacernos conscientes de la Energía que entra por la parte alta de nuestra cabeza, a ser posible visualizando que ésta entra en forma de luz blanca, pero si tenemos impedimentos para visualizar podemos concebir la Energía como quiera que se nos ocurra, lo único imprescindible es tomar consciencia de ello. Y que a la vez que nos concientizamos de que la Energía entra, la irradiaremos, también, hacia fuera por el plexo solar –boca del estómago, donde termina el esternón– hasta que esto se produzca solamente con desearlo. Al principio, para entrenarnos, podemos ayudarnos con la respiración; de manera que cuando inspiramos la Energía entra y al expirar la irradiamos hacia fuera.

Experimentando Amor.- Ejercitemos también la dulce sensación de experimentar el Amor en nuestro corazón hasta que, de igual manera que en los casos anteriores, ese efecto aparezca con sólo pensar en ello. (Léase el capítulo sobre el amor).

Y por último ”FUSIÓN”. Ensalivemos la boca, canalicemos Energía expandiéndola y a la vez evoquemos el Amor en nuestro corazón tratando de mantenernos ahí el máximo tiempo que nos sea posible, pero unos cuantos segundos pueden ser suficientes.

Hemos de comprobar, tranquilamente una y otra vez que, efectivamente, cada vez que pensamos en cada uno de los tres factores los otros dos se presentan también y cuando estemos seguros ¡Aja! Tendremos la comprobación de haber archivado en nuestra mente una poderosa arma de transformación personal con la que podremos trasmutar todo nuestro sufrimiento en paz armonía y equilibrio.

Nuestra cabeza será como una enorme antena que recoge la Energía que le llega de todas direcciones. Nuestro corazón le suma a ese torrente energético el amor que hay en él. Y por nuestro plexo solar se emite, hacia fuera esa Energía, enriquecida con nuestra mejor intención, en la dirección de nuestro objetivo. 

ACLARACIONES EN CUANTO A ENSALIVACIÓN

El Dr. Ángel Escudero, creador de la noesiterapia –técnica de superación del dolor a través del pensamiento– lleva treinta años haciendo intervenciones quirúrgicas con “anestesia psicológica”, para lo cual el paciente consigue anestesiarse y mantenerse anestesiado –durante el tiempo que previamente se ha programado mentalmente– sólo y exclusivamente conservando la boca ensalivada.

La razón de mantener la boca ensalivada, según Escudero, tiene relación con la activación de una serie de funciones del sistema parasimpático. Cuando pensamos: <fluye saliva en mi boca>, el cerebro recibe la idea, en respuesta a esta orden, y pone en marcha el mecanismo necesario para estimular las glándulas salivares y que se produzcan la saliva fluida necesaria. Si se consigue la ensalivación fluida, se pueden detectar, además, todos los signos de una respuesta biológica positiva, acompañados de una mejor sensación de paz y relajación y una disminución de la frecuencia de los latidos del corazón y en las arterias, por una vasodilatación, se producirá una disminución de la resistencia periférica al flujo de la sangre. En los pulmones se estimula la contracción de los músculos espiratorios, por tanto se facilita la expulsión del aire. En el estomago, intestinos etc., se produce una tendencia al aumento de la movilidad y la secreción de jugos gástricos.

La sabiduría popular lo sabe desde hace mucho tiempo y lo expresan con frases como: <seme cae la baba> o <se me hace la boca agua>.

Además de todo eso, parece ser, que el reflejo de producir saliva es el primero que se produce en el feto, antes incluso que el reflejo de succión, y de esa forma conectamos a nivel biológico y mental con las primeras sensaciones vitales del organismo y por tanto, los registros neurológicos se activan haciendo que en el cerebro se estimulen aquellas zonas que segregan hormonas gratificantes: endorfinas. Es como conectar con el potencial mental para actuar en el físico y conseguir mejores resultados.

Dice el Dr. Escudero que si la enseñanza de la ensalivación la conociera y practicara todo el mundo, el hombre se encontraría de regreso al paraíso, entendiendo esto, no como un lugar en la tierra, sino como una situación de privilegio, a partir de la cual se podría empezar la evolución positiva hacia el bien infinito que fue nuestro origen y que ha de ser, necesariamente, nuestro fin.

UTILIDAD DE LA TÉCNICA 

Utilizar un objeto externo, como “detector”, para sanarnos, es el componente estrella de esta técnica. Su simplicidad y eficacia es el descubrimiento más afortunado de mi vida. Siempre que una imagen, una escena, una situación, un gesto, un color... o cualquier cosa o persona que nos causa malestar, fastidio, incomodidad, disgusto o cualquier otra sensación molesta, hemos de aprovechar ese instante para “pulsar el dispositivo del sistema” y dirigir hacia ello, la energía transmutadora que esa acción produce.

