sábado, 28 de junio de 2014

De la Emoción al Síntoma físico

Cuando uno percibe las cosas que ocurren en su escenario como un regalo, las toma como un buen alimento; cuando las percibe como algo desagradable, las rechaza y ya no puede alimentarse. Cuando una emoción no se puede digerir, en lugar de circular, va a alojarse y acumularse en alguna zona del cuerpo. Al llegar al límite de aguante o resistencia física, debe expresarse a través de un síntoma en esa zona del cuerpo. Una emoción que no es expresada podría convertirse en una llamada intensa, expresándose a través de un síntoma físico. Toda emoción tiene un ciclo vital, aparece, se intensifica, llega a su límite, decrece y desaparece. La energía de la emoción queda estancada si no permitimos que finalice su ciclo, aunque el cuerpo tenga la capacidad de liberarla.

Hay personas que no pueden completar el ciclo de una emoción determinada y la contienen una vez tras otra. Esto ocurre cuando existe una intención consciente o un patrón inconsciente de contenerla, que no permite su expresión. En estos casos, la energía de la emoción se va acumulando en el cuerpo. Si la intención de contener la emoción es consciente, uno puede contribuir a su liberación con movimiento corporal o energético.

El fluir del agua, circulando libremente, es el símbolo del movimiento natural de las emociones; si el patrón de contenerlas es inconsciente, se acumulan en el cuerpo. Si imaginas un depósito que se va llenando, tarde o temprano el agua va encontrar un lugar por donde salir. En el cuerpo las emociones pueden manifestarse en distintos lugares, principalmente en el área desde la pelvis hasta la garganta. El área abdominal es por excelencia el templo de las emociones, especialmente los órganos relacionados con la digestión y las vísceras.

Veamos algunos de los lugares dónde pueden almacenarse estas emociones. El área abdominal es la central que recibe la fuerza creativa de la emoción. Si se intenta contener va a presionar en primer lugar la boca del estómago, el único lugar por donde puede subir; lo hará en forma de acidez o reflujo. Si uno intenta guardarla, lo podrá hacer en ese nivel en el pecho y podrá manifestarse a través de catarros, tos, bronquitis o mucosidad. Si la emoción se expresa a medias o con dificultad, puede afectar la garganta. También por un reflejo o impulso primario de morder que se reprime, puede causar problemas dentales. Si está relacionado con lo que uno está viendo, podría manifestarse a través del enrojecimiento de los ojos o bultos, como veremos en el uno de los ejemplos siguientes. En otro nivel, podría llegar a la piel que es una forma de expresar esa misma emoción, que ya se convirtió en fuego, aún de forma silenciosa a través de enrojecimiento o eccema. Más aún cuando se presentan picores, ya que rascarse hasta hacerse daño es una vía de disipar esa energía caliente, moviendo las manos enérgicamente.

Atendiendo a las funciones de los órganos, si uno vive algo que no puede digerir, el síntoma se manifestará en el estómago; si no lo puede asimilar, lo hará en el intestino delgado y si no lo puede soltar o eliminar, se manifestará en el intestino grueso o colon. Aspectos de culpabilidad relacionados con lo sexual, suelen manifestarse en la zona genital.

No estoy afirmando que esto sea así en todos los casos porque, definitivamente, no lo es, ya que el alma le habla a cada uno de forma individual. Mi experiencia me ha permitido comprobar estas relaciones en un gran número de casos y cuando la persona transforma el patrón de contención y se expresa, los síntomas mejoran o desaparecen.



Fragmento extraído del libro Aventura del Alma. Josep Soler Sala ©

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