jueves, 20 de marzo de 2014

La eterna pelea entre tener ganas o el decidir hacer las cosas por Pilar Sordo

En estos días me he enfrentado muchas veces a la frase, “no quiero hacer tal o cual cosa, no tengo ganas”. Esta frase se escucha para hacer algo de esfuerzo personal como iniciar algún tipo de dieta o ejercicio o en situaciones más complejas como hacer algo por el otro en una relación de pareja que no pasa por un buen momento.

En la cultura de hoy , donde la búsqueda del placer parece ser lo importante y lo único movilizador en nuestras almas el privilegiar el querer o el tener ganas para iniciar algún cambio conductual parece ser lo más relevante en la mente de las personas.

Incluso los padres dicen con mucha frecuencia que no saben qué hacer con sus hijos porque dicen no tener ganas de hacer ciertos deberes y no saben cómo obligarlos, privilegiando así el placer por sobre el crecimiento y el desarrollo integral de los niños.

¿Será que la guerra de las ganas le ganó al decidir algo desde la fuerza de voluntad?, ¿será que para todo hay que tener ganas primero antes de decidir algo que no quiero hacer pero que tengo pleno convencimiento que me hará bien?. La verdad es que a mí me parece asombroso, la debilidad espiritual en la que caemos a pasos agigantados y como estamos haciendo caer a nuestros niños en el nulo trabajo de la voluntad y en el no conocimiento del enorme placer que genera el hacer las cosas desde lo correcto y desde el deber sabiendo que eso por si solo dan ganas de continuar por esa misma senda.

Quiero colocar un ejemplo que en esta época de primavera cae como anillo al dedo y que además lo estoy viviendo yo personalmente para que no piensen que este tema queda fuera de mi realidad emocional.

Yo siempre he sido floja, pero muy floja para hacer deportes. En el colegio fingí muchas veces tener problemas a la columna para no hacer ejercicio, nunca tuve “ganas” de hacerlo y sentía que desde el deber nunca resultaría. Un día hablando con una persona que tenía depresión leve, me escuche diciéndole que no iba a tener ganas de hacer cosas pero aunque fueran pequeños esfuerzos tenía que intentarlo, que las ganas vendrían después de hacer lo que tenía que hacer porque se daría cuenta que se sentía mejor y eso sería un refuerzo para continuar.

Ella me cuenta después de un par de semanas que mi comentario le había dado muy buenos resultados y que ya tenía ganas de hacer muchas cosas y que cada vez le costaba menos movilizarse. Al escuchar esto , me dije a mí misma, que eso lo tenía que practicar yo con el deporte, que las ganas vendrían después de comenzar. Con el sexo, los estudios dicen que pasa lo mismo.

Y comencé a hacer deporte, cada vez que podía, y resultó. Hoy tengo muchas ganas de hacer algo que antes odiaba y que me resistía desde todo punto de vista hacerlo desde la fuerza y hoy tengo que reconocer que si hay dos elecciones y las ganas no están, el hacerlo desde la obligación primero genera en el corto plazo las ganas de seguir dado los resultados obtenidos.

Si esto lo aplicáramos con el amor, con las relaciones con los hijos, con la pareja, con la excelencia educacional y los deberes ciudadanos, tendríamos un mejor país, sin duda.

Los invito a si es que tienen ese conflicto con cualquier tema, sólo lo intenten, a lo mejor les resulta y después de decidir hacer algo pueden surgir muchas ganas de seguir practicando.

¡Buena suerte!


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