martes, 15 de julio de 2014

Ver con los ojos del alma


Había un hombre que había perdido la vista a causa de una guerra en la que había peleado de muy joven.

Para poder subsistir y continuar con su vida, desarrolló una gran habilidad y destreza con sus manos, por lo cual se destaco como un estupendo artesano; a pesar de esto, su trabajo no le permitía más que asegurarse el mínimo sustento.

Para el cumpleaños de su hijo de cinco años, quiso obsequiarle algo, el niño nunca había conocido más juguetes que los trastos del taller de su padre con los que fantaseaba reinos y aventuras.

Su papá le fabrico, con sus propias manos un hermoso caleidoscopio como alguno que él había tenido en su niñez.

Por las noches iba recolectando piedras de distintos tipos que trituraba en decenas de partes, pedazos de espejos, vidrios, metales, etc.

El día del cumpleaños del niño, pudo imaginar a partir de la voz del pequeño, la sonrisa de su hijo al recibir el hermoso regalo.

El niño estaba muy emocionado con aquel increíble día que le había traído aquel presente de las manos de su padre ciego.

Durante los días el niño fue a todos lados portando el tan amado obsequio, y con él regresó a sus clases en la escuela del pueblo.

En el receso entre clase y clase, el niño compartió lleno de orgullo su juguete con sus compañeros que se mostraban fascinados con aquella maravilla.

Uno de aquellos pequeños se acercó y le preguntó con mucha intriga:

- “Que hermoso caleidoscopio te han regalado,  ¿dónde te lo compraron?, no he visto jamás nada igual en el pueblo”.

El niño, orgulloso de revelar aquella verdad emocionante desde su pequeño corazón, le dijo:

- “No, no me lo compraron en ningún sitio…me lo hizo mi papá”.

A esto el otro pequeño replicó con cierto tono incrédulo:

- “¿Tu padre?…imposible!…  ¡si tu padre es ciego!”.

El pequeño amigo se quedó mirando a su compañero, y luego de unos segundos, sonrió como solo un portador de verdades absolutas puede hacerlo, y le contestó:

- “Sí…  mi papá está ciego, pero solamente de los ojos”.

¿Podemos ver con los ojos del alma?, cuando uno dice: “cierra los ojos”, la expresión es incorrecta.

Los ojos no pueden cerrarse, podemos cerrar los párpados, los ojos siguen viendo.

La ceguera que experimentamos a diario respecto al mundo, puede darse incluso, con los ojos bien abiertos.

¿Cuánto podemos captar realmente de lo que creemos ver?.

¿Y cuanto de eso es llevado  al corazón donde la visión de la unidad puede ser completa?.

Desconozco el autor

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