miércoles, 22 de enero de 2014

Del taller de autoestima: Recuperar nuestro poder personal...

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A medida que nos acercamos al final de este capítulo de autoconocimiento, va quedando claro que -mas allá de modificar hábitos, creencias negativas y actitudes que nos hacen daño- conocernos a nosotros mismos implica recuperar nuestro poder personal. Muchas veces me sucede que, cuando en mi consultorio, insto a mis clientes a hacerlo; se alarman ante la palabra PODER.

Por alguna razón histórica y cultural, la palabra tiene una carga pesada, densa, como si obligatoriamente, una persona que posee PODER tuviera que utilizarlo para someter a otros. El PODER al que me refiero es la capacidad de permanecer comprometido con uno mismo, nuestros objetivos y necesidades, de valorar los atributos personales, manteniendo una relación de profundo amor con uno mismo y mantener equilibrados los límites entre el espacio energético propio y el de los demás.

Una persona con PODER PERSONAL se expresa con seguridad, se presenta en el mundo con la mente abierta y una actitud servicial, pero a nadie se le ocurre abusarse de ella, porque irradia una energía especial que dice "Estoy atento. Te ayudo, pero no sobrepases ciertos límites porque tendré que alejarme."

Vive centrado en el momento presente, sin miedo al futuro ni apego al pasado. Puede mantener su serenidad interior pese a la crisis exterior, porque sabe que todo lo que sucede es un desafío que tiene como propósito enseñarle algo acerca de si mismo y el mundo en el que vive. Fundamentalmente, una persona con altos niveles de PODER PERSONAL es una persona con conciencia, que desarrolla con éxito la misión que ha traído al mundo. Para la cosmovisión aborigen, tener poder es expresar "la medicina personal", la particular conjunción de atributos que nos convierte en una persona única.

Existen diversos caminos para recuperar este poder. La que les propongo en estos últimos cuatro encuentros es solo una de las alternativas.

PRIMER PASO: ESTABLECE TUS OBJETIVOS 

Llega a un acuerdo contigo mismo. ¿Qué es lo que deseo para mi vida? ¿Cuáles son mis objetivos? ¿Qué quiero lograr? 

Escribe en un cuaderno uno o dos objetivos para cada área que se te ocurra: AFECTIVA, LABORAL, ESPIRITUAL, FÍSICA. Ten cuidado de escribirlos en tiempo presente y en forma afirmativa. Por ejemplo, una persona podría desear quitarse de encima todas las enfermedades crónicas que arrastra desde hace años, y podría sentirse tentado a escribir "No quiero sufrir más por esto y por aquello". En su lugar, le vendría bien escribir: "Sanar en forma completa mi cuerpo físico".

Una vez que los hayas escrito, es conveniente detenerte y preguntarte: 

¿Son complementarios estos objetivos?
¿Son contradictorios?
¿Para lograr alguno es necesario lograr otro primero? 

Una vez que respondas a estos interrogantes, es posible que quieras modificar tus objetivos. Hazlo sin dudar. Es importante que estés SEGURO de hacia donde vas.

SEGUNDO PASO: ESTABLECE LAS ACCIONES PARA LOGRARLO 

Para cada uno de los objetivos planteados, determina tres acciones que puedas empezar a realizar ya mismo. Tienen que ser tres cosas que sabes que puedes realizar. Recuerda que lo mejor es empezar por algo simple. No prometas lo que no puedes cumplir, y esto vale no solo respecto a los demás sino -sobre todo- respecto a ti mismo.

Una máxima nos advierte de esto: para lograr MAS debes concentrarte en MENOS 

Aquí te presento algunos ejemplos: 
1. Un ejecutivo se había propuesto hacer más ejercicio físico. Tenía problemas para ejercitarse una vez a la semana, y muchos días se quedaba en el trabajo hasta tarde. Estableció como objetivo, practicar cada mañana antes de salir al trabajo. Nunca pudo cumplir con una expectativa tan alta. 

2. Un vendedor que conocí creía que podía ganar una fortuna vendiendo su producto nuevo. Tenia una pequeña base de clientes, bien establecida, pero le resultaba problemático hacer los llamado de teléfono para promocionar su producto. Se prometió a si mismo que haría 30 llamados diarios. El mejor día logró dos. 

3. Tengo un cliente que es desorganizado; tiene cientos de pequeños trabajos para hacer. No están muy alto en su lista de prioridades y nunca parecen quedar terminados. Su objetivo era, en un día arreglarlos a todos. Nunca lo logró.

El problema es que -con cada nuevo fracaso- perdemos una fracción de poder personal, y nos debilitamos. Por eso, si tu caso se parece a los que te comenté, la mejor solución es:
Realiza UNA práctica de gimnasia por semana, durante cierto tiempo. Realiza TRES llamadas telefónicas a tus clientes, cada día. Realiza UNA pequeña tarea de tu lista de baja prioridad, por día. 

Dándole continuidad al esfuerzo vas a ir construyendo un hábito. Esto le dará consistencia al logro de tus objetivos. Dando 1 paso por vez, fortalecerás tu voluntad. Y un día, te darás cuenta que has recorrido todo el camino. Eso es tener PODER PERSONAL.

TERCER PASO !HACERLO¡ 

Durante esta semana, da los pasos que te has propuesto. Registra en tu cuaderno tus reacciones, tus resistencias, las excusas que pusiste para no hacerlo, los miedos que se desatan ante cada nuevo paso. Esa información es oro puro para tu trabajo de auto conocimiento.

Una afirmación para terminar: 
Mi expresión personal fluye libremente. Mi inteligencia está abierta para recibir la sabiduría de Ser. Confío tranquilo. En el Universo encuentro mi satisfacción y felicidad. Estoy al mando de mi vida sobre la Tierra. Dios está dentro de mí. Acepto esto. Ahora.

Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 106 Volumén 2: Autoconocimiento y Transformación Personal

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