viernes, 29 de agosto de 2014

Superando el Paternalismo


Estás lleno de prejuicios inculcados por tus padres y la sociedad:  la vida es una lucha, todo se consigue con sacrificios, estás condenado  de entrada, el otro es el enemigo, si no tienes nada no eres nada.   El más grande es que eres un ser insignificante, arrastrando un pasado condicionante y viviendo para adquirir cosas materiales.  ¡Despierta!-

El paternalismo fue una característica de la era que hemos dejado atrás, se trata de un rasgo típico del patriarcado, la raíz de ambas palabras es común.

Padre: pater familia, tronco direccional de una cúspide poder que era guía y ejercía el dominio de las conductas que estaban bajo su férula. Respondía a un modo de organización social y se apoyaba en el concepto de que había personas que debían ocupar el lugar de mando, porque  se consideraba que estaban más habilitadas para eso. Detrás de esta idea se suponía que quienes eran guiadas carecían de esta capacidad. El varón por regla general ejercía el poder, y mujeres y demás respondían a su autoridad y voluntad.  

Este esquema de organización existía en todas las formas de relaciones humanas: la familiar, la social, la política, la económico-cultural y la religiosa. Consecuentemente para conseguir algo se necesitaba de la intermediación de figuras de poder. En el plano religioso sabemos que las autoridades oficiaban de medios para acceder a la voluntad divina, llámense sacerdotes o con  cualquier otra denominación. En política sigue funcionando así, es el modo de representación que los gobernantes realizan y se supone que expresan la voluntad del pueblo o de la gente.

Tomemos sólo estos dos ejemplos para sintetizar lo que ha ocurrido y lo que está ocurriendo. En el plano religioso quienes nos interesamos por la evolución consciente de la conciencia (valga la redundancia  ya que la evolución es un hecho inevitable y aunque no haya un registro de ese proceso, el proceso opera igual,  obviamente si se hace consciente se acelera y se potencia) es muy visible el  mecanismo de desestructuración que se ha estado produciendo en el seno de las grandes religiones hegemónicas del mundo; por eso muchos maestros espirituales sugieren que no se levanten  enormes edificios ni organizaciones porque todo eso caerá.

Las religiones son formas que pronto resultarán arcaicas y nos han enseñado a lo largo del tiempo a manejar la energía sutil. Sin embargo, como  respondían al modelo patriarcal, algunas de estas religiones pronto se  sojuzgaron la vida de la gente.  Tengamos en cuenta que la estructura religiosa lo único que hacía era funcionar de acuerdo a la energía histórica imperante. Así  los católicos para purificarnos o superar nuestros errores, debíamos acudir a un sacerdote que, mediante el rito de la confesión, representando a Dios, expurgaba nuestros pecados, fallas o errores. Los mecanismos son de representación e intermediación.

El avance evolutivo nos insta a superar este estadio y a establecer una comunicación directa con nuestro Ser interno o Dios interno. Ya no necesitamos intermediarios: Dios está dentro de nosotros, en cada de nuestras células. Claro que todavía puede verse en televisión  a ciertas comunidades, organizaciones o iglesias que  le ofrecen a la gente la salvación y se proponen como únicos salvadores.

De esta forma la gente depende nuevamente, paternalmente, de un poder ajeno a sí misma. Sin duda los rituales de sanación y purificación de estas comunidades pueden ser eficaces, pero tarde o temprano se estancan, porque el poder está dentro de cada persona y, al delegarlo en un intermediario, lo entrega y lo pierde. Incluso muchos genuinos líderes espirituales son malinterpretados por sus seguidores que los convierten en norma externa, aunque ellos mismos, estos Maestros de vida o Avatares insistan en que el camino espiritual es seguir a su propio corazón;  en ciertas oportunidades eso ha ocurrido con Bhagavan Sathya Sai Baba, un Maestro hindú, según he podido observar,  por lo visto hay gente más papista que el Papa.

Estos Maestros son pontificados, transformados en  paradigmas rígidos de conducta, con lo que las personas  reproducen el modelo anterior paternalista contradiciendo el mensaje del Maestro. Algunas personas continúan relacionándose con ellos desde la vieja energía. Y es natural que esto suceda  debido a que se trata de movimientos muy abiertos, en oposición a las antiguas estructuras religiosas cerradas e hiperestructuras,  que justamente por su apertura brindan a sus integrantes la posibilidad de discernir, y ese es su gran trabajo espiritual.   

Muchos ya somos conscientes de este fenómeno. Obviamente es más cómodo creer que otro nos salvará, que no depende de cada uno de nosotros nuestra evolución, nuestra felicidad o mejoramiento en nuestra vida. Es sólo un principio de inercia de las antiguas pautas con las que nos movimos hasta ahora. Resulta más  fácil entregar el poder y esperar soluciones externas que ser los protagonistas de nuestra propia transformación. 

