martes, 4 de marzo de 2014

¿Es usted hijo de padres tóxicos?


La primera vez que Natalia (48) se recuerda sola en la calle y de madrugada, tenía cinco años. Aún se ve tomando el ómnibus a la Ciudad Vieja, a buscar refugio, amor y seguridad en lo de su abuela. Echarla de casa, aún siendo niña, era una práctica habitual de su madre; también lo eran las patadas, el tirarla por la escalera, los insultos. "Eres igual que tu padre". "Eres una hija de puta". "Yo quería un varón". Años de terapia le permiten a esta mujer, divorciada con dos hijos y docente, hablar del tema intercalando incluso alguna risa. "Le molestaban las cosas que yo hacía. O que simplemente... yo estaba, esa es la sensación". El padre, al decir de ella "ausente afectiva y físicamente", justificaba: "Tienes que entenderla, está re-nerviosa". Para la mente de un niño, papá y mamá son todo; entonces, piensa un pequeño, la causa de todos los problemas tiene que ser mía. Así lo dicen los expertos; así lo vivió Natalia. "Me cuesta mucho recibir cosas, palabras positivas, hasta hoy mi sensación es que yo tengo la culpa... de algo".

Hay amores que matan y hay padres que humillan, hieren y golpean; que compiten, controlan y manipulan; que sobreexigen o sobreprotegen; que se encargan de cortarles las alas a sus hijos. Esas conductas, repetidas constantemente, terminan criando adultos culposos, temerosos, carentes de autoestima, con miedo a relacionarse o tomar sus propias decisiones, graves problemas emocionales, conductas autodestructivas e incluso cuadros psíquicos severos; y, además, con tendencia a repetir el ciclo con sus propios hijos.

"No son los padres más comunes, pero sí son más de los que creemos. Los psicólogos vemos (sus consecuencias) a diario en la clínica. Dice la psicoterapeuta Mariana Alvez, quien ha tratado, escrito y dado charlas sobre los llamados padres tóxicos. "Su idea inconsciente es: `quiero que me necesites, aunque te tenga que destruir`. Tienen terror a sentirse abandonados. En la gran mayoría de los casos, suelen venir de entornos familiares tan nocivos como los que ellos perpetúan", agrega. Esos mismos antecedentes suelen ser esgrimidos como excusas en la familia ya impregnada por la toxicidad.

"Mamá justificaba a mi padre, decía que a él lo habían abandonado", cuenta Leticia (29). Desde niña, recuerda una casa con gritos y peleas; también los golpes a su madre. "No me metía... Tal vez, de chica, yo no me daba cuenta que eso estaba mal. Más tarde me tuve que hacer cargo de cosas que para mi edad... yo hacía las veces de psicóloga de mi madre y padre. ¡Eso a los 15 o 16 años no corresponde! Él me criticaba mucho mi manera de relacionarme con mis amigas, con mis hermanos, sobre todo con mi madre: `Eres una pelotuda, te vas a dar cuenta que tu madre no sirve para nada`". El ambiente de miedo era tal que evitaba invitar amigas a su casa, como toda adolescente normal. "Todo eso condicionó mi vida social. Estaba pendiente de si estaba mi padre o no. Yo tenía un novio y una vez se quedó en casa. Yo temía que al otro día, sábado, mis padres se pelearan. Y así pasó, gritos, peleas, horrible, me puse a llorar... yo me fui a vivir con mi novio; estaba enamorada sí, pero el principal motivo fue poder irme de casa". Hoy no está en pareja. "Estoy como bloqueada... según mi psicóloga, tengo miedo a replicar esta historia".

SIEMPRE SAÑA. Triste destino el de los padres: de ser el centro del mundo para un niño, pasan a ser el blanco de todas las quejas adolescentes, hasta ser el chivo expiatorio de los traumas (reales o no) adultos. Humanos al fin, están siempre presentes en las confesiones de diván. La psicoterapeuta estadounidense Susan Forward es quien popularizó el término "padres tóxicos" en su best-seller Toxic parents (traducido al español de manera más elocuente que fiel como Padres que odian). Ella deja ahí en claro que no vale generalizar, aunque publica un listado de preguntas que ayuda a la detección de estos casos (ver nota aparte). En esa línea misma opina Mariana Alvez: "Estos padres no son los habituales, no es haber tenido la típica relación conflictiva con ellos de adolescente. Acá hay más saña".