Ya hemos mencionado anteriormente que debemos estar agradecidos a que las sensaciones desagradables hagan su aparición, ya que ellas son los detectores de nuestras cargas dañinas inconscientes. Estar atentos a su aparición, al principio, –con la práctica la atención se hará constante sin pretenderlo– es fundamental porque de otra manera perderemos la oportunidad de desactivar la emoción en ese mismo momento y aunque podríamos recuperar la sensación y tratarla más tarde, la experiencia me ha enseñado que no suele hacerse por resultar demasiado laborioso rescatar tanto la imagen como la sensación exacta y aunque puede lograrse no tendrá el mismo grado de intensidad que cuando se efectúa ante la vivencia directa.

Si la practicamos asiduamente, esta técnica terminará convirtiéndose en una terapia cotidiana para la que no necesitamos nada más que la observación de nuestras manifestaciones ante los acontecimientos diarios. De esa manera estaremos expandiendo nuestra conciencia para liberarla de su linealidad y su constricción.

Cuando nos adiestramos en el manejo de la observación podemos ver claramente cómo el cuerpo emocional maneja a la mente conduciéndola hacia los más recónditos lugares del subconsciente donde residen las energías que necesita para mantener su hegemonía. Cuando observamos por primera vez ese dominio nos parece espectacular: la mente desconcertada va recorriendo cada uno de los pensamientos que estaba acostumbrada a utilizar para sustentar al cuerpo emocional y como nosotros lo advertimos, a través de la observación del propio movimiento mental y la repercusión en el plexo solar; aplicamos la técnica una y otra vez. La mente, entonces, sigue buscando y nosotros seguimos observando, y haciendo lo mismo con la aplicación de la técnica, –que es justamente lo contrario que el cuerpo emocional pretende– hasta que se produce la rendición y se nos empiezan a presentar pensamientos no dañinos –de los cuales el cuerpo emocional no puede alimentarse– en los que le permitimos a la mente quedarse. Es entonces cuando comenzamos a llevar el control, a liberarnos realmente y a tener acceso a una mente sin límites.

En este punto, las resistencias, que aparecían con tanta intensidad al principio, se irán debilitando progresivamente, aunque seguirán estando presentes mientras sigan apareciendo los malestares.

Las sugerencias que se detallan a continuación son a modo de referencia porque esta técnica no es estricta, sino abierta a la creatividad de cada uno, con lo cual cada persona puede y debe usar su propia iniciativa para practicarla como mejor se le ocurra, siempre que tenga presente las condiciones básicas. Se trabaja mejor aquello que mejor se adapta a nuestra forma de concebir o visualizar porque nuestra mente reconocerá como suyo aquello en lo que ella a contribuido a crear.

EJEMPLOS

 Supongamos que estamos hablando con una persona que, consciente o inconsciente, es alguien que nos produce rechazo. En cuanto percibimos esa sensación de fobia ya tenemos el material necesario para hacer la limpieza de esa emoción nuestra. Y digo nuestra porque poco importa que el sentimiento sea reciproco. Además, no entraremos en considerar el motivo de ese rechazo ni en evaluar el comportamiento de esa persona porque no nos hace falta para lo que pretendemos, que es que nuestro desagrado se diluya. Como íbamos diciendo, en cuanto descubrimos la emoción, “pulsamos el dispositivo” dirigiendo el efecto hacia esa persona. Ya sabemos que cuando nos hacemos conscientes del desagrado debemos aprovechar el momento. Y no solamente con las personas detectamos la emoción dañina. Muchas veces algunos animales, objetos, pensamientos, etc. nos descubren fobias que también deben ser tratadas de la misma manera.

Idénticamente tendremos que actuar cuando los medios de comunicación nos sorprendan con escenas o imágenes que nos cuesta trabajo soportar. Utilicemos el instante que tardaríamos en “cambiar de canal” o “pasar la página”, para ejecutar la misma acción y dirigirla a la imagen en cuestión. Observaremos como el sufrimiento se trasformará solamente en compasión o dolor y ya sabemos que estos no son de naturaleza enfermiza.

Las preocupaciones debemos tratarlas de una forma similar. Supongamos que alguien a quien queremos mucho se ha ido de viaje y constantemente nos martiriza el pensamiento de que podría tener un accidente. Podemos “pulsar el dispositivo” dirigiendo la intención directamente a la idea misma, pero como eso resulta dificultoso por la ambigüedad del posible hecho y como, además, la visualización de un hipotético accidente implicaría mucha resistencia, podemos, en este caso, utilizar la presión que, con estas preocupaciones, se suelen producir en el pecho o en la cabeza, como el "objeto" hacia dónde dirigir la acción o incluso, dirigirla a la imagen mental de la persona en concreto.