Pero lo fácil se opone a lo mejor. En la nueva energía se habla de Empoderamiento, es una palabra que circula y se ha convertido en una clave. El poder no bien es concientizado y luego aceptado o asumido, se protege y se potencia a sí mismo. Necesitamos saber que existe y que tenemos el  genuino derecho de apropiarnos de él. Sólo así lo podremos conquistar y poseer, asumiéndolo.

El salto cuántico es ese: reconocer el propio poder interior. El cambio evolutivo trascendental pasa por ahí: descubrir lo que somos y no sabemos, esa es la luz interior, ese es el poder.   

Esta idea de que el cambio debe provenir de afuera se arraigó en nuestra mente y nos ha paralizado y nos sigue impulsándonos a entregar el poder. La gente espera ganar la lotería, encontrar un amor a la vuelta de la esquina o que el jefe de la oficina le de la oportunidad para ascender. Esto es mentira o al menos ya no funciona de esa manera.

Hasta en el terreno de la psicología ha aparecido un nuevo concepto que es el de resiliencia, y habla de la capacidad que  cada persona tiene de encontrar dentro de sí su propia capacidad para resolver sus conflictos sin que medie necesariamente una intervención externa. En el plano de la política somos muchos los descreídos. Sabemos que el sistema de representación o sea, la delegación de nuestra autoridad en un representante de un partido político, no está funcionando bien. Han surgido organizaciones de todo tipo, ONGs, y fundaciones y en Internet muchas páginas están funcionando como puntos de opinión y aglutinamiento.

Al sistema de organización patriarcal, verticalista, jerárquico y excluyente, pone la práctica superadora de un sistema integrativo, horizontal e inclusivo de mutua cooperación.  Reconocer el valor de estas nuevas sociedades no significa que dispensemos al Estado de su función de protección y sostenimiento de los ciudadanos.

Lo mismo ocurre con ciertos programas de radio, con grupos de autoayuda, con institutos de yoga o de cursos espirituales. El poder se dispersa, se disgrega, deja de concentrarse en ese sustituto social del pater familia que es el político de turno. El centro de poder está en todas partes y en ningún lado a la vez Esto se da en todos los planos. Los niños nos enseñan a mirar el mundo de otra manera, los jóvenes nos enseñan a pensar.

Los que tienen una discapacidad física o mental nos ponen delante nuestros propios desafíos y capacidades, casi siempre nos enseñan a amar. La autoridad está en todas partes y se produce un intercambio de información y aprendizaje. Recordemos que llevamos grabadas en nuestras células la idea que necesitamos de un poder mayor instalado en el mundo para acceder a un  alguna forma de modificación  en la materia circundante, en nuestras relaciones humanas y  en nosotros mismos; es preciso que desmontemos ese condicionamiento, los tiempos son propicios para que asumamos cada uno de nosotros el poder total. Incluso el concepto de enfermedad  ha sido paternalista.

Se creía que la enfermedad era algo malo que venía de afuera y nos atacaba, hoy sabemos que producimos nuestros males partiendo de la base que tenemos una zona inconsciente que se manifiesta cuando es negada, entre otras cosas en nuestro cuerpo físico. O si preferimos, nuestro cuerpo sutil (simplificándolos en el emocional, mental, causal) manifiesta primero su desarmonía, que luego “baja” y se manifiesta en el cuerpo más denso o cuerpo físico, ya que nuestro cuerpo sutil o aura opera como matriz del cuerpo visible. Así admitimos que somos responsables de nuestra salud o de nuestra enfermedad.

Los hindúes ya sabían esto hace cinco mil años como consta en el Ayurveda, los pueblos originarios de América también. Hay que estar preparadas y preparados para esta nueva forma de organización en nuestro  cuerpo físico y en nuestro  cuerpo social, de lo contrario sobrevendrá el dolor, la incomprensión, la reclusión que es un modo antiguo de aprendizaje, un modo basado en la fricción entre las polaridades.
O, quién sabe,  tal vez no,  tal vez no suceda eso, tal vez  seremos arrastrados por la evidencia y descubriremos pronto que es mejor así, que es más liviano, más verdadero, que está más armonizado con la biología de la tierra y el movimiento de los astros y la expansión del Universo.

Y nos transformemos con naturalidad, todo es posible en tiempos prodigiosos como los  que estamos protagonizando.

 Ver capítulos anteriores del Taller de Autoestima
Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 255 Volumén 2:Superando el Paternalismo

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