lunes, 10 de marzo de 2014

Un mundo seguro para amarnos mutuamente

Un mundo seguro para amarnos mutuamente

Podemos destruir el planeta, pero también podemos sanarlo. Cada día envía energía sanadora a todo el planeta. Lo que hacemos con nuestra mente tiene muchísima importancia.

El planeta está pasando por una época de cambio y transición. Estamos pasando de un orden viejo a un orden nuevo. Algunas personas dicen que esto comenzó con la Era de Acuario; al menos a los astrólogos les gusta explicarlo de esa manera. Para mí, la astrología, la numerología, la quiromancia y todos los demás métodos que se basan en fenómenos psíquicos son simples formas de explicar la vida. Cada uno lo hace de una forma ligeramente diferente.

Los astrólogos dicen que estamos saliendo de la Era de Piscis y entrando en la de Acuario. Durante la Era de Piscis esperábamos que «otros» nos salvaran, queríamos que otras personas lo hicieran por nosotros. En la Era de Acuario, en la cual estamos entrando, comenzamos a penetrar en nuestro interior, reconociendo que tenemos la capacidad de salvarnos a nosotros mismos.

¿No es maravillosamente liberador cambiar lo que no nos gusta? En realidad yo no estoy tan seguro de que el planeta esté cambiando; lo que pasa es que nosotros estamos adquiriendo más conciencia y conocimiento. Problemas que estaban allí en el fondo desde hace mucho tiempo empiezan a salir a la superficie; problemas como el de las familias que sufren a causa de la conducta de uno de los miembros, los malos tratos a los niños y los abusos perpetrados contra el planeta mismo. Como sucede con todo, primero hemos de darnos cuenta de lo que pasa para cambiar las cosas. Cuando queremos cambiar algo en nosotros, hacemos nuestra limpieza mental.

La curación

De pequeños deseábamos ser amados tal como éramos, aun cuando fuéramos demasiado flacos o demasiado gordos, demasiado feos o demasiado tímidos. Hemos venido a este planeta a aprender a amarnos incondicionalmente, primero a nosotros mismos y luego a los demás. Es preciso que dejemos de pensar en términos de «ellos y nosotros», porque eso no existe. Sólo existimos «nosotros». No existe ningún grupo que sea desechable o que se pueda sacrificar o que sea «menos que...».

Cada uno de nosotros tiene una lista de «esas» personas. No podemos ser verdaderamente espirituales mientras haya una persona «de ésas». Muchos nos criamos en familias en las que el prejuicio era algo normal y natural, y cuyos miembros consideraban que un determinado grupo no era bueno. Con el fin de creernos mejores despreciábamos al otro grupo. Sin embargo, mientras decimos que otra persona no es buena o no vale lo suficiente, lo que realmente hacemos es reflejar que «nosotros» no somos buenos o valiosos. Recuerda: todos somos espejos de todos.

El doctor Bernie Siegel asegura que de cada forma de cáncer hay alguien que se ha autocurado. De modo que siempre hay esperanza, y la esperanza nos da posibilidades. Hay algo por lo cual trabajar en lugar de agarrarnos la cabeza con las manos y decir que no hay nada que hacer.

El sida es un mal-estar terrible; sin embargo, el número de personas que mueren de sida es menor que el de personas que mueren de cáncer, de un infarto o por causa del tabaco. Buscamos venenos cada vez más potentes para eliminar las enfermedades que creamos, pero no queremos cambiar nuestro estilo de vida ni nuestra alimentación. Preferimos tomar algún fármaco o someternos a una operación quirúrgica, que sanar. Cuanto más reprimidos, más problemas se manifiestan de otras formas. La medicina y la cirugía sólo se ocupan del diez por ciento de todas las enfermedades: parece increíble pero es cierto. Con todo el dinero que gastamos en productos químicos, radiaciones y cirugía, resulta que todo esto sólo cura el diez por ciento de nuestras enfermedades.

Creo que la curación y la sanación producen dos resultados diferentes. La sanación es el producto de un trabajo de equipo. Quizá esperas que sea al médico quien te sane; él o ella puede tratar los síntomas, pero eso no sana el problema. Si quieres sanar es necesario que formes parte del equipo, junto con el médico y el resto de los profesionales sanitarios. Hay muchos médicos holistas que no sólo te tratan físicamente sino que te ven como a una persona completa.

Hemos vivido con sistemas de creencias erróneos, no sólo individuales sino también sociales. Hay personas que dicen que en su familia hay problemas de oído. Otras creen que si salen a la calle cuando está lloviendo se resfriaran, o que se resfrían tres veces cada invierno. O cuando alguien se resfría en la oficina, todo el mundo se resfría porque el resfriado es contagioso. «Contagioso» es una idea, y las ideas son contagiosas.

Muchas personas dicen que hay enfermedades hereditarias. Yo no creo que sea necesariamente así. Pienso que heredamos las pautas mentales de nuestros padres. Los niños se dan cuenta de todo. Comienzan a imitar a sus padres, hasta en sus enfermedades. Si el padre sufre de estreñimiento cada vez que se enfada, al niño también le sucede. Y no es nada raro que si después el padre tiene colitis, el niño también tenga colitis. Todo el mundo sabe que el cáncer no es contagioso, ¿por qué, pues, se propaga en las familias? Porque el rencor se propaga en las familias. El rencor se acumula y se acumula hasta que finalmente hay cáncer.

Tenemos el poder dentro de nosotros para que nos limpie, para que limpie nuestro cuerpo, nuestras emociones y todos los diversos desastres que hemos hecho. Podemos mirar a nuestro alrededor y ver qué necesita cuidado. La forma en que elijamos vivir tendrá un enorme impacto en nuestro futuro y en nuestro mundo.

Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 126 Volumén 2: Cambio y Sanación

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