Podemos hacer lo mismo con cualquier otro tipo de miedo. Lo fundamental es su identificación; una vez que tenemos localizada la emoción habremos conseguido lo único necesario para poder aplicar el tratamiento. Siempre que nos sorprendamos en actitud de miedo debemos utilizar la técnica. Si el miedo lo sentimos en el pecho “pulsamos el dispositivo” y permitimos que la Energía salga por él hacia fuera sin más, dejándola fluir y fluir aunque no la dirijamos hacia ningún lugar en concreto.

También podemos tratarnos lo vituperable –esa parte del cuerpo emocional de la que nos avergonzamos porque nos hace temer ser una mala persona– dirigiendo la Energía a escenas o deseos que despiertan en nosotros sentimientos de los que queremos huir porque nos avergonzamos de ellos. Porque la huida, si es que la conseguimos, no impedirá que vuelvan a presentársenos, más tarde, una y otra vez, si no que por el contrario, cuanto más le neguemos la salida a la emoción, con mayor insistencia nos seguirán atormentando. En lugar de evadirnos, hemos de aceptar. Aceptar que por alguna razón esas sensaciones están formando parte nuestra aunque nosotros no lo deseemos o no podamos entenderlo. En esa parcela del cuerpo emocional es donde residen nuestros instintos más bajos y contiene una energía muy potente que no encuentra modo de expresarse ya que continuamente la estamos comprimiendo. El tratarla con aceptación y Amor nos aportará una gran liberación.

Podemos también tratarnos a nosotros mismos utilizando el reflejo de nuestra imagen física en el espejo o en un cristal, –cuando, por ejemplo, vamos por la calle y vemos reflejada en un escaparate una imagen nuestra que no nos gusta– para equilibrar nuestra autoestima y aceptarnos tal cual somos y no tal como nos percibimos. Esto lo haremos de la misma manera: en cuanto descubramos el rechazo o la vanidad de nuestra propia imagen, ya podemos “pulsar el dispositivo” y dirigir la intención al reflejo de nuestra propia imagen hasta conseguir liberarnos de todas esas impresiones mentales que dicen: <estoy gordo>, <estoy demacrado>, <estoy guapísimo> etc.  A través de esas posturas el cuerpo emocional intenta controlar las percepciones de nuestro cuerpo físico y tenemos que atravesar todas esas impresiones descristalizándolas con nuestro Amor, para conseguir estar por encima del juicio al que la mente nos induce para contentar al cuerpo emocional. Nos terminaremos gustando sin necesidad de forzar nada, aceptándonos y sintiéndonos hermosos tal cual somos, logrando, además, aceptar de igual manera a los demás. Esa actitud nuestra se mostrará al exterior consiguiendo que las demás personas nos perciban del mismo modo que nosotros lo hacemos y, aunque así no fuera, para nosotros, la actitud ajena, carecerá ya de importancia.

Cuando queramos aplicar la técnica para una dolencia física nuestra, hemos de dirigir la acción del tratamiento a la zona enferma. Por ejemplo, supongamos que nos duele un pie. Nos hacemos conscientes del dolor y sin huir de él, “pulsamos el dispositivo”  y permitimos que su acción actúe sobre la parte del cuerpo que lo necesita. El tiempo de mantenimiento depende de las condiciones mentales de cada uno y de nuestro adiestramiento, porque cuanto más nos prodiguemos en utilizar este mecanismo de sanación, más hábiles nos convertiremos en su manejo y más rápidamente aparecerán las respuestas. Sugiero que si al principio nos cuesta más trabajo mantener la atención el tiempo suficiente, hagamos breves intervenciones repitiéndolas una y otra vez hasta que aparezcan los resultados, con la convicción de que al desaparecer el síntoma, también lo hará la causa que lo produce.

La insistencia y la confianza en el poder de la mente y de la Energía serán imprescindibles. De esta manera podremos incluso anestesiar cualquier parte dolorida de nuestro cuerpo con sólo repetir varias veces, por ejemplo: “mi pie está anestesiado y lo seguirá estando durante una hora, seis horas, un día, hasta que se restablezca por completo...”, lo que consideremos oportuno.

Al tener la seguridad de que nuestro cuerpo obedece las órdenes que se les dictamos conscientemente, tomaremos su control a través de las señales que nos llegan como respuestas físicas a las alteraciones internas. Como nuestro cuerpo está continuamente enviándonos mensajes de sus disfunciones, utilizaremos estos síntomas, para sanarnos, transformando cada dolencia o molestia en una “orden” de solución al desequilibrio energético que la produce.

