viernes, 12 de diciembre de 2014

Del Control a la Tolerancia

¡Porque lo digo yo! Y te callas.
EL EGO 


La magnitud del coraje y de la frustración en una persona está en proporción al control que quiera establecer sobre alguien más. Así se regocija el ego. En cambio, nuestro espíritu, como ya sabes, no desea nada, está en paz.

Durante años hemos escuchado a nuestro ego, y han sido tantos que una gran cantidad de personas ya se acostumbró al impulso de controlar a los demás siguiendo las órdenes de su ego. Esto es lo que ha hecho en miles de relaciones humanas vivir en el lado oscuro, dentro del control y la dominación, en lugar de la luz donde hay tolerancia y comprensión. Incluso, este tema lo abordaré desde mi muy particular experiencia de vida en el asunto -como todo-; a la vuelta de los años he podido darme cuenta del lugar tan oscuro y doloroso donde viví mucho tiempo, alguna etapa de mi vida se caracterizó por querer dominar y controlar a mis amigos y pareja. Las consecuencias siempre fueron funestas. Las sugerencias que encontrarás más adelante para evitar vivir en el lado oscuro y salir a la luz, son meras observaciones que en mi vida me han servido para lograr la paz y la armonía, estrategias que me ayudaron a comprender y tolerar. Han surgido de mi propia experiencia y ya de este otro lado, los resultados han sido hermosos. Si aceptas mi invitación a pasar a este otro lado donde hay luz, uno de los signos más característicos es que empezarás a sentir amor incondicional y tendrás más momentos de paz que tanto habías buscado.

Las ideas que expondré para ti en este capítulo van muy encaminadas a las relaciones humanas entre adultos. Quiero acotar esta advertencia en este momento porque mucho de lo que expondré aquí no creo que sirva para una relación entre un padre y su pequeño y berrinchudo hijo o con un adolescente delictivo. No creo que sea muy sano lograr la total comprensión y tolerancia cuando tenemos a un hijo que está viviendo de lleno en el lado oscuro, con comportamientos violentos o impulsos criminales. No creo que sea muy sana la total aceptación de un niño que hace su voluntad por sobre lo que un padre o madre le recomiende. Creo que en determinada etapa de la vida "un correctivo" puede ser tremendamente positivo y emiquecedor para el niño o adolescente en desarrollo, con el fin de que conozca el valor del respeto y la virtud de la prudencia. Con esta idea de "correctivo" cualquiera podría argüir que se trata de un tipo de controlo dominación. Quizá lo sea, pero yo no lo veo así, yo lo alcanzo a ver corno una verdadera ayuda para el sano desenvolvimiento de la persona en un futuro. No se trata de convertirse en santo contemplativo (ya que muchos de ellos no tuvieron hijos), sino de crecer como personas y en su momento reprender por amor y luego dejar ser también por amor. Son etapas. Si es difícil ser padre, también lo es dejar de serlo. Si pones atención, la misma vida te irá marcando el ritmo al que debes actuar. En fin, por bendición agradezco que siempre haya guías desde otras dimensiones que se disponen a ayuiamos en momentos de incertidumbre. Con el tiempo entrarás en contacto con ellos. Una vez aclarado lo anterior, sigo con nuestro tema.

Para abrir la puerta que nos lleva alIado de la luz en este planteamiento de la comprensión y tolerancia debemos aprender a aceptar que las cosas son tal cual son con todo el rigor de la evidencia e independientemente de nuestra opinión. Aquella famosa frase de: "¡es que no puede ser!", cuando alguien ha actuado de determinada manera o cuando sucede algo que no esperábamos, pues se trata de una mera frase y hasta ahí, ya que lo que sucedió tan es, que ahí está, frente a nosotros. No podemos negar lo evidente (aunque algunos insistan). Y además, lo que sucedió está pasando por alguna razón que siempre es buena. Nuestro espíritu sabe esto, nuestro ego se niega rotundamente a entenderlo así.

