viernes, 27 de diciembre de 2013

Tu cuerpo, vida y La Ley de Atracción

"Quien conoce a los demás posee inteligencia; quien se conoce a si mismo posee clarividencia. Quien vence a los demás posee fuerza; quien se vence a si mismo es fuerte."
-Lao zi

Espero haber dejado muy claro, a estas alturas, que no camino sobre el agua, que no tengo dinero a manos llenas, ni poseo media docena de villas de descanso con vista al mar Caribe, a las que huyo en uno de mis cuatro Lamborghinis, cuando me canso de mis propiedades llenas de sirvientes.

¿Ha cambiado mi vida desde que aprendí a dirigir mi flujo de energía? ¡Completamente! Por supuesto que todavía tengo una gran cantidad de viejas creencias que hacen que mis tambaleante balanza se incline hacia un enfoque negativo, sentimientos negativos, una válvula cerrada y malos estados de ánimo, hasta que los descubro y les doy la vuelta. Algunas veces el proceso es rápido y electrizante; en otras ocasiones es tan lento, que parece que pasa una vida entera antes de que logre hablar conmigo misma lo suficiente como para salir de algo que me deprime.

Hay, sin embargo, un área de mi reciente fluido vital de energía que mejoro extraordinariamente aplicando los principios de la Ley de Atracción que me ha proporcionado un placer mayor que la libertad del dinero, o las otras mejoras de mi bienestar, y que es mi cuerpo. Antes de conocer todo lo expuesto en estos capítulos, me encontraba en mi peor etapa de sentirme víctima, tenía la espalda terriblemente mal. Algunas veces no podía levantarme de la cama en toda una semana. Otras ocasiones los espasmos que me daban eran tan intensamente dolorosos, que lanzaba gritos que se podían escuchar en el Estado vecino. Aunque lograba meterme en el auto y llegar de algún modo al trabajo, pasaba el día de pie, o arrodillada ante mi escritorio, porque sentarme resultaba demasiado doloroso.

Tan pronto como empecé a tener bajo control ese desastre, mediante una estricta rutina de ejercicios, me lancé a visitar a innumerables doctores para averiguar por qué mi corazón bailaba la rumba todo el día, en lugar de bailar un tranquilo vals. Un doctor, especialista en medicina, holística, finalmente me diagnosticó un severo caso de hipoglucemia (bajo contenido de azúcar en la sangre) "probablemente producido por estrés". Un diagnóstico ligeramente limitado en comparación con la verdad.

No me encontraba en buena condición física, emocional, mental, ni espiritual. Nada estaba funcionando excepto el hecho de que me mantenía sobria, no podía encontrar dirección espiritual, aunque en ello me fuera la vida. Y eso era lo que casi me estaba matando. Estaba en serios problemas.

Después, eran mis articulaciones las que no querían moverse; tenía exceso de peso, falta de energía, mala vista, mala dentadura y mi cabello me estaba diciendo adiós; todas eran señales de..., ¿de qué? ¿Del envejecimiento normal? No, todo eran signos seguros de una vida que se estaba viviendo con una válvula mucho más cerrada que abierta, que estaba más desconectada que conectada a mi Fuente de energía; una vida que proyectaba mucho más vibraciones negativas que positivas, aunque, no obstante, también eran señales de envejecimiento.

Pero, ¿por qué me había cerrado de ese modo? ¿De dónde venía toda esa negatividad que se había vuelto tan destructiva para mi cuerpo? Yo no era un ogro odioso, ni una persona cruel y malvada que llevaba mi negatividad pegada a mí. En realidad, había crecido en un ambiente común de una familia disfuncional de clase media alta. Había hecho todas las cosas correctas, había ido a los colegios correctos, había usado la ropa correcta, había tenido los empleos correctos y vivido en los lugares correctos, todo ello con infalible actitud agradable y las sonrisas oportunas en mi rostro. Sin embargo, ese tono básico de negatividad "normal" era mi compañero constante y cuanto más pasaban los años, más florecía.

¿Algunas veces me había divertido? ¿Algunas veces había sido feliz? ¡Nunca!, ni en un millón de años; sin embargo, no me hubiera considerado una persona negativa, como tampoco lo hacían mis amigos. Por el contrario, me consideraban como la personificación misma del optimismo y la alegría. Y sin embargo, siempre estaba preocupada por todo. Con una sonrisa forzada en el rostro y una palabra amable siempre en mis labios, mi enfoque constante era en las carencias, tanto en las propias como en las ajenas. Al igual que sucedía con todas las personas que conocía.

Ahora, después de varios años de trabajar con la Ley de la Atracción, nunca me he visto mejor, me he sentido mejor, me he movido mejor o he estado mejor. Ni siquiera cuando era adolescente tenía esta fortaleza, y tendría yo que retroceder hasta otra vida, en la que no estoy segura de querer hurgar, para encontrar este tipo de pasión por la existencia y por vivir.

