domingo, 23 de marzo de 2014

Karma y vidas pasadas...

"Lo que a una persona le ocurre es característico de ella. Ella representa un molde y todas las piezas encajan. A medida que la vida avanza, una tras otras caen en su sitio según algún designio predestinado". 
Carl Gustav Jung. 

La palabra karma básicamente se refiere a la ley universal de causa y efecto. Recordemos los proverbios Cristianos: "cuánto el hombre siembre, eso también cosechará"; "el que siembra rayos, cosecha tempestades"; "con la vara que mides serás medido y con ventaja"; "ojo por ojo y diente por diente" y "el que a hierro mata a hierro muere". Es evidente que nadie que plante hortigas podrá esperar cosechar rosas. La ley del karma da por sentado que la vida es una experiencia continua, de ningún modo limitada a una sola encarnación en el mundo material. Esta ley universal propone lograr y mantener la justicia y el equilibro en nuestro planeta. 

Muy pegadito a este principio, tenemos este otro llamado "Ley de la oportunidad" que intenta reflejarnos algo así; a cada uno de nosotros nos pone en las circunstancias que nos proporcionan las lecciones espirituales exactas que necesitamos a fin de llegar a ser de apariencia más divina. 

Desde estas leyes se nos controla y vigila a cada momento, por eso cualquier acto bueno o malo de nuestras vidas tiene sus consecuencias. Todo el mal que hagamos tenemos que pagarlo y todo el bien que hacemos nos será recompensado. Dios nos dió libre albedrío y podemos hacer lo que queramos, pero de todos nuestros actos tenemos que rendir cuentas ante la justicia divina. Y en verdad, no esta nada mal que así sea. Imagínate una simple deuda de dinero al banco, debemos saldarla, ni se nos ocurre dejar de pagarla, porque sabemos que las consecuencias resultan más abrumadoras que la problemática que nos llevó hasta allí a solicitar ese préstamo; además de las consabidas reflexiones a las que nos lleva lo que cada uno sentimos como conciencia moral o deber ser.. Y desde luego tampoco se nos ocurre devolverle el dinero al municipio si el que nos lo prestó fue el banco. Con esta misma lógica, sencilla, deducida por nuestro sentido común, es que nuestro fantástico Creador ideo la vida; incorporando este condimento justo a nuestros días, al sólo efecto de evitar el caos. Sin estas leyes que regulen y limiten nuestro accionar, seria impensable que aún entre tanta violencia como hay hoy en día, pudiéramos seguir apostando a la vida. Comprender íntegramente la Ley del Karma es indispensable para orientar el navío de nuestra existencia en una forma positiva y edificante. 

Hablar de karma es inseparable de la ley de la reencarnación. Karma y reencarnación son metáforas o símbolos de un proceso cósmico mucho más sutil de lo que el concepto popular pretende explicar por estos términos. Para la mayoría sólo se refiere a la inmortalidad del alma; pero cada vida es la suma total de todos los yo anteriores encarnados y todo lo bueno o malo que anteriormente se construyó, esta contenido en esta oportunidad presente, en esta vida. 

Hado, Karma y destino, son de índole muy similar, no responden al azar, sino a la ley de justicia que determina nuestra estructura física, mental y emocional. Lo más importante, si bien no podemos eludir nuestro modelo básico, sí podemos trabajar de conformidad con él, porque somos libres para escoger y discriminar. Como cuerpo burdo, nacemos una y otra vez hasta que comprendemos nuestro Yo real. Como mente, nacemos solo una vez y morimos sólo una vez, en ese sentido no reencarnamos. El cuerpo burdo sigue cambiando, pero el cuerpo mental sigue siendo el mismo siempre. Las impresiones se almacenan en nuestra mente. Nacemos varón o mujer, rico o pobre, brillante o ignorante, etc., para tener la deliciosa experiencia que ayuda a trascender todas las formas de la dualidad. 

Es por eso que todas estas artes, disciplinas, mancias y técnicas que tanto nos atrapan, de continuo nos proponen conocernos a nosotros mismos, porque allí esta la clave; al hacernos conscientes de nuestra propia naturaleza energética y psicológica, podemos escoger con nuestro libre albedrío aquello que mejor nos cuadra y de manera más fluida y menos traumática podremos ir sorteando los escollos, que siempre son aprendizajes pendientes que nos persiguen para que de una buena vez podamos superar. Si observas simplemente la vida de las personas que te rodean, verás en cada una de ellas que hay cuestiones que se repiten como patrones desde el nacimiento y hasta sus últimos días, y que sólo se consiguen modificar cuando algún suceso impresiona de manera muy potente y desde esa misma intensidad de sufrimiento, la persona escoge cambiar el rumbo de su vida, dejar sus lentes de sol por otros que le permitan mirarse para adentro. Los ejemplos quizás más burdos sean los de familias signadas por las tragedias, las mujeres golpeadas y aquellos que siempre son victimas de robos; pero entre ellos y cada uno de nosotros hay realmente una gama indescriptible de otros sucesos en donde la pauta de aprendizaje se reitera para brindarnos la posibilidad del cambio. Junto con esa lección que insiste por ser aprendida deviene la emoción con la que se asocia (angustia, miedo, etc.); la programación mental que deja la conclusión a la que aborda nuestra mente (por ejemplo: prefiero que me duela a mí); y el correlato físico, esto es la molestia o simplemente la localización física de esa emoción en nuestro cuerpo, que con el tiempo se puede terminar cristalizando como patología. Desde esta misma visión, teniendo en cuenta los patrones vivenciales de la historia personal y de vida de cada paciente, es como la Terapia de Vidas Pasadas, se ocupa de modificarnos la visión que tenemos de nosotros mismos, haciéndonos concientes del porqué siempre me sucede lo mismo a mi. Para que esta queja deje de victimizarnos y podamos usar toda esa energía que despilfarramos en hacernos daño inconcientemente, canalizándola en toma de conciencia y proyección de un futuro mejor. 

Todo tiene una causa y un motivo de ser; la conciencia no puede ser medida, sino a través de nuestro accionar. Nos pasamos gran parte de nuestra existencia reclamando, protestando y rumiando cada actitud que a nuestro criterio superficial sentimos como cuestiones obligatorias; olvidando que si en este momento preciso las estamos padeciendo será porque antes ese alguien las padeció primero con nuestras obras. Y así, solicitamos comprensión, cuando hemos sido bastante austeros en otorgarla a otros; nos hiere que nos calumnien, cuando no hemos tenido piedad en ser lapidarios con otros; exigimos fidelidad cuando hemos sido adúlteros; etc. Es posible que en otras vidas hayamos sido despiadados, si nos sirve de consuelo y creemos que en esta vida no lo hemos sido nunca; y por eso sufrimos lo que nos sucede, aún cuando suponemos que merecemos lo mejor. Esto es así porque cuando la ley nos cobra, nos ocupamos de convencernos a nosotros mismos de nuestra inocencia y evitamos hacernos cargo de nuestro propio accionar. 

La norma psicológica dice que cuando uno no toma conciencia de una situación interna, ésta se proyecta al mundo exterior, y termina sucediendo afuera como destino. Es decir, si nosotros no tomamos conciencia de nuestras propias contradicciones internas, el mundo forzosamente deberá representarnos el conflicto y partirse en mitades opuestas. Cuánto mayores sean los obstáculos en el cuerpo físico, mayor será la oportunidad de un alma para saldar sus deudas kármicas y lograr un crecimiento espiritual más rápido. Ya sabes, ahora tienes la posibilidad de conocerte y cambiar el rumbo de tus días.

Fuente:Yahoo Groups

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