Sabiendo que cada disfunción física corresponde a un desequilibrio o bloqueo energético; sabemos también que tenemos la posibilidad de corregir el mismo, con la Energía que continuamente tenemos a nuestra disposición y que dirigimos con la colaboración del poder creador de nuestro pensamiento.

En ocasiones, aunque lo que nos duela sea, por ejemplo, una rodilla, a la vez, se nos instala un desconsuelo en el pecho, en la cabeza o en la boca del estómago. Por ese motivo cuando queramos “tratarnos” una dolencia física, que contenga ese doble síntoma, podemos hacerlo dirigiendo la intención, además de a esa rodilla directamente, a donde se refleja la otra sensación, intercalando ambos lados. También podemos intensificar la acción poniéndonos las manos.

Al tratar nuestras dolencias físicas podemos usar el torrente energético a través del interior de nuestro cuerpo, haciendo que se expanda desde el plexo solar, por dentro de nosotros, hasta la zona donde resida la dolencia y desde ahí la hacemos irradiar hacia fuera.

Podemos también utilizar este sistema para trabajar en grupo. Por ejemplo, haciendo un circulo de varias personas cogidas de las manos y metiendo en él, mentalmente, las preocupaciones, los deseos, los dolores, los miedos, las enfermedades, las catástrofes, el planeta, etc., etc., y “dirigir la acción” hacia el interior del circulo.

La mejor manera de ayudar a otras personas es enseñándoles lo que hemos aprendido para que ellas, a su vez, se sienta atraídas y quieran aprender. Pero hay veces que el desequilibrio físico es ya tan grande, en algunas personas, que aun poniendo todo su empeño, son incapaces de trascender el campo de las resistencias para frenar los procesos de su enfermedad y aun comprendiendo el sistema del que aquí se habla y aceptando su poder, no pueden ponerlo en marcha. En esos casos debemos transmitirles serenidad y aceptación para que, al menos, la desesperación no agrave aun más la situación en que se encuentren.

Podemos ayudarles canalizando la Energía de la misma forma que ya conocemos y llevándola desde nuestro plexo solar hasta nuestras manos e irradiarla a través de ellas. Los tratamientos de Reiki, que consisten en recorrer todo el cuerpo con las manos, en unas posiciones determinadas, pueden ayudar mucho. Pero por muy enferma que se encuentre una persona siempre hay que inculcarle el mantenimiento de la esperanza, porque la Energía Divina, el poder del pensamiento y el deseo de sanarse tienen una misteriosa autoridad sobre el cuerpo, obrando “maravillas” en determinados casos, y cuando nadie se lo espera puede surgir lo que solemos llamar “milagro” y que no es más que una respuesta biológica natural, por el momento, imposible de explicar. Siempre es el propio ser humano, desde su interior y, con la ayuda divina, de la que todos disponemos, quien permite y, por lo tanto, realiza su propia curación. Ayudar a los enfermos a concienciarse de ello es la mejor manera de auxiliarlos.

Cuando nos encontremos en un estado en que las cosas nos van mal y no sepamos cómo arreglarlas debemos “pulsar el dispositivo” y permitir que la Energía fluya y fluya hacia fuera sin que haga falta ningún "objeto" hacia donde enfocarla. Simplemente fusionando la Energía que entra con la que sale y con la convicción de estar haciendo lo mejor que podemos hacer.

También podemos utilizar este sistema para entrar en estado de meditación de la siguiente manera: “pulsar el dispositivo” y en lugar de irradiar la Energía hacia fuera a través del plexo solar, la dispersamos desde él por el interior de nuestro cuerpo haciendo que se irradie hacia fuera a través de todos los poros de nuestra piel, de manera que nos convirtamos en una especie de antorcha irradiando en todas direcciones, pudiendo sentir que esa Energía se expande, desde el punto del planeta en el que nos encontremos, y cubre todo el globo terráqueo, y se extiende por todo el sistema solar y el universo entero en una fusión y expansión infinita e indescriptible.

Las situaciones de ficción, como pueden ser el teatro, el cine, una novela, etc., también podemos y debemos utilizarlas para hacer este ejercicio de limpieza emocional. Principalmente porque gracias a la riqueza de los personajes, aparecen en ellas multitud de eventos exagerados que suceden en muy corto espacio de tiempo y desencadenan en nosotros emociones contradictorias exteriorizadas con mucha nitidez, y como, además, realizamos estas actividades en nuestro tiempo de ocio, las condiciones mentales de atención para observar nuestras reacciones, son más favorables que cuando estamos sumidos en actividades que requieren toda nuestra atención para ser ejecutadas.  