El temor rara vez visita mi mundo. Ni siquiera lo hacen la preocupación y la angustia. El dinero llega fácilmente la mayor parte del tiempo. (¿Pensaste que yo era una profesional en esto? ¡Debes estar bromeando!). Las nuevas ideas abundan. El trabajo se realiza con alegría y facilidad. Estoy haciendo lo que quiero hacer, cuando quiero hacerlo..., en su mayor parte. Los ataques de enfoque negativo son breves o duran el tiempo que quiero tenerlos. Una sucesión continua de días extraordinariamente felices ha sido diseñada por mí. Y ¿qué se deriva de todo esto? ¡Ah, mi asombrosa buena salud!

Nuestra decisiva línea de la vida


En estos tiempos, casi todo el mundo sabe que el estado de salud física está íntimamente relacionado con el estado de salud mental. ¡Hasta los médicos empiezan a  afirmarlo! Los científicos someten a ratones a un exceso de estrés y después observan cómo, se desarrollan en ellos células cancerosas. Privan a un chimpancé bebé del pecho de su madre y observan cómo su cuerpo genera diabetes. Toda la comunidad científica/médica sabe perfectamente que hay algún tipo de unión entre la mente y el cuerpo, sólo que no están seguros de cuál es, todavía. Y vaya que se van a llevar una sorpresa cuando descubran que no es otra cosa más que nuestra propia energía.

La enfermedad, en cualquiera de sus formas, no es más que nuestra energía negativa que sofoca buena parte de nuestro flujo de vida -esas altas frecuencias que son nuestro estado natural lo cual se convierte en daño celular. Las culturas orientales afirman que los desbalanceos de energía (el Ky) son la causa de la mayoría de las enfermedades, siendo provocado este desbalanceo por nosotros mismos por nuestros estilos de pensar, sentir  y de vivir.

¡Oh!, por supuesto, siempre estamos unidos energéticamente, cuando menos por un hilo, a esa fuerza de vida, o no estaríamos ya aquí. Pero una cuerda muy tensa (válvula cerrada) y otra válvula abierta que nos hace sentir bien porque permite que la energía de la fuerza vital fluya libremente a través de nosotros, son dos cosas muy diferentes. Una mantiene al cuerpo hambriento de su natural fuerza vital y de la energía que da vida, mientras que la otra lo alimenta. Se deduce, entonces, que si se mantiene un estado de vibración más alto que el usual, y de forma regular, la enfermedad simplemente no se puede presentar ni se puede mantener. Sería imposible.

Después de todo, el cuerpo no está separado del universo, así que cuando tenemos un pensamiento, las vibraciones corren por todo el cuerpo, al igual que por todo lo demás. Esto lo afirma Deepak Chopra quién afirma que el cerebro no es la única parte del cuerpo que guarda información, cada una de nuestras celular sabe cómo nos sentimos, que nos sucede y han aprendido a cómo reaccionar a eventos externos. Si esas vibraciones están en armonía con la programación intrínseca de tu cuerpo, que incluye el bienestar (la válvula abierta de "sentirte bien"), entonces las células sobreviven.

Pero si estamos produciendo energía negativa, las células no pueden permanecer lo suficientemente fuertes como para realizar su trabajo. Todo lo que tienen para nutrirse son los alimentos físicos que ingerimos, y eso no es suficiente para mantenerlas funcionando. Sin la fuerza vital de la energía de alta frecuencia que necesitan para sobrevivir, en el curso del tiempo se debilitarán y morirán antes de tiempo, porque ya no podrán renovarse normalmente, ni sostener una vida saludable.

La enfermedad existe sólo por una razón: alguien ha emitido más energía de baja frecuencia que de alta. Lo cual, desde luego, es la razón de que exista tanta enfermedad. Busca a una persona que generalmente sea feliz, que continuamente esté motivando un estado de ánimo elevado y liberándose de emociones negativas, y encontrarás a una persona saludable.¡Siempre! La gente que está enferma se ha aislado de algún modo de su línea de la vida. Esto puede no resultar muy evidente al exterior, pero de una manera u otra, han cerrado su válvula a la fuente de energía, mediante la preocupación, la culpabilidad o cualquier otra cosa.

La gente enferma está mal informada, como todos nosotros. Pueden ser ciudadanos devotamente religiosos, honestos y valiosos, pueden ser amigos queridos y dignos de confianza, pero si no están permitiendo que fluya suficiente cantidad de su propia energía positiva hacia sus vidas, no están dando paso a la vida. De hecho, sin excepción, la enfermedad es el rechazo de esa energía más elevada y la manifestación final de una emoción negativa interminable de uno mismo.

Continuará...

Ver capítulos anteriores del Taller de Autoestima
Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 101 Volumén 2

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