La violencia física o verbal constante (ni hablar de las situaciones de abuso sexual) no dejan lugar a duda, pero hay golpes más sutiles que terminan hiriendo el alma, y solo salen a la luz de adultos. "Lamentablemente, (en estos casos) la detección se da en el cómo nos relacionamos con el otro", afirma la psicóloga Sandra Jegerlehner.

En su libro, Forward señala haber elegido la palabra toxicidad "para designar el efecto de "esos" padres que sin pausas infligen traumas a sus hijos, y que en la mayoría de los casos siguen haciendo lo mismo cuando estos ya son mayores". Esa ponzoña genera adultos infelices con grandes chances de repetir el patrón en su propia familia. "Además, un padre tóxico va a serlo desde el principio al final, así el hijo tenga cinco o 50 años", señala por su lado Alvez.

TODO TIPO. Natalia bien sabe esto último. Hija de una madre tóxica y, además, del exilio político, ella y su hermana fueron enviadas a una colonia de vacaciones en Francia por tres meses. No fue un recuerdo feliz: recién habían llegado al país, no hablaban una palabra de francés y ni siquiera tenían bombachas en sus bolsos. Tenían 12 y 7 años. "Mi madre lo hizo para sacarnos de encima, tenía depresión, problemas psiquiátricos grossos". Para ella, los mejores períodos de su vida fueron aquellos alejados de su madre, ya sea en el extranjero o aquí. Ya en Uruguay, esta docente trabajaba y vivía alternativamente en casa de amigos hasta que consiguió alquilar. "Prefería dormir en un banco de plaza antes de quedarme con ella". Cuando se divorció, estuvo muy lejos de sentirse respaldada. "No se me acercó ni para tomar mate y apoyarme. Lo que más me dijo fue: `qué culo que tenés, que ese tipo encaró en pasarte guita, no como me pasó a mí`. Algo re-competitivo". Aún hoy se tiene que cuidar, asegura. "Si no pongo un límite me camina. Ahora está vieja y sola, y me dice que tengo que estar con ella... Me hace un chantaje emocional a través de amigos de ella, que me llaman o me escriben emails sobre lo mala hija que soy porque no estoy con ella... pero a mí me hace mal verla".

No existen datos de prevalencia sobre padres tóxicos. Según Alvez, consultan más mujeres que hombres, lo que no quiere decir que sean las víctimas mayoritarias. "A los varones les cuesta hablar de sus sentimientos". A su blog Psicología Positiva, en cambio, sí le han llegado casos masculinos. Aunque tampoco hay un respaldo estadístico que lo sustente, se supone que son más numerosas las "madres tóxicas" que los padres, afirman los expertos.

Forward detectó varias categorías de tóxicos: controladores, manipuladores, golpeadores, competitivos, perfeccionistas, los que insultan y un largo etcétera. Por supuesto, algunos especímenes pueden ponerse más de un sayo y verse bien. "Algunos actúan de manera sutil, tipo `mirá que esto te lo digo por tu bien` o `¿no sabés entender una broma` luego de una frase hiriente, y otros directamente amenazan. Frases como `qué aborto me perdí contigo` son más comunes de lo que te pensás, y son de esas que te lastiman por dentro. Están los padres que todo el tiempo están averiguando, seleccionando, quiénes son tus amigos, tus parejas. Están las madres que de día te llevan el desayuno a la cama y de noche te tratan de trola porque querés salir a bailar. Están esos que si no estudiás lo que quieren, te extorsionan: `hacés eso y te corto los víveres`. Están esos que ponen en vos expectativas imposibles y también aquellos que si te destacás mucho, por no haber llegado ellos a nada, te sabotean", dice la psicóloga Alvez.

El padre de Leticia nunca pudo seguir una carrera. Ella estudió una carrera universitaria no tradicional. "Siempre subestimó lo que hice... y siempre elogió a mi hermano, que terminó Derecho". El dividir y reinar entre hermanos, sobre todo en contra del que aparece como más reacio a dejarse envenenar, es otra característica frecuente de estos tóxicos.

PERDÓN NO. "Yo no creo que tenga algo que perdonar. Es horrible pensarlo, pero creo que mi padre no está bien de la cabeza. Tiene casi 70 años y habla como si tuviera 15. Hasta hoy me dice que opté por mi madre... eso no lo dice alguien cuerdo. Lo que tendría que hacer, y aún no lo hice porque no lo siento, es aceptar (la situación)". Leticia habla en presente de su padre, pero lo cierto es que hace cuatro años no lo ve. Solo ha tenido contactos telefónicos o vía SMS poco edificantes. "El otro día me mandó un mensaje por mi cumpleaños... metételo en el culo, mirá...". Su voz a veces tiembla de bronca.