Debemos aprovechar esas oportunidades para dirigir la Energía irradiando desde nuestro plexo solar a los personajes que nos causan más repulsa y que, aunque no sean reales, consiguen provocarnos reacciones emocionales muy intensas, que corresponden a esas cargas energéticas, inconscientes, que tanto poder ejercen sobre nosotros. Ya sabemos que al tratarnos, de esa manera, estaremos consumando una doble labor: por una parte, nuestra emoción de rechazo se mitigará, pudiendo observar los hechos con ecuanimidad, preservándonos de entrar en energías de baja vibración y, por otra, estaremos transformando energías inferiores, en la poderosa Energía del Amor. Y aunque no podamos demostrarnos que, efectivamente, eso se traduce en una aportación benéfica para el “conjunto” ; sí podremos comprobar el efecto inmediato que se produce en nosotros y que, consecuentemente, contribuirá a generarnos una respuesta biológica positiva.

En cuanto nos entregamos y concentramos nuestra atención y nuestra intencionalidad, podemos escuchar las respuestas de nuestro Yo superior. Y cuanto más insistamos, tanto mejor traduciremos sus mensajes. Seremos capaces de percibir la totalidad, de manera que cuando hagamos una pregunta podamos encontrar la respuesta en nuestro interior. Comprobaremos que cada respuesta se encuentra dentro de cada pregunta. Pero para eso hay que llegar a la mente superior. Y no llegaremos a ella si permanecemos apegados a nuestras limitaciones terrenales, que nos mantienen cautivos en el círculo del miedo, haciéndonos creer que no encontraremos nada ahí fuera. Pero estamos formando parte del tejido cósmico, pulsando con todo lo que existe y cuando nos abrimos a esa gran verdad empezamos a liberamos del sufrimiento que es la consecuencia de vivir en la contracción, en la ilusión de la segregación.

Empezaremos a tener experiencias asombrosa como descubrirnos peleándonos con alguien, mientras continuamos observando con una "risita interior", porque sabremos que solamente se trata de un juego. Ocurre casi sin darnos cuenta, de repente, un día, a la vez que gritamos sucede la observación y entonces experimentamos la parte cómica de nuestras actitudes, entonces deja de tener sentido y abandonamos la representación.

Llegará un momento en que nos encontraremos en un estado muy sorprendente. Las personas que antes nos desagradaban o preocupaban ahora no nos hacen sentir “nada malo” y no estamos acostumbrados a eso. Es muy chocante empezar a vivir sin la presión emocional; se puede crear una sensación de vacío y hemos de estar preparados para ello porque esa impresión puede corresponder a una trampa mental que nos conduzca al retroceso. Si eso ocurre, también ahí, como siempre, debemos aplicar la técnica, sabiendo que solamente es un estado desconocido en el que aprenderemos a desenvolvernos.

Las emociones, hasta ahora, nos han mantenido demasiado ocupados y cuando nos faltan, podemos sentirnos aburridos o desorientados. Pero esa fase durará solamente el periodo de tiempo que tardemos en ocupar el espacio vacío que las emociones dejan, en disfrutar de muchas cosas que antes nos pasaban desapercibidas porque poníamos casi toda nuestra atención en la emoción. Es mucho el tiempo que consumimos tratando de dar explicaciones a todo lo que sucede intentando comprenderlo, pero la autentica comprensión llega cuando nos alejamos de la racionalización y nos adentramos en la observación pura permitiendo que lo observado se nos explique por sí mismo.

IX  CONCLUSIÓN

Llegará el momento en que, a consecuencia de practicar este método, nada ni nadie nos causará malestar. Entonces seremos libres y sabremos lo que es sentirse sano. Comenzará una nueva etapa en la que el sufrimiento, para nosotros, se habrá transformado en algo mucho más liviano como es el mero dolor: dolor por el sufrimiento ajeno, compasión por los males que azotan al mundo. Y desde ese nuestro nuevo estado pacifico y equilibrado podremos expandirnos en una continua posición de canalización energética para la sanación del planeta y todos los seres que lo habitan; observando y aceptando sin juzgar ni catalogar, –las acciones de los seres humanos que aun no han descubierto que se puede vivir de otra manera– sólo como espectadores tolerantes, comprensivos, compasivos y activos.

Apoyándonos en el axioma de que todo lo que se recibe es para dar, –como dicen de los manuscritos de Geenom– es fácil comprender que nos podemos “limpiar” de todo sufrimiento “dando” y haciendo que fluya, precisamente aquello que constantemente recibimos sin restricción alguna y que como ya he explicado es la Energía Divina del Amor. Estaremos contentos, seremos útiles y encontraremos el motivo de estar aquí ahora, en este preciso momento en el que el planeta atraviesa una etapa tan decisiva.