Para los que ocupamos un puesto de liderazgo, este tema resulta muy confrontante. Ser líder tiene connotaciones de un estatus muy agradable el cual viví durante años, es aquel que es capaz de dirigir, el que hace que las cosas sucedan, el que motiva, el que transforma seres ordinarios en extraordinarios, aquel con un gran don de la palabra, aquel que persuade, convence y enamora, aquel que siempre juega a ganar. Todas esas y más, yo mismo me las sabía muy bien, y durante años di clases y conferencias en materia de liderazgo, hoy se que todo eso se trató de un hermoso juego basado en el ego. Quien habla apasionadamente de liderazgo siempre tendrá éxito garantizado cuando hable frente a una aLdiencia basada en el ego, y es que la esencia del liderazgo es el poder, algo muy seductor para el ego de cualquiera. Quizá por ello desde hace un par de años me cuesta tanto trabajo hablar de liderazgo y empecé a dejar de hacerlo. Ya no creo en muchas de las cosas que aprendí hace años en esta materia, quizá cuando estaba en el lado oscuro. Hoy mis conferencias han dado un giro singular: ya no me interesa que la gente sea líder. No me interesa en absoluto. Ahora me interesa que la gente sea feliz y viva en paz, así como es, tal cual. Ya no me interesa motivar para que la gente compita y gane, hoy por supuesto que motivo pero para que la gente coopere y encuentre el amor que tanto necesita el mundo. La diferencia ha sido de la oscuridad a la luz.

Durante años creí en el famoso efecto pigmalión, Hoy afirmo categóricamente que el efecto pigmalión no es infalible, tiene un considerable índice de error. Para quien no esté familiarizado con este concepto, hace alusión al poder transformador que un líder puede tener al generar una expectativa en alguien y ese alguien verse transformado por dicha expectativa. El ejemplo más sonado es la historia de "Mi bella dama", donde el trato que el caballero le da a una prostituta es tan de una dama que ésta se transforma en una. El ideal de un líder es que con su poder transformador cambie a un ser común, corriente u ordinario en alguien extraordinario. La intención es sublime y en el orden de lo divino, lo viví y lo logré durante años. Quizá todavía lo logre, pero ya no es mi objetivo. Y es que también en mi experiencia como líder puedo afirmar que no siempre se logra. Hay maderas que no agarran ningún barniz. Durante años intenté transformar a ciertos colaboradores que la vida me presentó y la historia terminó en fracaso y frustración porque cuando la gente no quiere cambiar, no hay nada que lo logre, ni el mejor motivador, ni la mejor conferencia, ni una revelación en un libro. Quizá por ello la superación personal ¡es personal! El éxito de un motivador no radica sólo en su enorme talento para persuadir y convencer, sino una gran parte de su verdadero éxito está en el otro, en el auténtico deseo que la persona que lo escucha tenga por crecer y progresar. El maestro surge tan sólo cuando el alumno está preparado. Imposible antes. Esto lo sabe nuestro espíritu, pero nuestro ego no lo acepta y siempre querrá imponer el ritmo que juzga adecuado para el crecimiento de los otros, control al fin y al cabo. El ego luchará, el espíritu nunca. El ego cuando ve una pequeña planta, puede tener tanta ansiedad porque crezca y dé sus frutos que sería capaz de tirar de ella hacia arriba con la intención de ayudarle a crecer, dándose cuenta que quizá lo único que logre con ello sea desprenderla de su raíz y así detener su crecimiento totalmente. El espíritu sólo observaría la hermosura con que la planta crece a su propio ritmo. Creo que a lo mucho, el espíritu le cantaría a la plantita para ayudarle a crecer en un ambiente de paz y armonía.

