domingo, 21 de diciembre de 2014

La Navidad contada a mis nietos


Por Mari Patxi Ayerra - Madrid


Queridos nietos: 

Antes de que se os habitúe el corazón a la Navidad que os ofrecemos, quiero contaros detenidamente qué es lo que ocurre en estas fechas. Vosotros habéis nacido en una familia cristiana y por eso es importante que conozcáis el gran acontecimiento que en estas fechas celebramos. No me gustaría que las luces, las compras y la agitación ensombrecieran el verdadero mensaje de estos días. Hace dos mil y pocos años Dios decidió hacerse hombre y venir a la tierra para que los seres humanos nos enteráramos de una vez por todas que él nos quiere muchísimo, que tiene para cada uno de nosotros un sueño de felicidad y plenitud y que no podemos vivir una vida mediocre. Ya antes nos lo informó por medio de diferentes profetas, pero con el paso del tiempo sólo quedaron algunos mensajes escritos que no le hacían demasiada buena publicidad, así que decidió tomar forma de persona y nacer y vivir como El cree que debe hacerlo una persona cualquiera.

Así este niño que nació en un pueblito pequeño, en una familia sencilla, envuelto más en ternuras que en cosas, aparte de que a los doce años ya era un adolescente contestatario que se plantó en medio del templo a contar a los estudiosos de entonces quién era Dios, a sus 30 años comenzó su vida pública en la que se presentó como mensajero de su Padre hablando a diestra y siniestra de cómo hay que vivir. Nos dijo que tenemos un Padre que nos quiere muchísimo, al que hay que llamar papá o mamá, y no nombres más solemnes. Nos enseñó que hasta que no nos tratemos como hermanos sentiremos tristeza en el corazón y que podemos recurrir a Dios siempre que estemos cansados y agobiados porque el nos serenará. Nos recomendó también que perdonar una y mil veces le deja a uno mucho mejor y que no podemos juzgar a nadie, pues todos tenemos nuestras cosillas que ocultar.

Este hijo de Dios, Jesús, nos explicó por qué todos los pobres son los preferidos de Dios y cómo El cambia los valores y vuelve humildes a los que fardan y ricos a los pobres y que no le gustan nada las personas que por tener poder o cosas se aprovechan de los demás. También nos recomendó sacar el niño que todos llevamos dentro, siendo sencillos, espontáneos, alegres, auténticos y vividores del momento presente, en vez de andar siempre ocupados en lo siguiente o nostálgicos en el ayer. Con su vida nos demostró Jesús, que el que no vive para servir no sirve para vivir y que no hay que llamar a nadie padre más que a Dios, que es el que tiene el corazón todo cariñoso y nos impulsa a la plenitud, a ser algo único y fantástico.

Los pocos años quepasó El en este mundo anduvo sanando a la gente, con su amistad, con su cariño, con su aceptación incondicional y se juntaba con chicas de mala vida, con adinerados, con encorvadas de preocupación o hemorroisas de las que van perdiendo la vida en las pequeñas cosas que no son las esenciales. Nos dejó muy clarito que el que anda dando demasiadas vueltas a sus dineros, no tendrá tiempo para disfrutar de Dios y vivirá peor y que no temamos.

Pero uno de los secretos importantes que nos contó Jesús, para vivir contentos, en vez de andar por la vida tristes como huérfanos, es tener ratos para meterse dentro de uno mismo y escuchar a Dios. Así se vive la vida en compañía, que es mucho más bonita y además, en el silencio, El te susurra al oído los grandes sueños que tiene para ti y para las personas que te va poniendo al lado. Jesús rezaba mucho, y eso que tenía una vida muy ajetreada, pero debía de ser por eso, por lo que le daba tiempo para tanto... En los ratos de comunicación con Dios, El nos serena, nos descansa, y nos lanza con atención despierta y amorosa a estar donde estemos, a entrar del todo y salir del todo de cada situación.

Y esto es lo que recordamos en Navidad, queridos nietos. Queremos vivir así, todo esto que nos enseñó este niño que nació en Belén para invitarnos a vivir mejor. Por eso llenamos de luces, regalos, adornos y familia estas fechas, porque queremos hacer del mundo una gran familia donde todo ser humano viva bien. Vosotros, cuando veáis que se nos olvida lo principal, recordádnoslo enseguida, que andamos todos un poco distraídos.

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