Importante para tener en cuenta: para que un padre tóxico deje de serlo haría falta, al decir de la psicóloga Alvez, una alineación de todos los planetas. Es casi un imposible. Su colega Sandra Jegerlehner añade que sería bueno "por parte de los hijos intoxicados, poner en palabras muchas cosas que seguramente tengan guardadas". Estos últimos sí pueden salir adelante con un buen tratamiento psicoterapéutico.

Y algo más. Forward no está de acuerdo con perdonar; en lugar de eso, plantó la bandera de la "confrontación" como estrategia, y se vincula a esas cosas "guardadas" de las que habla Jegerlehner. "Esto significa enfrentarse con sus padres, de forma valiente y meditada, para hablar de su pasado doloroso y de su difícil presente. De todos los actos que realice en su vida, éste es el que más ha de asustarlo y, al mismo tiempo, el que más poder le otorgará", escribió en Toxic parents. Esto puede ser cara a cara, por escrito, o con la presencia de un moderador, que bien puede ser un psicólogo (ver nota aparte). Tan obvio como aterrador a la vez, es considerado como un paso fundamental para salir adelante. La situación ideal para enfrentarlos es cuando ya no se vive con ellos y cuando se tiene un sólido respaldo emocional atrás, ya sea en forma de amigos, pareja o un terapeuta a mano.

"El perdón es para uno; no es reconciliarte ni `dejar pasar`. Es fundamental liberarse de esa carga de odio. La cuestión es, ¿qué vas a hacer? ¿Matar a tus padres? Primero sacate la bronca, luego mirá si puedes tener una relación con ellos", resume Alvez.

El resultado habitual de estas confrontaciones es un híbrido, en el que los padres jamás le reconocerán al hijo sus fallas, pero se limitará la actividad tóxica. "Podrás tener un vínculo, digamos, superficial. Podrás tomar mate con ellos pero no te convendrá contarles nada importante. Es que, como se dice habitualmente, `todo lo que digas será usado en tu contra`. Le cuentas algo (de tu pareja, tus estudios, tu trabajo) y un día eso se puede convertir en un puñal por la espalda", dice esta psicóloga. Es que en estos casos, tratar a tus padres como a un apenas conocido significa todo un avance. Los finales felices son utópicos. A veces, si las heridas son tan fuertes que no pueden cicatrizar, lo más saludable es una ruptura definitiva del vínculo; como un divorcio en malos términos, pero un divorcio de la propia sangre.

Natalia más de una vez pensó en un "chau mamá". En algún momento, creyó que no tenía derecho a cortarle la relación con la abuela a sus hijos. "Ahora ellos están grandes, lo podría hacer....", piensa en voz alta. Leticia, en un buen momento laboral, tiene sentimientos encontrados sobre la ausencia tan presente que significa su padre. "Me gustaría que un día me diera una explicación coherente a lo que hizo, en buenos términos, pero nunca pude". En su último encuentro, en un café, solo diez minutos separaron el saludo y la despedida, furiosa. "Es con la única persona que no puedo hablar".

Te controlo, te discrimino, te sobreprotejo, te manipulo...

"Jamás hicieron algo bueno de mí. De mis padres recibí la enseñanza de que si estás solo te va a tocar un degenerado, mejor no toques nada eléctrico porque te vas a electrocutar y demás cosas, así crecí con inclusión de miedos y prejuicios. Hoy dejé mi trabajo y mi novia porque aún es difícil saber quien soy". (G., 27)

"Mis padres siempre me han dicho que soy rebelde, contestona, aún cuando era pequeña. (...) Me pegaban por no comer, me chillaban por no lavarme los dientes, se enfadaban si me ponía enferma pues eso alteraba sus planes y empezaron a tenerme ese odio al no poder deshacerse de mí. Luego nació mi hermana y posteriormente mi hermano y se centraron en ellos, haciéndome siempre saber que ellos eran mejores personas que yo". (E., 34)

"Mis padres son sobreprotectores y avaros, me sabotean mis proyectos. No sé qué hacer a la edad de 41 años. No sé cómo salir, estoy al borde del suicidio". (N.,41)

"Odié a mi mamá por mucho tiempo, crecí escuchando sus gritos, maltratos verbales en donde `sos una inútil` era moneda corriente. (...) Mi mamá y mi hermana no tenían buena relación, y cuando mi papá murió, (mi madre) se refugió en mí, pero con el tiempo me di cuenta que solo necesitaba aliados para la guerra que mantenía con mi hermana, pasaron muchas cosas malas por supuesto hasta que dije BASTA. (...) Solo seis meses de terapia me ayudaron a darme cuenta que mi madre es, fue y será una manipuladora". (A., 36)