Observaremos también que al estar fluyendo en la Energía creadora universal, nos estaremos moviendo en la excelencia y, por ello, el Universo nos facilitará continuamente el apropiado camino para seguir adelante a pesar de las dificultades, pues éstas, ya lo sabemos, son sólo una creación nuestra desde un nivel de conciencia al que no tenemos acceso, y tienen la única intención de descubrirnos el verdadero sentido del Amor y una vez encontrado ese sentido, el sendero se allana cada vez más para facilitarnos el progreso. Comprobaremos que aunque se nos presenten situaciones aparentemente perjudiciales, si estamos seguros de haber vislumbrado el verdadero camino hacia nuestro logro supremo, –y eso, interiormente, uno siempre lo sabe– no debemos dudar de que esas situaciones se presentan, precisamente, porque tendremos que cambiar de dirección o por cualquier otra causa necesaria para continuar en la correcta trayectoria.

Necesitamos escuchar esa voz que, desde muy adentro, nos dice que no hemos venido aquí solamente para vivir y morir, si no que, además, somos importantes. Hemos de encontrar también la confirmación interior de que venimos con el propósito de aportar una contribución a esta Tierra durante nuestra estancia en ella y de que podemos efectuarla a través de nosotros mismos, donde quiera que nos encontremos, incluso sin aparentes lucimientos; haciendo lo mismo que hacemos ahora cada día, pero fluyendo continuamente –en fusión– con todo lo creado, sabiéndonos de utilidad para nosotros, para los que nos rodean y para el conjunto. Al entrar en contacto con ese propósito daremos respuesta a nuestras preguntas más existencialistas.

Es evidente que la humanidad está atravesando un cambio profundo y hemos de participar en él para que el mismo se produzca con celeridad y acierto.

No estamos condenados a la infelicidad, esta vida no es un valle de lágrimas como nos ha hecho creer, ni estamos expiando errores del pasado. Podemos hacer que la historia cambie su curso y tenemos que hacerlo desde nuestro corazón, irradiando hacia fuera nuestros progresos y lo más hermoso que hay en nosotros.

Tenemos que romper las ataduras de nuestros estrictos posicionamientos para no delimitar nuestro enfoque y poder vislumbrar el campo de nuestras infinitas posibilidades.

Tenemos que utilizar el discernimiento para encontrar la luz y no para movernos en el circulo vicioso emocional. De esta manera surgirá la mutación imprescindible para subir el peldaño que esta humanidad necesita dar para no perecer.

Tenemos que empezar ahora mismo a desembarazarnos del sufrimiento reconociendo que éste no es ningún castigo, sino un medio para, precisamente, liberarnos de él para siempre.

Podemos y debemos comenzar el tránsito hacia nuestra iluminación ¡ya!. En este instante disponemos de todo lo necesario para ponernos manos a la obra: el conocimiento de cómo somos dominados por nuestras emociones, la colaboración de la Energía Divina puesta a nuestra disposición para desactivar ese dominio y el poder de nuestra mente para acometer esa labor.

La desaparición de los obstáculos irán dejando paso a un estado apacible y nuevo de totalidad, en el que no falta nada, en el que sentimos que todos los elementos están colocados en su sitio justo. Ese es el estado de armonía y equilibrio mental físico y emocional al que todos debemos aspirar. Desde él podremos prestar atención a las indicaciones que sobre la Verdad estamos recibiendo continuamente en el hemisferio derecho de nuestro cerebro y que no podemos atender cuando la mente limitada está excesivamente ocupada con las emociones.

Somos estupendos espejos unos de otros, magníficos maestros unos de otros y podemos hacer uso de ello mostrándonos ante los demás –sin explicaciones– con nuestra renovada imagen. Cuando ellos presencien nuestra trasformación querrán parecerse a nosotros...; investigarán, averiguarán y encontrarán “su camino”. No hace falta que vayamos por ahí tratando de convencer a nadie para que practique esta u otra técnica, –aunque debemos enseñársela siempre que lo deseemos– la mejor propaganda será que nos vean y anhelen sentirse tan bien como nosotros demostraremos estar por nuestros progresos.

Vuelvo a repetir que todos los conceptos que engrosan este volumen son innecesarios, sólo sirven para dar respuestas a esa mente lineal y limitada de la que debemos alejarnos. Lo único verdaderamente importante es aprender la técnica y sobre todo, practicarla. Toda la comprensión y sabiduría a la que debemos aspirar, nos llegará después de la aplicarla. Pues la alquimia se produce con la voluntad de derramar Amor sobre la materia, y eso, todos podemos hacerlo.