Comprende. Al comprender se dejan las cosas tal como son y uno se siente satisfecho al saber que incluso así deben ser. Hay un motivo superior para que asi sean. Mientras no logres comprender, seguirás presa de tu necesidad de controlar, tu ego nunca está del tode contento por como están las cosas, sean como sean. Te compartiré algunos ejemplos: si una persona te ama demasiado y te procura, tu ego empezará a decir que le mejor sería que no fuera tan acaramelado; si empieza a alejarse la otra persona incluso porque se lo pediste, el ego te dirá que quizás era mejor antes; si estás gordo , ó gorda, el ego te hará pensar en las enormes bondades que alcanzarías a vivir siendo delgado;  si logras estar delgado, el ego te dirá que quizá comer un poco más de aquello te caería bien para que no te veas como enfermo; estando en casa, el ego te invitará a salir y viajar; al viajar, el ego te hará extrañar tu casa; si estás harto de alguno de tus hijos, el ego te invitará a dejarlos un rato, una vez que los dejes, el ego te dirá que quizá los estés abandonando y querrá que regreses a estar con ellos; sí trabajas demasiado y con orgullo, el ego te instará a tomar vacaciones urgentes y merecidas; una vez de vacaciones, el ego te podrá hacer sentir mal por no estar trabajando como quizá deberías; cuando desees comprar un auto, el ego te dirá cuál es el mejor; una vez que lo tengas, el ego te dirá que había otro mejor. Si tu hijo o hija te presenta una nueva amistad, tu ego siempre te iirá que lo mejor sería que no tuviera esa amistad; si logras que tu hijo o hija deje a esa persona, tu ego te dirá que lo mejor era no haberte entrometido al verle tan triste. Cuando encuentres cierta indisciplina en tu trabajo u hogar, el ego te lanzará a poner orden y controlar; si remotamente lo logras, el ego te hará sentir que te están mintiendo y actúan así sólo frente a ti porque te tienen miedo pero no te aman; el ego, cuando controles a otro, te afirmará que no conoces el amor y que sería muy lindo; si permites que la gente sea como es para permitir el verdadero amor, el ego te convencerá de que eres débil y te están manipulando. En resumen, una persona que se deja llevar por su ego le caracterizará una frase en su vocabulario: " ... Es que ya no sé qué hacer". Esta frase es clásica de quien vive dominado por su ego y por lo mismo quiere controlar a otros. Y es lógica la continua insatisfacción y frustración en que viven estas personas, incluso, su cuerpo manifiesta su constante insatisfacción enfermándose. De gente así se encuentran llenos los consultorios de muchos terapeutas y médicos en general. La necesidad de control enferma. Esto está demostrado. El ego nunca encontrará paz en ninguna circunstancia, sea la que sea. El ego no conoce la satisfacción.

El espíritu, en cambio, ni siquiera repara en nada de lo anterior, para Él todo está bien y en su correcto ritmo, aquí la persona es sana y se le nota. Hoy, incluso mi perspectiva como médico ha cambiado tremendamente. Antes veía a una persona enferma y con el entrenamiento que recibí me abocaba a intentar sanar su cuerpo. Hoy me sorprende cuán ciego estuve durante años, sólo viendo el cuerpo, sin comprender que el cuerpo es tan sólo un reflejo material de la fuente espiritual. Esto no te lo enseñan en la carrera de Medicina (en mi época). Si el cuerpo está enfemo su origen está en otro lado que no es el cuerpo. Hoy cuando veo a alguien enfermo siempre me pregunto qué o a quién estará tratando de controlar. Mi terapia muchas veces sólo consta en invitar a que lo deje de intentar y así meramente observar cómo el paciente se cura solo. Dolores de cabeza desaparecen, contracturas musculares del cuello se eliminan como por arte de magia, molestias en la boca del estómago se erradican sin más, la ansiedad desaparece (cuando surge la paz Ahora bien, cuando se llevan años y años en la necesidad de controlar, las enfermedades suelen ser muy avanzadas como lógica consecuencia, diabetes, algunos cánceres, alteraciones de la piel, úlceras ácido pépticas, anginas de pecho, etc. AquÍ los medicamentos pueden ayudar algo, pero sólo muy poco, mientras la persona siga neciamente con su necesidad de controla: a los demás. Hoy he empezado a comprender que las enfermedades son del alma y que el cuerpo no es más que una manifestación material de ello. El ego siempre pasa su factura y suele ser cara cuando ya la viene cobrando durante años. Lo increíble es que hay personas iispuestas a pagar hasta con su muerte.