EL DIFÍCIL TRANCE DE CONFRONTAR

Más allá de cualquier terapia, Susan Forward define a la confrontación como "el camino a la independencia". Para eso, señala en su libro, el hijo debe satisfacer cuatro requisitos básicos: 
  1. Estar lo suficientemente fuerte como para enfrentar el enojo o la negación (algo típico: "estás equivocado, ¿no te acordás que eras imbancable?"), 
  2. Tener un respaldo afectivo lo bastante sólido para ayudarlo en la etapa previa, la confrontación y sus consecuencias, 
  3. Escribir en una carta lo que quiere decir, ensayarlo y practicar respuestas asertivas y no defensivas, 
  4. Fundamental: ya no debe sentirse responsable de las cosas malas que pasaron siendo niño (un niño nunca puede tener la culpa de estas situaciones). Si la confrontación es escrita, la carta debe incluir: 
  1. Esto me hiciste, 
  2. Así me sentí, 
  3. Así me afectó mi vida, 
  4. Esto quiero de vos desde ahora. El éxito, dice Forward, no pasa tanto por la reacción de los padres. "Debe considerar que su confrontación ha sido positiva por el simple hecho de haber tenido el valor de hacerla". Recién entonces puede esperarse un cambio en la relación, asegura.

ADIÓS DEFINITIVO, UN PASO EXTREMO

En casos extremos, no hay mejor remedio que un definitivo adiós a los padres tóxicos. Así opina el psiquiatra estadounidense Richard Friedman, profesor del Weill Cornell Medical College. En la columna "Hay padres que son tóxicos para sus hijos", publicada en The New York Times, escribió sobre un paciente suyo de 25 años desesperado y deprimido por ser rechazado por sus padres, muy cristianos, que lo repudiaban por ser homosexual. A tal punto llegó el odio -llegaron a desearle que estuviera muerto- que el profesional le dijo que, para su salud mental, cortara el vínculo con ellos. Así lo hizo, y si bien nunca pudo olvidarlos, con el tiempo el joven mejoró su autoestima.

CÓMO SABER

TRATO DE NIÑO Y DE ADULTO

Estas preguntas se incluyen en la primera parte del libro Toxic parents (1989), de la psicoterapeuta Susan Forward. Estas pueden determinar si quien responde tuvo uno o los dos padres tóxicos. Las primeras apuntan a la niñez.

¿Sus padres lo criticaban o insultaban constantemente?
¿Sus padres lo golpeaban regularmente?
Si se drogaban o bebían, ¿usted sentía miedo, vergüenza o confusión por eso?
¿Eran inaccesibles por alguna enfermedad mental o física?
¿Usted debió cuidar de sus padres siendo niño?
¿Sufrió abuso sexual de ellos?
¿Sentía miedo de sus padres?
¿Temía enojarse con ellos?
Las siguientes preguntas ya están destinadas al adulto.
¿Considera que el vínculo con sus padres sigue siendo nocivo?
¿Cree que la gente con la que se vincula afectivamente tiende a herirlo?
¿Espera lo peor de la gente, o de la vida?
¿Le resulta muy difícil definir quién es usted y qué quiere?
¿Teme que la gente no aceptaría su "verdadera" forma de ser?
¿Se angustia ante un éxito? ¿Se siente un fraude?
¿Se enoja o entristece sin razón aparente?
¿Es perfeccionista en exceso?
¿Le cuesta relajarse, divertirse?
¿Se descubrió actuando, para horror suyo, como sus padres?
¿Sus padres lo siguen tratando como si fuera un niño?
¿Toma sus decisiones en base a lo que opinarían sus padres?
Cuando pasa, o piensa pasar, tiempo con sus padres, ¿se siente mal física o emocionalmente?

¿Le da miedo estar en desacuerdo con sus padres?
¿Sus padres lo siguen haciendo sentir culpable?
¿Se considera responsable de la felicidad o desdicha de sus padres?
¿Opina que le corresponde a usted hacer que se sientan mejor?
¿Cree que, por más esfuerzo que haga, para sus padres nunca será suficiente?
¿Cree que algún día, no sabe cómo, el vínculo con sus padres mejorará?

Según el texto, si un tercio de las preguntas tiene respuesta afirmativa (9 de 27), usted puede necesitar ayuda profesional.

 Fuente: Suplemento Domingo- El País-Uruguay

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