Aunque todos somos, en cierta medida, ilimitados, este es el tiempo de los que consideremos la posibilidad de serlo, de los que nos sintamos nuestros propios maestros, de los que creamos que podemos despojarnos de las cargas emocionales que nos limitan, de los que nos sintamos dignos de comunicarnos con nuestra verdadera esencia y alcanzar el poder necesario para, primero, elevarnos sobre el sufrimiento y más tarde colaborar en sacar al planeta del estado de precariedad en que se encuentra.

Cuando se está en el camino del Amor incondicional, de la aceptación y de la entrega, no hay elecciones erróneas. Aquello que elijamos nos conducirá a la información y realización acertada y no tendremos ninguna duda de ello.

Conozco informaciones que abogan por la existencia vidas pasadas, que dicen que somos una chispa divina que se reencarna una y otra vez y que hemos venido, en este preciso momento, de la historia de la Tierra, a dar un salto evolutivo. Pero yo, independientemente de lo que pueda o no sentir al respecto, no puedo afirmar ni negar nada en cuanto a esas teorías. Yo solamente hablo de lo que experimento personal y conscientemente, pues nunca me he comunicado con entidades distintas a las humanas de este planeta, aunque conozca y respete enormemente esa información, por la ayuda que me ha proporcionado en momentos de estancamiento.

Ahora ya no me ocupo en tratar de comprender la dimensión de Dios o del ser humano, como hacía en el pasado. Supongo que esos conceptos están muy por encima de mi capacidad de comprensión actual. Ya no busco respuestas fuera de mí. Prefiero dedicarme a observar y dejar que todo se me explique por si solo a medida que mi mente se vaya expandiendo. Ya no pretendo “comprender” con el restringido mecanismo de mi torpe razonamiento. Permito que el conocimiento se me vaya presentando e integrando por y así, sin esfuerzo, voy avanzando. Y advierto mis progresos observando a los demás plantearse interrogantes, y sorprendiéndome a mí misma en posesión de respuestas que a mí me dejan del todo satisfecha. Sin embargo sé que esas son “mis respuestas”, las que a mí me sirven, pero que quizá no sean las de ellos, ya que cada uno ha de hallar las suyas propias. Pero al no haberme esforzado mentalmente para obtener esos progresos, no le doy mayor importancia, me parecen algo natural; la consecuencia de hallarme en la realización correcta.

 Las palabras difícil y debería no han de formar parte de nuestro vocabulario porque en cuanto las pronunciamos nuestra mente, de alguna manera, recoge la orden de que aquello que es “difícil” no es para nosotros; no podremos realizarlo y aquello que “deberíamos” hacer, podríamos hacerlo pero no lo haremos. Por eso, es mejor concienciarse de que todo es cuestión de dedicación y no de dificultad. Más o menos dedicación, en la que habrá que emplear más o menos tiempo. Así cualquier reto nos parecerá realizable y decidiremos iniciarlo, o no, libremente, con lo cual ampliaremos mucho el campo de nuestras posibilidades de realización.

Este método es muy simple, pues para utilizar la Energía, nuestra atención e intención serán suficientes. No habrá que luchar, ni ayunar, ni rezar, ni renunciar a nada, ni intentar ser buenos o perfectos, ni aferrarnos a nada concreto. Pues somos perfectos cuando nos permitimos “ser” quienes realmente somos. Sólo hemos de consentirnos utilizar los dones que se nos han dado. Debemos saber que podemos sintonizar con una frecuencia superior desde la que podremos reconocer lo que es bueno para “el Todo”, no sólo bueno para el individuo. Entonces nos fusionamos realmente.

Mientras estemos dedicando tiempo a tratar de “comprender” lo que nos sucede y los motivos que han contribuido a formar nuestro cuerpo emocional, con nuestra limitada mente lineal y limitada, lo estaremos perdiendo para tratarnos y alcanzar lo antes posible la iluminación que expandirá nuestra conciencia y aumentará las capacidades que nos lleven a la sanación individual y planetaria.

Este es el tiempo de los trabajos rápidos. Los lentos y tediosos métodos de búsqueda se han quedado obsoletos. El planeta tiene mucha prisa y por eso no podemos esperar a que la comprensión llegue por el raciocinio. Ahora el intelecto lo necesitamos, también, para aceptar que la intuición puede llevarnos hacia el punto de luz que una gran mayoría ya estamos vislumbrando, aunque los espejismos del miedo, la duda y las resistencias nos pongan la zancadilla.