Cuando empiezas a escuchar a tu yo superior, a tu ser espiritual, son momentos contemplativos y de quietud, empiezas a relajarte y la luz traspasa más fácilmente por ti, el amor fluye más fácil hacia y por ti. Esto quizá sólo lo creas hasta que lo vivas y no por leerlo aquí. De momento, te digo que mientras más desees controlar la vida de otros, más oscuro y denso se hace tu interior al grado en que la luz no puede pasar y el amor no fluye en absoluto en ti.

Te has bloqueado a una de las experiencias más maravillosas que se puede alcanzar a tener como humano. Mientras sigas necesitando dominar ó controlar a otros para que estén a la altura de tus expectativas o de lo que, según tú, debe ser, te estarás privando del verdadero amor.

Las personas son como son y tu ego siempre querrá controlar y cambiar a otros para el lado que tú crees bueno según tu muy particular experiencia. El ego te hace volcarte hacia el dominio de los demás para que no te des cuenta de que tu mismo ego te está dominando a ti. ¿Ya te fijaste? ¿Recuerdas del capítulo anterior que con la vara con que midas serás medido? Aquí aplica también perfectamente.

Tu yo superior, tu espíritu, no tiene ninguna necesidad de dominar o controlar a nadie ni a nada. Ni la más mínima necesidad en absoluto. Sin embargo, podría apostar a que en este preciso momento mientras lees, tu ego está operando dentro de ti y te hace pensar que este grado de aceptación total y tolerancia son verdaderamente planteamientos ridículos por inoperantes. ¿Dónde quedaría el estado de derecho? Quizá tu ego te esté dictando que mis planteamientos favorecen el libertinaje en el mejor de los casos. Tu ego te estará dictando en tu interior que este grado de tolerancia sería aceptar comportamiento delictivo, actos "no naturales", y los problemas sociales y de salud. Tu espíritu puede ver más allá de esta aparente lógica, así que tú también puedes hacerla, si lo decides.

En el lado de la luz, tu espíritu sabe que despojarte de la necesidad de control y vivir comprendiendo no el significado de aceptar el mal. Los males que existen en el planeta entero son independientes de la opinión que tengas de ellos. Sé que juntos erradicaremos el mal y traeremos paz al mundo no mediante la discriminaciór y el enjuiciamiento que hagamos, sino mediante el amor que prodiguemos. Eso es todo.

Piensa en esto: cuando te molestes porque alguien no es como tú crees que es lo correcto, cuando tienes el impulso de eliminar a esa persona de tu medio, ¿a dónde le vas a enviar? Puede que tengas varias ideas en mente, puede que lo mandes a freír espárragos, así a todo aquel que no se comporta como tú quieres. Sea donde sea que lo mandes, a qué lado lo vas a enviar en un planeta que es redondo. No hay lados, es redondo. En tu mente lo hiciste a un lado, incluso lo enviaste a un lado pero que no existe en verdad como entidad física; yo no conozco un lugar que en la entrada diga "Aquí se fríen espárragos. Bienvenido", pero es una falsa ilusión de tu falso yo o ego, cuando en el fondo, tu ser espiritual sabe que todos somos uno habitando el mismo planeta redondo coexistiendo y respirando el mismo aire. Hasta que yo comprendí esto, entendí la frase aquella que dice “Cualquiera que sea la pregunta, el amor es la respuesta". Si decides deshacerte del enjuiciamiento y de tu tendencia a dominar y controlar a los demás, serás capaz de reemplazar el odio y la discriminación por amor y armonía. Habrás pasado del lado oscuro a la luz.

Tu impacto en el mundo empieza por el mundo más pequeño que tienes a tu alcance: tú mismo. Fomentarás la paz, la armonía y la libertad, el verdadero éxito en la vida, cuando tú mismo estés libre del control de tu ego y conozcas la paz y la armonía de tu espíritu. Practica en ver al mundo tal como es, y no como quisieras que fuera. Ésta es una muy buena práctica. Por lo pronto, permíteme mostrarte algunos ...

Continuará...

Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 293 Volumén 2: Del Control y la Dominación a la Comprensión y la Tolerancia.

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