Hemos de transitar por el camino más corto y con las herramientas más simples. La época en la que, tanto filósofos como monjes, se pasaban la vida entera razonando, meditando, purificándose, aprendiendo metodologías ocultas, etc. para encontrar el motivo y la finalidad de la existencia, se ha quedado obsoleta.

Ha llegado el momento de la transición y ya no podemos “marear la perdiz” filosofando o dudando. Ni todas las terapias, ni todos los cursos, ni todas las religiones, ni todos los libros, ni la entera información sobre mística o metafísica existente; ni todos los médicos del cielo o de la tierra nos servirán de nada si no “cogemos el toro por los cuernos”, decimos ¡SI! y hacemos el trabajo que, en el interior de nuestra alma, sabemos que hay que hacer. Cada uno consigo mismo, por el medio más rápido que conozca o se le ocurra, pero ¡ya!

No se trata de tener que darse prisa para ser mejor o de tener que arreglar una cosa para poder llegar a obtener otra...  Estamos hablando de iluminación. Cuando empezamos a iluminarnos sentimos que la perfección es hallarse inmerso en el Todo. Si mantenemos la atención fija en esa idea, podremos encontrarnos en medio de cualquier caos y sentirnos siempre dentro del equilibrio cósmico.

La Verdad es la verdad independientemente de lo que decidamos creer. Y esa Verdad me dice que estamos formando parte de todo lo que existe, tanto si se trata de un asesino, como del ser que más amamos, del mar, de la selva o las nubes. Cuando finalmente nos abrimos a esta realidad podemos expandirnos y sanarnos. Lo que nos produce sufrimiento es la segregación y la atención en lo trivial, que bloquea la libre circulación energética.

Podemos aprender a experimentar la totalidad canalizando Energía a través de nuestro cuerpo físico y así comprender la conexión con la fuerza divina, en lugar de seguir fomentando la idea de que Dios está ahí fuera separado de nosotros. Cuando experimentamos este concepto empezamos a transformarnos.

Hay personas que se pierden en lo que interpretan como la misión de sus vidas, cuando probablemente lo único que están haciendo es alimentar su cuerpo emocional. Nuestro objetivo prioritario debe ser la eliminación total del sufrimiento para entrar en el estado de serenidad y equilibrio imprescindible desde el que poder realizar nuestra autentica la misión. Si es que la tenemos, porque incluso puede ser que la única misión consista, precisamente, en llegar a ese ansiado estado carente de pasiones.

No estoy de acuerdo con la frase: <es mejor perderse por pasión que perder la pasión> y sí con esta otra que dice: <las personas que están demasiado ocupadas en hacer el bien no tienen tiempo para ser buenos>. Y es que “ser” lo que somos debe convertirse en nuestra meta primera, para desde ahí “hacer” lo que sea necesario. Pero mientras la acción hacia fuera provenga de un enfoque de búsqueda del “ser”, combinada con la ignorada presión del cuerpo emocional, los resultados, aunque externamente parezcan acertados, al individuo, interiormente, les resultarán frustrantes e insatisfactorios, viéndose obligado a razonamientos de autojustificación. Esto como mucho, servirá de lección y estará bien para eso, pero harán falta infinidad de lecciones. Sin embargo, podemos tomar un atajo y eso es lo que sugiero con este método.

Da igual que no podamos comprender cómo funciona la Energía, ni la mente, ni el cuerpo emocional. Permitamos escuchar ese “impulso interior”, que no sabe de razonamientos y hagamos oídos sordos a la mente limitada que está dominada por las emociones y que se resiste al cambio.

 Me he sentido en la obligación de dar forma a este método por si a alguien puede serle de utilidad. Sin embargo me siento muy limitada por las palabras. Las palabras son una traducción inexacta de un razonamiento, de una convicción, de una idea, de una creencia... Pero ninguna de estas cosas son la Verdad. Lo que se precisa para llegar a la Verdad se aleja mucho de cualquier concepto y todos nosotros, sin excepción alguna, tenemos la posibilidad de acceder a esa Verdad. Mi intención es contribuir a facilitar ese camino de acceso. 

“FUSIÓN”
 Boca ensalivada,  
Amor en el corazón,
dar permiso a la Energía
y entregarse en expansión.

Fusión es un método de tratamiento personal que consiste en la acción de la no reacción e invita, a las personas que lo practiquen, a vivir en una expresión de entrega a la vida, de fusión con los acontecimientos, sumergiéndose en la pulsación de la existencia para formar parte de ella, actuando pero sin tomar partido. Siendo, a la vez, espectadores y actores, observadores pasivos en cuanto a juicio, y activos en cuanto a transmutación de energías negativas, haciéndose, al mismo tiempo, participes del proceso de la creación.

Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 299 Volumén 2: Vivir Sin Sufrimiento. Parte 4

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